Matrimonio interesado, por Gonzalo Ramírez de la Torre

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La actitud de la izquierda ante las huelgas y movilizaciones en general, es conocida desde hace mucho tiempo. De hecho, la idea de tomar las calles, quemar unas cuantas llantas y golpear a unos cuantos policías, nunca ha cesado de ser atractiva para este sector de la política nacional que aún vive hambrienta por la utopía revolucionaria. En lo que respecta a este lado del espectro político, entonces, no hay mucho espacio para la sorpresa cuando se repara en la actitud que este ha tenido hacia la huelga de maestros.

Pero así como esta actitud no sorprende, tampoco sorprende que desde la derecha se condene estas formas de manifestación, especialmente cuando se perjudica la propiedad privada y los reclamos dejan de tener sentido (como lo maestros que piden no ser despedidos si desaprueban tres veces la evaluación). Pero lo cierto, sin embargo, es que ciertos sectores de la política que podrían asociarse con la derecha, han tenido una reacción distinta, disonante, sin duda, con aquello que predican.

Esta inclinación hacia la incongruencia se ha notado en el lado conservador de la derecha, actualmente representado por el fujimorismo en el Congreso, aunque no es exclusiva a las filas formales de la agrupación. En general se ha notado un mutismo extraño por parte de algunas personas que, normalmente, habrían vitoreado contra la huelga de maestros como lo hacen contra otras manifestaciones claramente usurpadas por la izquierda. Pero no. Y cuando el silencio no los ha secuestrado, han hecho eco de los pedidos de los maestros, pidiendo la cabeza de la ministra.

Lo más curioso, sin embargo, es que esta actitud no solo se ha traducido en un grito distante por la ver caer a quien lidera la cartera de Educación, también ha devenido en abiertas manifestaciones de celebración y apoyo a las grupos más radicales dentro de la huelga. Así, por ejemplo, hemos tenido a Héctor Becerril compartiendo conferencia de prensa con personajes vinculados al Movadef y a la congresista Yesenia Ponce lanzando una insólita frase donde asegura identificarse con los maestros “sean o no terroristas”.

Su propio rol han jugado otros congresistas del fujimorismo como Rosa Bartra, Karina Beteta y Nelly Cuadros.

Pero resulta extraño, ciertamente, encontrar coincidencias entre la izquierda y el fujimorismo, esta última una fuerza que se ha jactado de ser la que luchó contra el terrorismo y que no se demora en llamar ‘caviares’ a quien se les pega la gana. Empero, queda clarísimo el por qué de esta extraña alianza. Y es que la huelga significa beneficios tanto para fujimoristas como para izquierdistas. A los últimos les cae bien pues estas movilizaciones son ambientes perfectos esparcir su doctrina y desestabilizar al gobierno y a su “modelo neoliberal”. A los primeros, por otro lado, les permite continuar con su tarea de poner en aprietos al Ejecutivo y, de yapa, les da pie a exigir la renuncia de una ministra que le resulta molesta al ala más conservadora de sus adherentes.

Ciertamente, en ese sentido, los intereses de la izquierda y el fujimorismo se han intersectado. Ambos grupos quieren ver caer a la ministra y no les molesta ostentar un matrimonio interesado. Y en un contexto donde el gobierno simplemente no da la talla, no debería sorprendernos que, de pronto, logren su ansiado objetivo.

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