Los venezolanos, inocentes o culpables; por Edwar Diaz

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El periodista José Yactayo fue asesinado y descuartizado por un peruano. Eyvi Ágreda fue quemada por otro peruano. Hace poco, dos jóvenes fueron descuartizados por un grupo de venezolanos y sus restos repartidos en Lima Norte. Como vemos, delinquir es una distorsión del comportamiento humano que no responde a nacionalidades, sino a mentes perversas que desprecian la humanidad.

Los venezolanos son aproximadamente un millón en nuestra patria, incluidos aquellos que pasaron por migraciones y a los que eludieron los controles. No fueron chinos, japoneses, cubanos, italianos, alemanes, árabes, judíos ni españoles, los que llegaron masiva y abruptamente al Perú, fueron los venezolanos que, con su éxodo, han incluido a nuestro país dentro de una de las mayores crisis migratorias del mundo.

Si bien la mayoría de venezolanos en Perú trabaja decentemente, esta comodidad se ha forjado a costa de muchísimos peruanos que han sido desplazados por una fuerza laboral más barata. Los demás se han mimetizado con nuestra informal economía, convirtiendo las calles en centros de trabajo. Hoy es común ver en cada esquina más limpiadores de lunas, mendigos y vendedores ambulantes de nacionalidad venezolana.

Los venezolanos sí constituyen un costo para el Estado. Los ambulantes implican más fiscalizadores y la policía debe reforzar su labor preventiva frente a los delincuentes y bandas criminales que han llegado dentro de la ola migratoria. Todo ello requiere mayor presupuesto público que podría emplearse en otra finalidad que beneficie directamente los peruanos.

El gran culpable es el gobierno que carece de política migratoria que nos proteja e impida esta migración desordenada. Los funcionarios de la frontera se limitan a estampar un sello de turista que admite el ingreso a los venezolanos, sin verificar quiénes son, aun cuando ninguno cumple los requisitos para una visita turística: traer dinero, tener un pasaje de retorno, alojamiento reservado, etc. Peor aún, venezolanos que fueron expulsados del país han retornado sin ningún problema, demostrando que la vigilancia en nuestras fronteras es nula.

Las noticias han contribuido a crear un clima de rechazo hacia los venezolanos. El año pasado, un candidato a la alcaldía de Lima subió en las encuestas por plantear el rechazo hacia los migrantes venezolanos a pesar que las municipalidades no tienen competencias migratorias. Sin embargo, no puede generalizarse ya que no todos son malos; hacerlo sería lo mismo que aceptar que los peruanos sean despreciados en el extranjero solo por unos cuantos compatriotas que delinquen afuera.

Entonces ¿qué hacer? Expulsar a un millón de personas es imposible, muchas están arraigadas en el país. Corresponde que el gobierno defina una política migratoria, que implique la elaboración de una base de datos con información detallada de los migrantes, refuerce el control en las fronteras para impedir el ingreso de indocumentados y personas con antecedentes criminales, y promueva la fiscalización en las calles de las ciudades para identificar a los posibles delincuentes e ilegales.

Las municipalidades pueden ayudar en esta tarea, pues el ordenamiento de nuestro país corresponde a todos. Debemos actuar sin odio, pero con mucho control. El reto es nuestro.

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