¿Firmas para traer a Figari?, por Franco Mori Petrovich

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Algunos esperan que hable con laxitud y moderación respecto del sodalicio. Pues, no. A Figari el Vaticano debería retirarle la prohibición de viajar a Lima, si es que realmente existe dicha indicación. Al mismo tiempo, cada fuero debería seguir sus investigaciones independientemente de que el fundador declare ante los medios, la fiscalía y los adeptos de la familia sodálite. Así, poco a poco se irá desterrando el hedor secretista que todos percibimos, como también evitaremos más los trámites burocráticos que siguen perjudicando a las víctimas y a todos nosotros.

Con Figari en Roma, con papeleos absurdos y con broncas entre sodálites y autoridades religiosas, este conflicto seguirá tomándose un buen tiempo en desmedro de muchas personas dañadas. Hablamos, pues, de una negligencia absurda que más bien me lleva a pensar dos cosas: O se están moviendo influencias en el Vaticano para que la situación no se esclarezca como debe de ser; o verdaderamente hay una trifulca entre sodálites de la guardia vieja y los que buscan cambiar la forma en cómo se han llevado las cosas durante todos estos años.

Sea como fuere, me pareció interesante la idea que muchos me han comentado sobre recolectar firmas para instar al Papa Francisco retirar la orden de mantener a Figari en el Vaticano o, en otras palabras, extraditarlo a Lima. ¿Por qué no? La primacía del papeleo, los conflictos de poderes y nuevamente el proceso silenciador que ha iniciado el Sodalicio dejan entrever que el asunto debe quedar ahí. Hay plataformas adecuadas para juntar firmas y creo que podrían servir, al menos, para ejercer el derecho que tenemos todos los ciudadanos católicos de presionar a nuestros líderes para que conduzcan las cosas de forma transparente, democrática y en defensa de todos.

Y me disculparán mis amigos sodálites, pero sepan que esto no es un ataque. Nada de lo que ha escrito Salinas y demás denunciantes es un ataque. Yo lo veo como un proceso de purificación, como quien tiene que sanar una herida grave.

Pero me indigna la carta secreta donde el fundador responde en 500 palabras (una hoja), a una serie de cuestionamientos calificándolos como ‘errores, fallas y ligerezas’. Es una tremenda cachetada a las víctimas y por ellos escribo este artículo. O sea, primero que no le creo lo que escribe y segundo, no es posible responder a años de denuncias a través de una misiva cómica. Es que es desvergüenza pura. Con este acto, Figari ratifica que lo mejor que ha podido hacer en todos estos años es 1) Renunciar al cargo de Superior General y 2) Largarse a Roma bajo pretexto de penitencia.

Y encima, dice algo que nadie le cree, pues. “Desde el primer semestre del 2015 estoy viviendo un proceso bastante más intenso de oración, reconciliación y penitencia cristiana. Ayuda en ello el cáncer que me ha sido detectado hace pocos meses”.  Aquí está su penitencia en combo doble:

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Foto capturada en Lima, entre marzo y mayo del 2015, época en la que señala haber intensificado su oración y penitencia (Fuente: Reservada)

Cómo me gustaría creer algo de lo que dice Figari, pero con papelitos, abogados y whoppers no la hago. Más bien creo en quienes sí han dado la cara, como cuando Jesúcristo asumió su calvario. Creo en quienes aceptaron conversar conmigo y contarme sus testimonios en forma ampliada y no en los cinco o diez minutos que la televisión permite. A estas personas el mayor de mis respetos. ¿O acaso serían capaces -no conociéndose entre ellos- de armar una maquinaria con kundalinis, yogas y maltratos físicos? Ya, pues. Entonces, ¿cómo hacemos con las firmas?

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