Matar o morir

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Entebbe, Uganda, 1976. En julio un grupo de terroristas palestinos capturaron un avión de Air France que volaba de Atenas a París con 284 pasajeros y lo derivaron al aeropuerto de Entebbe en Uganda. Luego de liberar a todos los pasajeros que no eran judíos, los terroristas amenazaron con asesinar a estos si no se cumplían sus demandas (liberación de criminales palestinos). Un grupo de 100 comandos israelíes llevaron a cabo la “Operación Trueno” en la que en primer lugar, eliminaron a los terroristas y luego pudieron rescatar a los rehenes.

Producto de dicha operación resultaron heridos 5 comandos israelíes y uno de ellos murió (el Teniente Coronel Yonatan Netanyahu, hermano del actual Primer Ministro de Israel), 3 rehenes perdieron la vida y 45 soldados ugandeses que protegían a los terroristas corrieron la misma suerte. La Operación Trueno tomó 53 minutos, los comandos israelíes son hasta hoy considerados héroes nacionales en Israel y esta operación constituye un caso de estudio en las principales escuelas militares del mundo.

Londres, Reino Unido, 1980. En mayo de ese año terroristas palestinos tomaron las instalaciones de la embajada Iraní en Londres manteniendo como rehenes a todos sus ocupantes. Luego que los terroristas asesinaran a un rehén, un grupo de comandos británicos de la SAS (Special Air Service) retomaron la embajada, eliminando a los terroristas y recatando con vida a 19 de los 20 rehenes. La operación fue televisada a nivel mundial, los miembros de la SAS fueron promovidos y condecorados por la Reina Isabel II y hasta hoy son considerados héroes nacionales.

Beslán, Rusia, 2004. En setiembre terroristas chechenos tomaron una escuela en Beslán y mantuvieron a 1,000 personas como rehenes. Las fuerzas armadas rusas sitiaron el lugar por 3 días e iniciaron la operación de liberación. El escenario fue complejo en extremo y, luego de eliminar a los terroristas, se liberaron a 814 rehenes. El costo fue terrible porque los terroristas chechenos asesinaron a 186 niños. Sin embargo, en Rusia se condecoró a los comandos y hoy continúan sus exitosas carreras militares.

Lima, Perú, 1997. El 17 de diciembre de 1996 un grupo de 14 terroristas del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) tomaron por la fuerza la residencia del Embajador del Japón. Luego de liberar a más de 400 rehenes (solo por su incapacidad de poder controlar a tanta gente), mantuvieron a 72 personas retenidas por más de 4 meses. En abril de 1997 un grupo de 142 comandos ingresaron por varios flancos (incluyendo túneles) a la residencia y luego de eliminar a todos los terroristas lograron la liberación de 71 de los 72 rehenes.

Se han cumplido 18 años de este extraordinario evento que marcó no solo una de las operaciones militares más reconocidas en el mundo entero, sino la extinción del MRTA, uno de los dos grupos terroristas que asolaron nuestro país por más de 20 años.

Sin embargo, los Comandos Chavín de Huantar, 2 de los cuales dieron la vida por defender la paz y el estado de derecho, siguen siendo perseguidos por las ONG que se dicen defensoras de los derechos humanos y, aunque ya en menor medida, siguen sufriendo la indolencia de un Estado que ha permitido que se les maltrate durante años.

Este despropósito se inició, como no, en el efímero e intrascendente gobierno del Sr. Paniagua, con García Sayán a la cabeza, sí, el mismo que hoy es justamente el Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que se encuentra próxima a emitir uno de sus ya famosos fallos, normalmente en contra del Estado Peruano. Luego, durante el gobierno de Toledo este accionar insano contó con su etílica complacencia.

Esta suerte de pesadilla kafkiana se inicia cuando el ex rehén Hidetaka Ogura (ex Primer Secretario de la Embajada Japonesa), liberado sano y salvo por los Comandos, señaló que luego de haber finalizado la operación de rescate vio a 2 terroristas con vida rodeados de comandos. Y nada más. Eso fue suficiente para que los familiares de los asesinos terroristas acusaran al Estado Peruano de haberlos ejecutado extrajudicialmente.

Hay que analizar con atención el testimonio que dio Ogura desde Japón, pues nunca acudió a ninguna de las citaciones que le hizo el Poder Judicial para ratificar sus declaraciones.

Todos los ex rehenes que estuvieron en la misma habitación con Ogura no vieron lo que él dice que vio. Los ex rehenes cuestionan como Ogura pudo distinguir algo cuando toda la residencia estaba llena de humo, no se veía prácticamente nada y cuando salieron a los jardines la televisión nacional y extranjera capturaba todo lo que ocurría y no muestra a ningún terrorista vivo. Ogura nunca ratificó su testimonio antes las autoridades peruanas y fue desmentido y descalificado (al crudo estilo japonés) por el entonces Embajador de Japón en el Perú Morihisha Aoki (otro ex rehén que mantuvo una actitud en extremo digna como la mayoría de los retenidos). Y lo más concluyente de todo fue que los ex rehenes señalaron que Ogura había entablado una cercana y peligrosa amistad con sus captores con quienes tomaba café regularmente, siendo uno de ellos, justamente 1 de los terroristas supuestamente ejecutados (¿Síndrome de Estocolmo?).

Fue ese solitario testimonio el que fue tomado casi como una prueba plena para iniciar la cacería a los Comandos Chavín de Huantar en el contexto de una persecución irracional y desmedida contra las Fuerzas Armadas (sin distinguir la paja del heno) y de todos aquellos que trabajaron para el gobierno durante la década de los 90s.

Amparados en el lejano y no ratificado testimonio de Ogura, se ordenaron exhumaciones de los terroristas y, evidentemente, se encontró que los cuerpos tenían orificios de bala a corta distancia, principalmente en el cráneo. Con esa constatación pretendieron acreditar que los terroristas habían sido ejecutados luego de haberse rendido.

Han pasado casi 20 años y la justicia peruana ha absuelto, como era lógico, a los Comandos, pero las ONG defensoras de los terroristas (porque nunca defendieron a los militares, policías o civiles muertos por Sendero Luminoso o el MRTA) llevaron el caso a la CIDH de García Sayán sabiendo que ahí sus alucinados argumentos tendrían sustento.

Y son alucinados porque cuando uno entabla un enfrentamiento directo con terroristas que han tomado rehenes, los objetivos se establecen en el siguiente orden de prioridad: 1) eliminar al enemigo y 2) rescatar a los rehenes con la mínima pérdida humana posible.

Como vemos, el primer objetivo es eliminar la amenaza, no capturarla, ni pedirle que se rinda. Hay que eliminarla. Es muy difícil sostener que en un escenario donde han habido explosiones y por el humo no puedes ver más allá de 2 metros, veas a un terrorista que te dice “me rindo” y tú bajes la guardia y te arriesgues a tratar de inmovilizarlo. No hay forma de creerle a un terrorista, especialistas en atacar por la espalda. Creerle al terrorista es poner en riesgo no solo tu vida sino sobre todo la vida de tus compañeros y principalmente la de los rehenes. Hoy sabemos que ese día los terroristas al verse atacados, corrieron hacia las habitaciones donde estaban los rehenes para utilizarlos como escudos humanos y ya ante la inminencia de la muerte, ejecutarlos sin ningún miramiento.

Desafortunadamente, los terroristas renunciaron a sus derechos humanos en el instante que tomaron por la fuerza la residencia y torturaron psicológicamente a 72 peruanos (y a todo el país) por más de 4 meses. Se trataba de matar o morir. No es un único disparo, es uno o dos disparos para desequilibrar y luego, y obligatoriamente y muy de cerca, dos disparos en la cabeza para confirmar la eliminación y por seguir avanzando, eliminando a más enemigos para poder así liberar a los rehenes. Todo ello, en una instalación llena de humo, gritos y disparos que no sabes de donde vienen ni hacia donde van. Es crudo pero es cierto, así es como se debe actuar. Es matar o morir.

La operación Chavín de Huantar fue un éxito, pese a que costó la vida de 1 rehén (el correcto y muy decente magistrado Carlos Giusti) y de 2 comandos (Juan Valer y Raúl Jiménez). Se eliminaron a todos los terroristas en un tiempo record y por ello, hoy esta operación es objeto de estudio en las principales escuelas militares del mundo, al igual que la Operación Trueno en Entebbe y la liberación de la Embajada Iraní en Londres.

A nadie en su sano juicio se le ocurriría perseguir a los comandos israelíes por haber eliminado a los terroristas palestinos aún en el caso que hubiesen señalado que “se rendían”.

En ese contexto, y en el de la Operación Chavín de Huantar, la palabra de un terrorista ya no vale nada, porque han sido ellos mismos quienes les han quitado valor, al optar por utilizar el terror como mecanismo para obtener sus fines, al poner en zozobra a sus indefensos compatriotas, al poner en riesgo la viabilidad de un país que hoy, gracias a acciones como la de los Comandos Chavín de Huantar, tiene un futuro que sobre la base de la paz podemos seguir construyendo en beneficio de nuestros hijos.

No podemos seguir siendo tan ingratos con peruanos que dieron su vida por defender una paz de la que hoy todos gozamos.