Mejores personas, mejores políticos; por Alfredo Gidemeister

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Inspirado en el lema de una conocida universidad privada peruana: “Mejores personas, mejores profesionales”, ¿Por qué no aplicar dicho lema al ámbito político? Acabamos de comenzar un nuevo año y todo el mundo se ha deseado mutuamente un feliz año nuevo 2018, que sea un año lleno de éxitos, bendiciones y felicidad e, inclusive, que sea un mejor año para nuestro país. Prácticamente hemos terminado el año 2017 en medio de una muy seria crisis política de gobernabilidad y que lamentablemente aún no termina. El país se encuentra en una grave encrucijada en donde, de un lado, existe un serio vacío de poder, tanto en el gobierno como en la oposición.

Por el lado del gobierno, el presidente de la República termina el año tremendamente desgastado y casi se diría que, liquidado políticamente, por más que una encuestadora amiga le otorgue un 25% de aceptación, cosa que dudamos. En todo caso, el presidente planea conformar un nuevo gabinete denominado de “conciliación”, lo cual está muy bien: conformar un gabinete de “ancha base” con el nombramiento de excelentes ministros provenientes al menos, asumimos, de los principales partidos, especialmente de la oposición. Sin embargo, ello no soluciona el problema de fondo. Y dicho problema radica en la delicada situación del propio presidente. Se trata de un presidente que se mantiene muy cuestionado por el tema Odebrecht y que, pese a que “pasó con once” y no fue vacado, carece de absoluta credibilidad. Ya nadie le cree y para colmo, carece de liderazgo y de capacidad como político. De allí que la crisis de gobernabilidad no se puede olvidar de un plumazo, con un simple “perdón”, “¡ups me equivoque!”, borrón y cuenta nueva. No pasó nada. Lamentablemente no es tan fácil la “solución”.

De otro lado, tenemos una oposición conformada principalmente por Frente Popular, un partido que luego del terrible debate por la vacancia del presidente, ha terminado al parecer dividido. De un lado se encuentran los seguidores de Kenji Fujimori, que hasta el momento no son muchos aún; y del otro, los seguidores de su hermana Keiko Fujimori, excandidata presidencial y líder del partido, pero que hasta el momento no ha logrado demostrar el liderazgo que se esperaba, dando la percepción de una figura medio difusa, que aparece por ratos en la escena política para luego hacer un mutis y desaparecer de escena hasta sabe Dios cuando, mientras en el país se debaten temas cruciales. Podría haber ocupado informalmente ese vacío de poder dejado por el presidente de la República, pero no lo ha hecho, por lo que la sensación en todos los peruanos de un vacío de poder es cada vez más evidente. Sin querer queriendo, al presidente le ligó de chiripa el dicho: “divide y vencerás”. Al margen de en qué termine el teleculebrón del escándalo Odebrecht, el cual viene afectando a políticos, empresarios y exfuncionarios, el presidente debe nombrar un premier o presidente de Consejo de Ministros que prácticamente lo sustituya en ese liderazgo que tanto le falta. Debe ser un o una estadista, que haga de la gobernabilidad una realidad, con muñeca y habilidad política, que se imponga y logre que el país salga de este estancamiento económico que viene sufriendo desde los tiempos de Humala. Lo más importante es que, amén de sus méritos profesionales, debe gozar de ciertas cualidades que como persona lo hagan denotar como una persona virtuosa, con principios y valores. Ello es fundamental.

De allí que, definitivamente consideremos que, mientras no tengamos mejores personas en la política, no tendremos mejores políticos. El ser mejores personas conlleva una lucha diaria por ser mejores, por vivir mejor las virtudes humanas, en este caso en la vida política, pues siempre tendremos la tentación que da el poder de sentirnos dioses, en donde nuestro parecer y punto de vista sea el mejor, el creer que nunca nos equivocaremos y que nuestra palabra es casi ley. El poder por lo general tiende a envanecer y casi podrían decirse que a “estupidizar” u obnubilar a la persona que practica o ejerce la política. De allí que mas que decir: “Año nuevo, vida nueva”, deberíamos desearnos: “Año nuevo, lucha nueva”, puesto que cada año nuevo nos presenta una nueva oportunidad, un nuevo año para luchar por ser mejores personas y todo lo que ello implica: mejores políticos, mejores profesiones, mejores padres de familia, mejores amigos, mejores esposos o esposas, mejores hijos, etc. Recuerden como bien decía ese gran santo español que fue san Josemaría Escriba de Balaguer: “El tiempo es un tesoro que se va, que se escapa, que discurre por nuestras manos como el agua por las peñas altas. Ayer pasó, y el hoy está pasando. Mañana será pronto otro ayer. La duración de una vida es muy corta. Pero, ¡cuánto puede realizarse en este pequeño espacio, por amor de Dios!”. De allí que la lucha diaria debe sostenerse “…contra todo lo que, en su vida, no es de Dios: contra la soberbia, la sensualidad, el egoísmo, la superficialidad, la estrechez del corazón”.

Por esto es que para tener mejores políticos se requiere buscar y elegir mejores personas. Que luchen diariamente por ser mejores, por vivir las virtudes. De lo contrario, tendremos más de lo mismo. Personas que antes que servir al país, se servirán sólo a sí mismos, puesto que serán esclavos de su ambición de poder y de tener, egoístas monstruosos que antepondrán sus intereses de ganar más dinero y poder a costa del bien común de todos los peruanos. Lo constatamos a diario, viendo como la terrible corrupción generada en tantos y tantas por la empresa Odebrecht, por solo mencionar un ejemplo, ha llevado a la perdición a tantas personas políticas “reconocidas” y que ocuparon tan altos cargos aquí y en otros países. Por ello es que esperemos una renovación total en el ámbito político, colmándolo de personas de nivel, virtuosas, con valores y principios y con mucho amor por el país. Con mejores personas, definitivamente tendremos mejores políticos y un Perú más grande.