Love: La Comedia Romántica Actual, por Guido Samame  

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Lo sé. Ahora todo lo que aparece en tu feed de Netflix  o Facebook es House of Cards (2013) . Todos quieren ver la siguiente jugada de Frank Underwood. Y si no eres una de esas personas que aman esta producción del experto David Fincher, probablemente acudas entonces a ver la transformación de Jimmy McGill a el turbio Saul Goodman en Better Call Saul (2015), producida de la genial mente de Vince Gilligan.

Con House of Cards tienes la posibilidad de hacer “binge-watching” (mirar toda una temporada cuando quieras sin esperar el siguiente episodio), y ver lo mejor de una serie que –SPOILER ALERT para quienes no la hayan visto aún– mata a sus protagonista ni bien acabando la hora del primer episodio y maneja los mejores giros de intriga y corrupción con las increíbles actuaciones de Kevin Spacey y Robin Wright.

Y del otro lado con Better Call Saul, tienes la opción de dejar espacio para programarte y ver una serie que para los fans de Breaking Bad –básicamente todo el mundo que haya visto alguna clase de pantalla en su vida antes de Game of Thrones– y ver lo que es el resurgimiento no solo en pantalla, pero como personalidad de Bob Odenkirk en la misma manera que Walter White también conquistó la moralidad de todos.

Entonces, ¿qué ganas con ver Love (2016)? Esta serie producida y escrita por Judd Apatow, que pasó hace semanas bajo el radar comparada a estos dos pesos de esta nueva suerte de televisión. Quizá lo único que queremos antes, durante y después de una relación y no vemos, pero desesperadamente al final del proceso queremos: la verdad. Y no la de rosas rojas, violetas azules o cualquier cosa que quieras ver si pasas por tu periodo (esto también incluye hombres). Esto no es Dear John (2010) ni The Notebook (2004), es Love.

La forma de la serie es sencilla. Todo lo que sucede en los 30-40 minutos de cada capítulo son series de sucesos (en su mayoría desafortunados), desde la perspectiva de sus dos muy opuestos e iguales protagonistas: Mickey (Gillian Jacobs) y Gus (Paul Rust) inician desde lugares muy similares en la serie, ambos terminando una relación en el primer episodio y deambulando entre sexo y el impacto de estas relaciones en su vida.

Mickey es la chica con una corteza extremadamente dura y atípica en la representación usual de mujeres: se viste de acuerdo a su comodidad (el primer episodio usa una ropa de baño con un short como ropa para salir a la calle) sin ser femenina en lo que hace; es ella la que también decide iniciar cualquier encuentro sexual únicamente por satisfacción (también tiene un vibrador que no está asustada de usar a mitad del encuentro sexual), tiene problemas de adicción a las drogas, alcohol y sexo, además de ser un portafolio andante de insultos y demás desmadres.

El caso de Gus es igual de anómalo. Posee una forma más suave que marshmallow derretido. Su superficie es completamente blanda: es el “nice guy” en las relaciones, nunca toma la iniciativa en nada, tiene un grupo de amigos con el que hace covers de canciones temáticas que las películas nunca tuvieron –como componer un tema para Carlito’s Way (1993)– además de manejar uno de los autos más emasculadores que hay como ser completamente inepto en ser el tutor contratado de una niña-actriz, Arya (Iris Apatow, hija de Judd Apatow).

Lo increíble y real de la serie es cómo el interior, ese contenido increíble y grosero de ambos personajes los hace humanos, buscando redención constante a los desastres profesionales y personales que hacen, ya sea cuando Mickey manipula a su “roomie” Bertie (Claudia O’Doherty) durante el largo de la serie o tratando de manera increíblemente cruel a Gus, hasta cuando Gus el inofensivo, termina sacándole la vuelta a Mickey con una actriz del set en el que trabaja, o cuando este mismo decide destruir su oportunidad de guionista el mismo día que lo contratan para la serie en que era un simple tutor.

Ambos protagonistas evaden inicialmente la atracción que sienten por el otro, tratando de redimir sus tormentas personales y profesionales primero, dándose cuenta en el camino y hasta en el último episodio, como quizá la adicción al amor sea la única cuya propia cura sea una sobredosis del mismo.

El trabajo de Apatow en televisión desde Girls nunca había sido tan groseramente fino. Con la ayuda de Paul Rust y Lesley Arfin de guionistas, y el trabajo autoestructivo de Gillian Jacobs que continua desde donde lo dejó en Community como Britta Perry, hacen que la Love, con la experta dirección de Dean Holland (The Office y Parks and Recreation), John Slatery (Mad Men) y hasta de Steve Buscemi, sea la odisea moderna al romance. Donde Tinder y Facebook toman el lugar del “gileo” y el “stalkeo”, a la par de redescubrir dónde realmente estamos parados en lo que es hoy en día una relación, frente a cómo nuestros abuelos o padres salían; todo visto en este estudio increíble, irónico y crudo del amor.

Hay entonces algo de tiempo para dejar a Underwood y a Goodman después de todo, la temporada completa seguirá ahí y Breaking Bad ya terminó. ¿Love? Vale la pena darle una corazonada.