¿Más policías es más seguridad?, por Eduardo Herrera Velarde

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Si es que no existiese la posibilidad que alguien atente contra nuestra seguridad (propiedad), el servicio de la policía no sería necesario.

Esto no quiere decir que, institucionalmente, la policía fomente actos de inseguridad (aunque algunos de sus miembros lo puedan hacer), simplemente tengamos en cuenta que ese concepto es su razón de existir, el incentivo que mueve su origen y continuidad.

En general, incluso, a nivel mundial la tendencia está claramente inclinada a poner más elementos de seguridad represiva; por ejemplo, cámaras de video vigilancia por todos lados y, desde luego, policías. En Perú nos encontrábamos en el año 2016, según un estudio del Ministerio del Interior, cerca del promedio recomendado de la ONU que establece que lo deseable es tener 300 policías cada 100 mil habitantes (Perú tiene 241/100).

La función de la policía, en el contexto descrito, es de doble vía. La primera es la detención de delincuentes y en eso, mal o bien, se está cumpliendo. Existen detenciones y, regularmente salvo algunas desviaciones, el sistema de justicia establece condenas. En donde hay problemas es a nivel de ejecución de penas porque el INPE, con el perdón de los involucrados, desde hace tiempo es una auténtica coladera. Fíjense en una secuencia que establece un patrón y que colabora en la idea central que quiero establecer: la policía atrapa todos los días bandas de delincuentes y parece nunca acabar; la delincuencia se re inventa todos los días también. Esta afirmación nos será de ayuda para la parte conclusiva.

La segunda función de la policía implica tomar acción directa contra el delincuente para que, llegado el caso, se tenga que disparar para herir o, si fuese, matar a quien quiere hacer daño a otro. Aquí hay un cúmulo de variables que no voy a analizar por no ser del caso. Lo único que me queda por referir es que, también, en nuestra realidad, la policía cumple su finalidad de lo que podemos apreciar en los hechos que son de público conocimiento. Ojo en ambos casos nos basamos en percepciones porque la estadística es muy difícil de obtener ya que no se sabe, por ejemplo, cuántas bandas hay o en cuántos casos era necesario el uso de la fuerza.

Pero si la policía está, más o menos, cumpliendo su función ¿por qué entonces necesitamos más policías? ¿es solamente porque hay más delincuencia? ¿esto quiere decir que la policía debe aumentar conforme el número de bandas que se organizan? ¿más policía es más seguridad?

Más allá de la tendencia anotada anteriormente, me temo que la fórmula de “más policías=más seguridad” es casi imposible de lograr. Podríamos llegar a propósitos insólitos como exigir que cada habitante tenga siempre, permanentemente, un policía a su lado para sentirse seguro. Incluso así, siempre podríamos estar -sentirnos- expuestos.

Lo antes mencionado no quiere decir que no deban aumentarse el número de policías. Lo que quiero plantear es que esto no significa la panacea o que se incremente, de automático, la seguridad dado que existen múltiples aspectos que faltarían por cubrir; por ejemplo, entrenamiento, capacidad de reacción, dotación de armamento suficiente, descanso adecuado, seguros, etcétera.

Mi impresión es que debemos de pensar un poco “fuera de la caja”. No hace falta ser un experto en seguridad, basta aplicar un poco de razonamiento a nivel de política criminal y de mirar los incentivos para la actividad delincuencial. Me refiero concretamente a las armas, el insumo indispensable para -casi- toda conducta criminal. Ahí viene la necesidad de intervenir -habitual y sistémicamente- el mercado de armas; ojo no basta con hacer más dura la obtención de licencias (los delincuentes no la necesitan), sino intervenir, valga la redundancia, el mercado ilegal de armas. Salvo que se esté haciendo y no lo estén comunicando correctamente los resultados o no se esté haciendo de forma sostenida, me saltan a la vista algunas preguntas en el caso concreto de nuestro país: ¿de dónde salen las armas que usan los delincuentes? ¿ingresan por algún lado desde el extranjero o se usan las que se venden acá (por ejemplo, las de algunos policías a las que se las “roban” o “se pierden”)?  ¿es sencillo comprar un arma para cualquier persona? Etcétera. Las respuestas a estas interrogantes nos llevarán al posible nicho de solución.

En suma, todos los ingredientes son necesarios para generar una correcta lucha contra la inseguridad. No obstante, como en toda receta, no siempre más es mejor, es crucial buscar el equilibrio para una correcta estrategia. Aumentar policías no siempre es más seguridad.

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