Luis Bedoya Reyes, el presidente que no fue elegido, por Federico Prieto Celi

"Yo he escrito sin componendas a favor de Luis Bedoya Reyes siempre que se ha presentado la ocasión. Le he visto y he conversado con él varias veces, lo que agradezco".

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Un periodista italiano escribió hace unos pocos años un libro que tituló “El Papa que no fue elegido”, en el que recogía la biografía del ilustre cardenal Giuseppe Siri, considerado en varios cónclaves como papable. Parafraseando el título de ese libro, me atrevo a comentar que el doctor Luis Bedoya Reyes puede ser calificado como el presidente que nunca fue elegido. Ello demuestra, por lo pronto, que los peruanos todavía no aprendemos a elegir bien a nuestros presidentes.

La primera vez que lo vi fue en 1956 en el Teatro Segura de Lima, en la presentación formal del partido demócrata cristiano, donde unos siete u ocho oradores tomaron la palabra. Estaba la plana mayor de los políticos que lo habían fundado. Invitados de honor, que nunca fueron partidarios de ese grupo, estaban a un lado Pedro G. Beltrán, y al otro, Víctor Andrés Belaunde. Por iniciativa de Bedoya, por cierto. Joven al fin, me impresionaron más los discursos más aguerridos de ese día, los de Luis Bedoya Reyes y Héctor Cornejo Chávez. Ambos habían sido secretarios de Bustamante, uno secretario del Consejo de ministros y el otro secretario particular.

Bedoya Reyes fue el abogado de Bustamante y Rivero cuando pidió regresar del destierro en Madrid al Perú durante el gobierno de Odría, en proceso que le cupo singular intervención, justa y valiente, a Domingo García Rada, como cuenta éste en sus “Memorias de un Juez”, que tuve el honor de editar.

No le tocó a la primera generación de democristianos enfrentar la ruptura ideológica del partido sino a la segunda, liderada a la izquierda por Cornejo Chávez, arequipeño, y a la derecha por Bedoya Reyes, chalaco. Cuando llegó el momento del quiebre partidario, Héctor Cornejo se quedó con el partido y el nombre; Bedoya Reyes fundó el partido popular cristiano, y le acompañaron en el cambio los más importantes fundadores del partido. El PPC tendría hasta ahora cierta vigencia en la vida pública, y aunque con poca fortuna, presenta candidato presidencial en las actuales elecciones.

Tuvo la mala suerte de que compitiera siempre con Fernando Belaunde Terry en el mismo espacio ideológico. En 1980, a mi gusto, la campaña de Bedoya Reyes fue mejor, pero se le aplicó la teoría del voto perdido, en función del candidato aprista, Armando Villanueva del Campo, y el electorado se inclinó por Belaunde.

Bedoya fue ministro de Justicia de Belaunde en el primer gobierno. Fue dos veces alcalde de Lima, el mejor burgomaestre que recordamos los vecinos. Diputado y constituyente, al partido se le debe el tono social cristiano de las constituciones de 1979 y 1993, la primera en apoyo al Apra y la segunda al fujimorismo. Un enorme servicio permanente al país. Mucho se recuerda un gesto a favor de Haya de la Torre. Todos los partidos no apristas le ofrecieron a Bedoya la presidencia de la Asamblea Constituyente de 1979 y declinó pensando que era el último homenaje que el Perú podía hacer al líder aprista, que ya estaba mal de salud.

Yo he escrito sin componendas a favor de Luis Bedoya Reyes siempre que se ha presentado la ocasión. Le he visto y he conversado con él varias veces, lo que agradezco. En un homenaje que le hacían en la Casona de San Marcos, pasó a mi lado y al verme, apenas atinó a decir –mientras buscaba en la cabeza el motivo concreto, que era un artículo en el que decía que era el mejor político peruano vivo- ¡gracias por todo! Gracias también por todo, doctor Luis Bedoya Reyes.

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