Los verdaderos ‘fachos’, por Gonzalo Ramírez de la Torre

"Que podamos entender de dónde viene el apoyo a UPP y que reconozcamos que su futura posición en el Congreso es consecuencia de un proceso electoral legítimo, no debe llevarnos a justificar los nefastos principios que defienden".

1.972

De acuerdo al conteo rápido de Ipsos Perú, el partido Unión por el Perú (UPP) debería obtener un aproximado de 17 curules (y 6,9% de los votos) en el próximo Congreso.

La circunstancia llama a la preocupación por varias razones. En primer lugar, la agrupación está estrechamente relacionada con un criminal: Antauro Humala, quien lideró una asonada militar en el 2005 que desembocó en el asesinato de cuatro policías en Andahuaylas. UPP pretendió, con poca suerte, llevar al líder etnocacerista como candidato al Parlamento, pero fue excluido por la naturaleza de las sentencias que pesan sobre él. A pesar de ello, sí lograron inscribir a otros cinco condenados por delitos cometidos durante el referido levantamiento.

Los otros motivos para la inquietud tienen que ver concretamente con lo que el partido defiende, en buena medida por su afinidad con el etnocacersimo. Así, además de querer la liberación anticipada del señor Humala, parecen compartir mucho de su agenda, que incluye la pena de muerte, el servicio militar obligatorio, la estatización de “sectores estratégicos” de la economía, la expropiación de los medios de comunicación, el planteamiento de restricciones para los extranjeros que quieren trabajar en el Perú y, en general, un nacionalismo autárquico y xenófobo incompatible con los más elementales valores republicanos. Una verdadera propuesta fascista.

Pero claro, los inesperados logros de esta agrupación en las elecciones del 26 de enero, aunque no estuvieron en el radar de los analistas capitalinos, no han brotado de la nada. Los escaños obtenidos expresan el descontento de algunos ciudadanos con la manera en la que se ha conducido la política en los últimos años y esto se ha sentido con particular potencia en las regiones que han votado por el referido grupo.

Sin embargo, que podamos entender de dónde viene el apoyo a UPP y que reconozcamos que su futura posición en el Congreso es consecuencia de un proceso electoral legítimo, no debe llevarnos a justificar los nefastos principios que defienden. Todos los partidos democráticos tienen que cerrar filas a la hora de enfrentarse a la agenda de este grupo en el hemiciclo y, asimismo, le deben al país trabajar con verdadero ahínco en las regiones que respaldaron a la agrupación que nos ocupa para ver cómo representarlas y evitar que se insista en apoyar alternativas cavernarias.

La izquierda, en particular, tiene que evitar la tentación de ver a UPP como un aliado razonable para las elecciones del 2021. No sorprendería, pues, que movimientos como Nuevo Perú, que ya mostró no tenerle asco a alianzas con personajes como Vladimir Cerrón (sentenciado por corrupción y dueño de más de una expresión xenófoba, homofóbica y antisemita), vean en los cófrades de Antauro Humala aliados robustos para los próximos comicios. Una inversión política que ellos podrían interpretar como rentable pero que significaría una bancarrota ética absoluta. Toca esperar que prime la cordura…

Empero, a pesar de todo lo dicho, el paso de UPP por este breve Congreso puede terminar por jugarle en contra. El hecho de que sus planteamientos radicales, y la manera en la que elijan expresarlos, vayan a estar sometidos al escrutinio público y al debate con otros grupos políticos podría, ojalá, terminar por disuadir a algunos de sus votantes de repetir el plato en el 2021. Todo puede pasar.