Menos de 100 mil peruanos, por Jessy Gonzáles

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Hasta el momento en el que escribo este artículo, son menos de 100 mil peruanos los que hacen una diferencia. ¿Positiva o negativa? Yo tengo una respuesta, pero esa respuesta no me parece muy importante al día siguiente de las elecciones. En unas horas – esperemos que no muchas – tendremos a un presidente electo, con o sin tu voto. Ese voto, aunque importante, fue uno más en medio de montones de urnas. Y luego del conteo, nos queda un país dividido con una diferencia de menos de 100 mil peruanos (sin contar los votos nulos y en blanco, y ese gran 18% que no participó).

Calcular la resaca electoral es complicado por esta corta diferencia. Ha sido bueno ver a tanta gente fervorosamente atenta, siguiendo debates, asistiendo a marchas y cierres de campaña, compartiendo información, y hasta discutiendo calurosamente. Ha sido bueno, porque parece que nos importa y eso es sano para nuestra democracia más allá del resultado. Pero digo “parece” porque ahora tocará ser consecuente y probar que no fue la emoción del momento. Ahora que las elecciones terminaron, toca ser ese ciudadano que pone de su parte para que esto avance.

Y la ruta está complicada, porque toca dialogar con esa otra mitad del país que no piensa igual que tú. Y más que dialogar, toca escuchar. Escuchar para dejar de gritarnos “ignorantes” y empezar a entender por qué pensamos tan diferente. Toca dejar de llamar “chibolo pulpín” al joven que no votó por mi candidato y preguntarle qué fue lo que le enseñaron en casa, en el colegio y en la universidad. No nos queda más opción que dialogar para entender, y explicar mejor, porqué el respeto de los derechos humanos no son un “floro” de países avanzados, sino una condición necesaria para cualquier tipo de desarrollo. Sea quien sea el presidente, los ciudadanos tenemos que dejar de llamarnos terrucos, brutos, vendidos, narcos o corruptos, solo porque no estamos de acuerdo. Hay gente terrible en más de un partido y esos deben ser denunciados y juzgados. Pero entre nosotros, es imprescindible dejar de insultarnos para poder escucharnos y entender que podemos pensar diferente sin que eso sea necesariamente malo.

Esa mitad que no piensa como tú, no va a desaparecer de la noche a la mañana y no nos podemos dividir toda la vida en “pro”y “anti”. Y así como probablemente, en esa mitad, puedas encontrar gente de lo peor; seguramente encontrarás también algún amigo. Quizás tu jefe, tu profe o la persona que cuida a tus hijos a diario y que es como de tu familia. Tal vez en esa mitad que tanto has insultado, está esa persona con la que trabajas todos los días, los papás de tu pareja o ese que te sonríe cuando te atiende en un restaurante o tienda. Detrás de esa mitad de la población de Perú que no votó por tu candidato, hay gente, que igual que tú, chambea todos los días, teme a la delincuencia, ama a su familia y sueña con un mejor futuro para sus hijos.

Me ha gustado, y espero que ese espíritu se mantenga, ver a la mayoría de políticos comprometiéndose a escucharse entre ellos y ponerse de acuerdo. Quizás porque no les queda de otra o porque eso es lo mediáticamente correcto, pero también porque definitivamente tienen que existir puntos de encuentro en sus planes de gobierno. Y si ellos pueden dar paso al diálogo, los ciudadanos también podríamos, ¿no? Solo escucharnos con atención va a permitirnos poner nuestra energía en cosas positivas y acortar esa gran distancia que hoy tiene peso y medida oficial: la mitad más/menos 100 mil ¿Será posible en el Perú?