Luchando por la igualdad, por Hugo Olivero

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¿Qué es ser sordo? Para la mayoría de la gente que oye, ser sordo es una condición clínica, una dificultad, un problema y hasta una enfermedad. Para una persona sorda, no es absolutamente nada de lo anterior. Aunque sí, ser sordo puede ser difícil, pero eso depende, en gran parte, de la sociedad en la que uno se halla. Hay sociedades inclusivas y otras que por desgracia no lo son. Perú es un país medianamente inclusivo, existen esfuerzos muy loables en materia de discapacidad en general, pero también mucho que avanzar y por lo que luchar.

La sordera es identidad y orgullo. La comunidad sorda constituye una cultura muy amplia, un mundo paralelo pero no aislado que surge al interior de cualquier sociedad, pues los sordos están presentes en todos los países que uno pueda imaginar, lo han estado en todas las épocas y lo estarán mientras los humanos existan sobre la Tierra. El eje de esta cultura es la lengua de señas -hay hasta 138 lenguas de signos distintas-, que es un idioma particular, viso-gesto-espacial, pero al mismo nivel que cualquier lengua oral.

Evidentemente uno no se enorgullece de lo que «le falta» sino de lo que ha ganado, de lo que ha podido lograr, de la imagen que tiene de sí mismo en relación con sus méritos y capacidades. Entonces, hay que verlo de esta manera: para la mayoría de sordos, no oír implica un gran desafío y una oportunidad de transformar el mundo. No es la carencia de la audición, es la riqueza de poder escuchar con los ojos y mejor aun: hablar con las manos, a través de la lengua de señas.

Quisiera ver un Perú donde la Lengua de Señas Peruana -reconocida como lengua oficial por Ley N° 29535- se enseñe en los colegios, como parte de la formación de los escolares en un idioma originario. Un Perú donde hayan más escuelas e institutos para sordos y quizás -algo ambicioso- una universidad en la que ellos puedan estudiar una carrera en su idioma gestual. También sería excelente que las empresas destinen recursos y programas para insertar laboralmente a personas sordas a sus equipos, beneficiándose de su talento y productividad (hay actividades en las que son únicos, debido a su fina capacidad visual y gran concentración). Y en fin que la lista es bastante larga.

Por otro lado, lo que si debe continuar haciendo el Estado, a través de sus diversas instituciones, es promover con más fuerza la lengua de señas, facilitar el acceso de las personas sordas a sus servicios, proveyéndoles de intérpretes. Respetar y hacer efectivas las leyes que ya existen en lo referente a la discapacidad. Y no termina allí: somos los sordos los que tenemos, en primer lugar, el deber de organizarnos y exigir lo que nos corresponde. Participar activamente en la vida pública, informarnos sobre nuestros derechos y la realidad en la que estamos inmersos. Los cambios no caen del cielo: se luchan por ellos.

Bajo el lema «Con lengua de señas soy igual» se celebra en todo el planeta la Semana Internacional de las Personas Sordas, una ocasión para tomar conciencia de lo que significa ser sordo, los obstáculos y retos que rodean a estas personas. Asimismo, reconocer el esfuerzo y apoyo de padres, hermanos, amigos, educadores y líderes de nuestras comunidades con quienes trabajamos juntos en la consecución de ese mundo inclusivo y sin barreras con el que todos soñamos.

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