Mercedes Aráoz en Palacio de Gobierno, por Federico Prieto Celi

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Mercedes Aráoz, economista y política, es vicepresidencia de la República y congresista por el partido Peruanos por el Kambio, ambos cargos hasta el año 2021. Ha sido segunda vicepresidenta y presidenta del consejo de ministros durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. Con Alan García, fue ministra de Comercio Exterior y Turismo, de la Producción y de Economía y Finanzas. Tiene experiencia suficiente para ser presidente del Perú. Ha nacido en 1961 y tiene por tanto 58 años, día más día menos. Ha declarado que su mandato culmina el 28 de julio de 2021. Eso la distancia de Martín Vizcarra, que quiere que congresistas, ella y él se vayan a su casa el 28 de julio de 2020.

Al momento de escribir estas líneas, las opiniones de los expertos –congresistas, políticos, periodistas, etc.- están virtualmente empatadas en favor de mantener el mandato constitucional hasta 2021 o de adelantarlo al 2020.  Lo que no está equilibrada es la opinión pública, ametrallada diariamente por los grupos de poder, partidarios de convocar elecciones en abril próximo, lo que lleva a los observadores a preguntarse quién está detrás del presidente Vizcarra, más allá del asesor argentino Maximiliano Aguiar, que va y viene de Buenos Aires a Lima cada vez que la crisis se calienta.

La característica singular del presidente Vizcarra es actuar solamente en función de su simpatía en la opinión pública, ya sea en el caso de Odebrecht (en el que es por lo menos testigo), en la crisis del poder judicial y del manejo de los fiscales (ante la que ha hecho declaraciones imprudentes y temerarias), en las consultas constitucionales al Congreso y a la ciudadanía por referendo (exigiendo más de lo que le permite la jefatura de estado) y ahora por su propuesta de adelantar las elecciones congresales  y presidenciales (que raya con la inconstitucionalidad y debilita ls instituciones peruanas). Teme la vacancia. Teme acusaciones fiscales por su actuación como ministro de Transportes y Comunicaciones. Teme un proceso por interferencia con los poderes legislativo y judicial mientras ejerce la primera magistratura del país. Y como a su antecesor y promotor Pedro Pablo Kuczynski teme ir a la cárcel, lo que inevitablemente lo paraliza.

Por tanto, la crisis política no se centra en el Congreso ni en el poder judicial; no depende del resultado de las reformas constitucionales en camino; no depende de cuántos constructores brasileños y peruanos vayan a la cárcel; no depende de lo que haga o no el gobierno mientras tanto (muy poco, por lo que se sabe) sino de la presencia en palacio de gobierno del presidente Vizcarra. ¿Y ese escollo político como se quita? Muy fácil: vacando al presidente por incapacidad moral permanente, puesto que no se siente capaz de gobernar dos años más, y dar paso a la vicepresidente Aráoz, que para eso está.

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