Los peligros del gobierno de Francisco Sagasti, por Federico Prieto Celi

Es la hoz y el martillo el símbolo que patrocina el cambio de constitución, como hemos visto en las pintas de las calles.

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He escrito en otro lugar que el discurso del presidente Sagasti fue una obra de arte para todas las sangres. Pero tiene peligros. El primero es impulsar la ideología de género, de la mano de su primera ministra, Violeta Bermúdez, especialista en temas de género, poblaciones vulnerables y políticas públicas. Si lo hace se enfrentará a la jerarquía católica y a los grupos evangélicos.

El segundo peligro, de acuerdo a su acento en el discurso inaugural, será resucitar el Acuerdo de Escazú, sacándolo del tacho de la basura del Congreso, para ponerlo en agenda, dada su cercanía a los organismos internacionales, tan dados a este tipo de cosas. En ese caso chocará con el patriotismo de las Fuerzas Armadas.

El tercer peligro consiste en encumbrar en demasía a la juventud, en las personas de los dos jóvenes fallecidos en las revueltas callejeras de los días aciagos del caos. A despecho del perfil de esos dos muchachos, no edificantes, y a las pruebas de que no fue la Policía Nacional quien disparó contra ellos, puede usar a los policías como chivos expiatorios, debilitando a una institución nacional que debe ser fortalecida.

El cuarto peligro es debilitar la unidad que ha invocado en su discurso inaugural, enfrentando a unos con otros, dentro y fuera del parlamento, en la academia y en la calle, de tal modo que se enrarezca el clima electoral indispensable para un proceso en el que nos jugamos un lustro de la historia nacional, el primero de la tercera centuria republicana. Ello le quitará la simpatía de buena parte del electorado.

Estos peligros pueden convertirse en males si cae en la trampa de patrocinar una nueva constitución, cuando la actual es buena, ha propiciado el crecimiento económico y tiene el mecanismo adecuado para hacer reformas puntuales como  prueba el hecho de que ya se han hecho por lo menos 17 modificaciones, y otras pueden estar en camino. Ello lo enfrentará a la grande, mediana y pequeña empresa.

Es la hoz y el martillo el símbolo que patrocina el cambio de constitución, como hemos visto en las pintas de las calles. Por eso pide una Asamblea Constituyente absolutamente innecesaria, además de dañina, porque crearía incertidumbre. Es la hoz y el martillo que quieren debilitar la economía y el progreso; y volver a fórmulas laborales que propician la inmovilidad y el desempleo. No podemos permitir que ello ocurra.

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