Los políticos peruanos son eternos

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No existe político peruano que tenga propósito de jubilación, una vez que ingresan a nuestra nómina de pago, la que financiamos con nuestros impuestos, es con plan vitalicio.  Ellos poseen estabilidad laboral permanente. No hay duda que demuestran una excepcional habilidad para mantenerse en sus “puestos” a pesar de todo y en contra de todo, en su sistema de “trabajo”  no existen las faltas graves, todas son leves aunque por lo general ellos estiman que no comenten falta alguna; muy por el contrario, cada cierto tiempo reciben un bono por desempeño con el cual los empleadores les demostramos nuestro reconocimiento. De qué manera lo hacemos, muy sencillo: votamos por ellos, los escuchamos, aplaudimos sus ocurrencias, consentimos sus zigzagueantes comportamientos y cambios de opinión e ideologías (si es que las tienen), sonreímos con sus presentaciones preelectorales en todos los programas de concursos, humorísticos o hasta infantiles (que ya no existen); perdonamos sus deslices, faltas de ética y valores; sus “pecadillos” económicos (corrupción) y enmudecemos o hasta celebramos soterradamente, de manera cómplice, ante su impunidad.

No todos los políticos peruanos son iguales algunos más otros menos, pero de una u otra manera se han procurado y procuran permanecer en nuestro imaginario de manera perpetua, los invito a que me acompañen a revisar muy someramente la historia pasada y reciente para juzgar: El caudillo Nicolás de Piérola uno de los artífices del descalabro peruano en la guerra con Chile regreso al poder al encabezar una revolución y se hizo presidente. Participó en política durante 44 años hasta poco antes de su muerte. Augusto B. Leguía estuvo en política durante 26 años y en el poder 15 años, solo se alejó de el por una revuelta militar que lo apresó, y terminó muriendo en la cárcel. Manuel Prado Ugarteche, dos veces presidente, la última vez hasta el año 1962, estuvo en política 48 años y solo salió de ella por un golpe de estado. Manuel Odria, dictador y presidente se mantuvo en la política durante 25 años, desde 1945 hasta unos cuantos años antes de su muerte. Juan Velasco Alvarado estuvo poco tiempo en la política y solo se alejó o mejor dicho lo alejaron (Golpe de Estado) por sus serios problemas de salud, muriendo a los 2 años de haber dejado el poder. Víctor Raúl haya de la Torre estuvo en la política 60 años desde 1919 hasta que murió siendo presidente de la asamblea constituyente en 1979. Fernando Belaunde Terry, durante 57 años se mantuvo en la política peruana desde 1945 hasta poco antes de su muerte en el 2002. Esto es solo para mencionar a los presidentes relevantes del siglo pasado. Los otros políticos algunos conocidos y otros no tanto de igual manera se mantuvieron vigentes casi hasta su muerte. El hecho no es si fueron buenos o malos, sino que se aferraron innecesariamente al poder en todas sus formas impidiendo el recambio generacional y creando un cacicazgo en los partidos políticos, causa de su casi actual extinción. Pero lo más grave es que impidieron consciente o inconscientemente la formación de una ciudadanía e identidad nacional.

Recordemos que somos nosotros los ciudadanos y electores los que avalamos su presencia con nuestras actitudes, participación o falta de esta y voto. Que todos ellos son nuestros empleados a los cuales no solo debemos exigirles y hacerles saber permanentemente que quienes se dedican a la política deben ser nuestros referentes, paradigmas de ciudadanos dignos para dar un ejemplo constante y continuo de vida; que no solo deben ser probos sino capaces, que no solo requerimos de ellos honradez sino transparencia, que tengan y transmitan valores y se comporten con ética y principios, siempre. De no ser así es nuestro deber y obligación retirarlos de la vida pública y licenciarlos, para con ello decirles a nuestros jóvenes talentosos que sí tenemos, que la política es una actividad decente con la cual se busca el bien común y que su mayor recompensa no es el agradecimiento o el aplauso, sino la satisfacción personal del deber cumplido.