Mario Hart, el líder, por Emilio Noguerol

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Mario es peruano, tiene más de 25 años, es civil con derecho a sufragio y quería ser candidato al Congreso en las elecciones que se avecinan. Sin embargo, sus intenciones han despertado reacciones nada positivas. Mario es famoso en el Perú. Muy famoso. Ha trabajado en la televisión durante años y su nombre donde suena es asociado con un físico escultural, brazos anchos, gorrita de moda, bivirí colorinche y zapatillas de deporte; otros lo vinculan al mundo del automovilismo, La Chutana, Caminos del Inca, etc; los más bailarines, con ese hit musical tan pegajoso que suena una y otra vez en todas las discotecas; los más chismosos, lo identifican como el “ex” de ella y el “actual” de ella otra; en Gamarra, los empresarios lo conocen como el dueño de una próspera marca de ropa; las más pequeñas de la casa lo recuerdan como el capitán de su equipo favorito en un programa de “deportes”.

Es decir, si preguntan: ¿Qué es Mario?, la respuesta resulta muy variada: Personaje de la farándula, piloto de carreras, emprendedor, bachiller en ingeniería industrial, y quizás cantante. ¿Qué podría englobar todo? Joven, ciudadano, indiscutible aunque mediocre líder de grandes masas que se desviven por él.

¿Mediocre? ¿Este escritorsucho de pacotilla le acaba de decir mediocre a Mario? ¡Incendiémosle el twitter, hagámosle un plantón a las afueras de su edificio, tirémosle huevos de avestruz a este papanatas!

Pido paciencia, estimado lector. ¿Por qué mediocre? Porque no había hecho nada por asumir ese liderazgo, porque desconocía el poder que ya detentaba al tener grandes masas pendientes de él. Porque desconocía el significado del término líder. Y no, no es ir, como él quizás creía, a un par de conferencias de prensa para apoyar alguna buena causa, no, ser líder es aprovechar que millones de personas te alumbran a la cara para que por fin puedas decirles cosas importantes, para celebrar las cualidades y rechazar los defectos, para alentarlos a ser mejores personas, para generar verdaderos cambios que se traduzcan en progreso material. El liderazgo muchas veces es innato, pero quien lo adquiere con el tiempo también tiene la obligación de aprender a administrarlo, de sacarle provecho, de lograr algo positivo de toda esa marea de tuits, mensajes de apoyo, selfies desesperados y pasión efervescente de las juventudes enamoradas.

¿Y por qué digo “desconocía”?

Porque sinceramente creo que Mario se ha dado cuenta de ello, ha tomado conciencia de la enorme responsabilidad que la fama le ha dado. Mario se siente vacío vendiendo solamente gorras y escuchando en todas las radios del país una canción en la que el auto-tune hace de su voz una voz ajena, distante. Mario quiso asumir ese liderazgo que le han otorgado las masas y quizás por primera vez estuvo más cerca en hacer lo correcto de lo que jamás imaginó. Participar en la política es un derecho que tenemos todos y que se ampara en el artículo segundo, inciso 17 de nuestra Constitución, pero, por más impertinente que sea uno, por más burradas que hayas dicho, por más banal o hueco que parezca, por más de haber afirmado que no leyó un solo libro en toda su carrera universitaria, o que Haya de la Torre fue Presidente del Perú, todos nos equivocamos, todos metemos las cuatro patas, la diferencia entre tú y él es que él tiene una cámara prendida delante todo el día y cuando cae en un error todos nos enteramos, por más de que para sus detractores sea la cara de la Televisión Basura, tiene la obligación (ya no solo el derecho), de representar a sus seguidores en este proceso de construir un mejor país, haciendo lo que buenamente sabe y conoce, y apoyado por lo asesores que comúnmente tiene un parlamentario. El Congreso no puede ser un club de notables, intelectuales de laboratorio, o aristócratas que intentan proteger sus propios intereses, el Congreso de la República debe ser una muestra de sangre de nuestro país. Participación ciudadana o representación parecen ser palabras ajenas a esos detractores que, indiferentemente del número, suelen siempre hacer la bulla necesaria para que los demás crean que son ellos quienes tienen la razón, que sus críticas están fundamentadas, que mientras más ridiculizan, mientras más reducen al otro, mayor peso tienen sus argumentos, más sentido tienen lo que defienden, cuando tan solo son gritos antidemocráticos, totalitaristas, peligrosos.

Yo jamás votaría por él ni siquiera para la presidencia de una APAFA, pero por el simple hecho de que a mí no me representa. Yo no soy ni deportista, ni fanático de las carreras, ni joven emprendedor. Sin embargo, no soy quién para impedir que quien se sienta representado por él ejerza su derecho y deposite en él sus expectativas. De eso se trata la democracia, de eso se trata la construcción de un Estado.

Mario no me gustas, como tampoco me gusta el “Chorri” Palacios quien de igual manera busca curul, pero te apoyo, los apoyo. No soy tu fan, pero sí soy un fanático de la democracia. Y siento que si me quedo callado hoy ante el tsunami de críticas que te ha caído encima, corro el riesgo de que conmigo suceda lo mismo si en algún momento decido exteriorizar mi sincero deseo de trabajar por el Perú. Alas y buen viento, Mario, para todo lo que te propongas.

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