Martin Luther King, entre otras comparaciones, por Nathan Sztrancman

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Desde hace un tiempo ya, César Acuña ha sido noticia en el país por ser rector, tener un PhD, estar de candidato presidencial y compararse con Martin Luther King. Puede parecerse a una vida de futuro irreparable, pero en realidad todo ha durado lo que un suspiro. Lo más tenso del año ha sido ser entrevistado sobre temas trascendentales, balbuceando como si fuese Alejandro Toledo en RPP.

Ha sido alrededor de estos meses cuando se ha producido la verdadera pérdida, que siempre viene a ser moral. De hecho, el drama había sido tan completo que hasta hoy no termina, y en medio de tanto misterio los electores de Acuña son los más misteriosos. Si en diez años él se encuentra sentado en un banquillo recordando cuando se lanzó al centro del escenario electoral sin armadura ni doctorado, no se ha de sentir mal, porque tampoco se ha necesitado mucho más para llegar a Palacio. Unos mienten cuando tienen el poder, otros cuando lo buscan. De la misma forma que a Lourdes le interesó asociarse con el APRA, a César Acuña le interesó asociarse con la Universidad Complutense de Madrid. No hay nada sustancial detrás de la unión, solo son cosas que convienen decir en público, como esos noviazgos que empiezan sin amistades y por ende terminan en contratos.

Cuando César Acuña se compara con Martin Luther King, reconoce el martirio de ser llamado mentiroso por mentirosos e inmoral por inmorales. La diferencia está en la causa, que una es la liberación de una raza frente a una injusticia histórica y la otra es la liberación de consecuencias de una injusticia electoral. Son detalles, lubricantes políticos; el Perú está como Acuña, para qué nos vamos a engañar. Cortamos las esquinas porque alguna justificación tenemos que darle a nuestras vivezas y decir que es la vida del más hábil, y la gente se esperanza con estornudos de ángeles momentáneos cada cuatro años en las encuestas de IPSOS. Tratamos de asociar un crimen a un nombre propio; corrupción es Vladimiro, alcoholismo es Toledo, populismo es Guzmán y plagio es Acuña. Fomentamos estas relaciones nemotécnicas para aprovecharnos de nuestra santidad; conceptos abstractos que tienen caras de figuras públicas para justificar nuestros vicios eternos.

Después de la UCV y de ser noticia en el país por ser rector, tener un PhD, estar de candidato presidencial y compararse con Martin Luther King, César Acuña sigue teniendo electores. Su experiencia es nuestra necesidad de librarnos de culpa frente a algo genérico; no sé muy bien si la vida o el balbuceo. Tampoco estamos para otras cosas. Ya sabemos la posición de los políticos en nuestro país y no vamos a esperar que alguien sea honesto, conciso y para colmo bueno. La exhibición de los trapos sucios de César Acuña hace pensar que es una anomalía en nuestra historia republicana. La gente igual se pregunta si el candidato es muy listo o muy tonto. No pasa nada, los políticos así han sido, son y serán tendencia. Y en Twitter también, o sea.

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