M. E. Barrientos: Como ovejas al matadero, por Federico Prieto Celi

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He visto varias entrevistas televisadas a la doctora María Eugenia Barrientos, que ha curado a más de 850 pacientes de COVID-19, sin tener ningún fallecido. Su actitud positiva frente a la enfermedad ha llamado la atención de muchos y ha tenido abundantes consultas de El Salvador, su país, y también de España, Italia, Guatemala, Honduras, Nicaragua, México, Estados Unidos, Ecuador, Perú… mediante teleconferencias. Esta científica, licenciada en su país, con especialización en microbiología, bioquímica y farmacología en los Estados Unidos, ha acertado en hacer bien su trabajo. Cuenta con 29 años de ejercicio profesional. Es casada y tiene cinco hijos. Actualmente tiene una clínica y atiende enfermos todos los días.

Ella afirma que la sobreabundante información médica ajena a la verdad ha impedido que muchos médicos de diversas partes del mundo puedan haber actuado independientemente, aplicando sus conocimientos en los lugares donde trabajan. ¿Hay otros médicos que puedan decir que han llegado a atender a tantos pacientes en COVID-19 el 2020 y todos que se hayan curado? y ¿por qué, entonces, los investigadores, profesores y autoridades sanitarias del mundo no han seguido inmediatamente el ejemplo de esta médica salvadoreña?

La doctora Barrientos dice cómo ha curado a sus pacientes, con qué criterios y con qué medicamentos. Opina cómo no debe tratarse a los enfermos de COVID-19, lamentando muertes que podrían haberse evitado. Dio la alarma con un artículo en un diario de su país, artículo titulado Como ovejas al matadero. No tiene una fórmula mágica. No se ha quejado de insuficientes equipos ni medicinas en El Salvador, donde vive y trabaja. Dice que tiene tantas consultas que no puede atenderlas a todas, pero difunde su modo de trabajar para que médicos de Colombia y Nicaragua -citó esos dos casos- puedan hacer lo mismo que ella. Otros médicos centroamericanos han comenzado a interesarse por ella y escuchar lo que dice. [Unos médicos, humillados, le han impedido intervenir en un programa televisivo en Guatemala].

Ella se detiene a insistir cómo tratar a cada paciente desde el primer día, menciona lo fármacos que receta y la oportunidad de darlos, menciona también los que en vez de hacer bien hacen daño, así como los tratamientos recomendados y no recomendados. Ha salvado también a enfermos que han llegado con 21 días de enfermedad. ¡Qué está pasando en el mundo y en el Perú, que seguimos a China, de la que medio mundo no se fía, y a la OMS, cuyo director no es médico, en vez de seguir el sentido común, el buen ejercicio científico de la medicina, y el ejemplo de la conducta autónoma y segura de la doctora Barrientos!

En uno de sus programas, entre las nacionalidades de sus enfermos citó dos veces el Perú. Desconozco quiénes han sido los afortunados. Ello confirma que su mensaje está llegando de alguna manera al mundo, pero el ministro de Salud del Perú se entretiene poniendo medallas a los médicos chinos en Loreto, ante la indignación de sus colegas peruanos; y trayendo cubanos que no están preparados como los médicos peruanos para enfrentar este mal. El Perú, como todos los países latinoamericanos, tiene buenos médicos; en eso no podemos quejarnos. Pero, ¿por qué no tienen los mismos resultados? ¿Hasta qué punto están influidos por China y Europa?

Es igualmente una realidad que la informalidad complica mucho el trabajo de atención a los pacientes. No es lo mismo un país pequeño como El Salvador que uno mediano como el Perú, con desiertos, montañas y selva. Así y todo, ¿por qué somos los patitos feos del mundo, como estamos siendo ahora, con esos índices de fallecidos y esos elevados índices de muertos por cada millón de habitantes que vemos todos los días? ¿Por qué no seguimos los consejos de la doctora Barrientos?

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