Los resultados inesperados

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¿Quién no ha escuchado de la más reciente controversia que generó Greenpeace con el grande y amarillo anuncio  que decidió instalar de manera tan inescrupulosa a la mitad de las líneas de Nasca? Está de más decir que más de un peruano está indignado, si es que no somos la mayoría. Creo que no soy la única que ha empezado a cuestionar la validez de las medidas que toma esta organización y es que, mis muy estimados compañeros pro-ambientalistas, no han generado conciencia, han generado rechazo. Sólo puedo agradecer algo, me han ayudado a introducir un tema bastante simpático ¿Cómo puede ser que algunas acciones que parecerían tener consecuencias obvias a veces causan precisamente lo contrario a lo que se quería lograr?

Un ejemplo podría ilustrarlo de manera mucho más clara. En el libro Freakonomics, al cual los animo a darle un vistazo, el doctor en economía Steven Levitt propone el caso  de un intento por incrementar la cantidad de donaciones de sangre. Los encargados consideraron que, si había cierta cantidad de personas dispuestas a donar sangre, esto es, recibir 0 centavos a cambio, el ofrecer una cantidad mínima de dinero adicional debería elevar la cantidad de personas dispuestas a participar de la donación. No obstante, una vez implementada la medida, la cantidad de “donantes” disminuyó dramáticamente, todo lo contrario al efecto esperado inicialmente.

Dan Ariely, a quien he mencionado en artículos anteriores, explica que este fenómeno ocurre puesto que nuestras acciones cotidianas se desarrollan en uno de dos mundos: uno en el que prevalecen las normas sociales y otro en el que prevalecen las normas de mercado. El primero de estos se encuentra fundamentado en nuestra naturaleza social y en nuestra necesidad por vivir en comunidad; es cálido, enriquecedor y no espera reciprocidad. En el segundo de estos, en los que prevalecen las normas de mercado, las acciones se realizan a cambio de un incentivo monetario, esto es, se espera siempre algo a cambio, algo cuantificable y que guarde una relación proporcional con la acción que se realiza.

¿Qué sucedió en el ejemplo de las donaciones de sangre? Previo al incentivo monetario, los individuos se ofrecían a ser donantes pues enmarcaban la acción dentro del sistema social, había una sensación de satisfacción en la seguridad de que estaban ayudando a alguien que lo necesitaba. Sin embargo, al ofrecérseles el incentivo económico, la acción quedaba claramente enmarcada dentro de las normas de mercado. Los “donantes” pasaron a auto percibirse “vendedores” pues recibían ahora una remuneración por cada litro de sangre entregado. Cualquier persona se cuestionaría si efectivamente un litro de su sangre vale los 5 centavos que recibirá a cambio. Probablemente no, uno no está dispuesto a vender su sangre por tan solo 5 centavos, exigirá más. Para que el incentivo económico funcionara debería haber sido mucho más alto, lo cual resulta costoso. Además, debería considerar las diferentes valoraciones que hace cada individuo por un litro de su sangre.

El ejemplo propuesto es una muestra de lo que resulta de una colisión entre ambos mundos y cómo esto podría no tener los resultados que inicialmente se esperaban. De esta manera, el tener en cuenta la importancia que tienen las normas sociales y cómo estas influencian nuestras acciones podría contribuir a ahorrar sumas importantes a los diseñadores de políticas públicas.