Los peruanos hacemos un canto a la vida humana, por Federico Prieto

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La vida es el punto de partida de la humanidad: Dios creó al hombre y a la mujer y les dijo que se reprodujeran y dominaran la tierra. Ese es el punto de partida del matrimonio y de la familia. La historia universal nos narra que en muchos pueblos antiguos y nuevos se atenta contra la vida humana. Cerca de nosotros, en Chile, el comentarista José Francisco Cuevas Vila afirma que en su país se ha impuesto “que los únicos temas realmente importantes son el matrimonio igualitario, la ideología de género y la gratuidad en educación. Ya lo del poder del lobby de LGTB es impresionante: se tomaron todos los medios, los periodistas y panelistas de televisión también presionan con lo mismo…  quieren incorporar la adopción homoparental y así suma y sigue. No pierden una” (posición.pe).

En el Perú tenemos la contrapartida de diferentes personas exponentes de la vida religiosa, moral, política, cultural, deportiva, etcétera están dispuestas a defender la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, porque se han hecho presentes en la Marcha por la Vida del sábado cinco de mayo. Más allá de las miserias humanas y de las debilidades coyunturales de los pueblos, la convicción de la importancia de defender la vida humana es más fuerte en el Perú que su contraria: los defensores del aborto y la eutanasia, de la ideología de género y del permisivismo moral. Pero como aconsejaba nada menos que Pedro, el primer papa, en su primera carta a los cristianos: “sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario, el diablo, como un león rugiente, ronda buscando a quién devorar” (1 P 5,8).

Llama la atención que  el ministerio de Educación haya marcado distancia con la Marcha por la Vida, innecesaria pero significativamente, porque todos sabemos que no es una actividad pedagógica institucional, sino una expresión pacifica, popular y voluntaria, que se realiza anualmente por encima de todas las artimañas burocráticas.

De los 800,000 defensores de la vida que se han expresado en la Marcha se podría decir que han escuchado la palabra del papa Francisco y la han puesto en práctica: “La vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida” (Gaudete et exsultate, 158). Y el cardenal Juan Luis Cipriani ha reiterado que  La Marcha por la Vida es un tema de la realidad existencial: “Es un canto a la vida” (Diálogo de Fe).

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