Mascotas que enseñan a vivir, por Verushka Villavicencio

«Vivir en un mundo plagado de incertidumbre nos reta a encontrar las zonas seguras en nuestro interior para seguir escalando en nuestras estrategias de resiliencia. La familia es la raíz para este nuevo inicio».

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Según un estudio de UNICEF, “Un año de pandemia, un año de acción en Perú”, la COVID-19 ocasionó que el 33,6% de las niñas, niños y adolescentes del país tengan dificultades socioemocionales. En los casos en los que se detectan signos de depresión en los cuidadores, la cifra sube a 69,4%.

Sucede que el hogar se transformó. Ahora es escuela, centro de trabajo, espacio de recreación y gimnasio, en el cual padres e hijos comparten espacios y roles. Pero no necesariamente ese compartir implica darse a conocer mostrando emociones y sentimientos libres de juicios.

Dentro del hogar, los adultos a cargo no logran transmitir seguridad porque, ante la incertidumbre de la pandemia, no hay respuestas. Este escenario abre el reto ante nuevas formas de empatizar con el otro. Se trataría de expresar asertivamente lo que sucede y de aprender a valorar que, pase lo que pase, la familia seguirá unida.

De esta forma, vivir en un mundo plagado de incertidumbre nos reta a encontrar las zonas seguras en nuestro interior para seguir escalando en nuestras estrategias de resiliencia. La familia es la raíz para este nuevo inicio.

En este nuevo contexto, una mascota puede ser la respuesta para enfrentar la pandemia con nuevas formas de comunicación dentro de la familia. La mascota es una estrategia terapéutica que facilita la socialización de los niños. En el caso de los perros, además de ser guardianes, enseñan a descubrir el mundo.

Sucede que los perros se relacionan sin condiciones, de forma espontánea y lúdica. No hay una intención escondida y acompañan tanto las alegrías como las tristezas. Le enseñan a los niños la capacidad de ser incondicional y, a su vez, el valor de una caricia que no busca reciprocidad.

Dentro del Plan de Salud Mental 2020-2021 del Ministerio de Salud, se propone lograr que las personas asuman una mayor capacidad empática y aprendan de sus errores desarrollando un estilo de vida que afronte la adversidad. Se trata de guardar la esperanza y la confianza en nuestras acciones y conseguir que nuestros hijos comprendan que cada día guarda su propia lucha. Entonces, una mascota en casa puede ayudar.

Los canes son capaces de leer nuestro lenguaje corporal y proporcionan bienestar frente a la ansiedad o estrés, acercándose para lamernos la mano o moviendo la cola, buscando hacer contacto físico. Esta interacción que parece tan simple es la clave para fortalecer los vínculos entre los miembros de la familia y para darle confianza a los niños. Por otro lado, la responsabilidad de hacerse cargo de un can se convertirá en un hábito que fomenta la perseverancia y la gratitud en los niños y niñas.

Existen evidencias respecto al impacto de las mascotas que demuestran resultados positivos en el bienestar de los niños con trastorno espectro autista y sus familias. La incorporación de un perro en las terapias incrementa la aparición de conductas sociales y potencializa los efectos de la misma, mejorando la comunicación, habilidades sociales y emocionales de los niños, según diversas investigaciones.

Además, los canes son capaces de defendernos del peligro y dar la vida por nosotros. Algunos son adiestrados para ser perros guía, convirtiéndose en los ojos de las personas ciegas, capaces de prevenirlos si les quieren robar o lastimar mientras se desplazan por la ciudad.

Otros detectan a las víctimas que yacen entre los escombros de una catástrofe y todos los hemos visto en acción en los aeropuertos para ubicar cargamentos de drogas. En suma, sus capacidades y habilidades están al servicio de los humanos.

Las mascotas nos enseñan a vivir el día a día como si fuera la única oportunidad para ser felices. Todo lo demás se alinea en ese sentido. Ellos nos enseñan a vivir la vida con el corazón limpio aportando positivamente a nuestro desarrollo humano. Un perro es alegría, dos perros es júbilo y tres es pasión por la vida. ¿Con cuál te apuntas?

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