Mi ignorancia, por Gabriel Rey

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Ignorante. Así como se lee. Eso me considero en muchísimas cosas. Como por ejemplo en medicina (no sé nada). Y es que es imposible para cualquier persona saber todo de todo. Podemos hacer el intento de saber un poco de todo, pero siempre habrá algo que se escape de nuestro conocimiento. Por eso, cuando no sé algo, normalmente, prefiero abstenerme de comentar y de criticar. Lo menciono por que hace poco me pasó que comenté algo sin saber realmente de lo que hablaba, simplemente para, al final, descubrir que estaba equivocado. Pero creo que es un buen comienzo para lo que quiero expresar en las siguientes líneas.

«Una opinión deja de ser una opinión cuando lo único que busca es insultar y herir a una persona o a un grupo de personas»… Es una frase que escuché hace poco, de una persona a la que quiero y admiro mucho y me pareció perfecta para el objetivo de este artículo.

En los últimos días he escuchado muchas «opiniones» que en realidad son insultos o comentarios de personas que hablan sin realmente saber de lo que hablan (por lo tanto, podríamos llamarlos ignorantes). Me resultaron particularmente hirientes. Todo a raíz de un artículo publicado en el que se buscaba difamar la imagen, no solo del mismo colegio donde estudie yo: el Alpamayo; sino la del Opus Dei. Por eso quiero aclarar ciertos puntos a fin de no confundir al lector y sobretodo de dar a conocer la verdad de las cosas.

Sobre este tema no me considero un ignorante porque, a diferencia del autor de dichos párrafos, yo no solo asistí a un colegio del Opus Dei, sino que fui criado en una familia del Opus Dei, y créanme, no defiendo al «Opus» solo por esa razón, sino porque realmente me parece la mejor forma de vivir como católico, y esta, es una opinión personal, no digo que sea la única.

Bien decía el autor de tan peculiar artículo, el Opus Dei es una prelatura personal que lo que busca es fomentar, en quienes lo siguen, la santidad en la vida ordinaria. Es por eso que en el Colegio rezábamos siempre antes de cada clase, para ofrecer a Dios (que es, para quienes creemos, la fuente de todo lo que tenemos) ese estudio. Es decir, al rezar estábamos santificando nuestro estudio, siguiendo las enseñanzas del Opus Dei.

Puede parecer loco para muchos, pero para mí de loco tiene muy poco. Agradecer a Dios por lo que tengo y ofrecerle hacer bien mis deberes, ¿tan mal está?

Por otro lado, no recuerdo haber escuchado, y créanme que lo haría, nunca, NUNCA (mayúsculas, subrayado y negrita), que se hable mal de los homosexuales, aborreciéndolos por su orientación sexual. Permítanme aclarar que no hay cosa más falsa que esa. Sería absurdo enseñar sobre la caridad y despreciar a otra persona. Lamentablemente, hay casos en los que se malinterpretan las enseñanzas de la Iglesia y fomentan mentiras como esta. Pero, vuelvo a decirlo, quien afirma eso no es más que un ignorante, porque dice cosas sin conocer realmente de lo que está hablando.

Es cierto, en el Alpamayo enseñan acerca de la castidad (que es distinto a “admirar la virginidad”) y la manera de vivirla, no condenan el sexo. No enseñan que la homosexualidad es algo malo, explican que puede ser que no sea lo “normal” pero no por eso es algo que deba repudiarse, sino tratarse con el mismo cariño como a todos. Por sobre todo, nos enseñaron a valorar nuestra propia libertad, valor principal del Opus Dei y de la Iglesia Católica.

En mi colegio, luego de desarrollar una edad madura (porque sí, es cierto, cuando eres chico, al igual que la madre que da de comer a sus hijos, el colegio hace lo que considera mejor para educar según la línea del propio colegio), nunca nos obligaban a hacer algo que no fuese necesario (como ir a clases), sino que valoraban la libertad y la decisión de cada alumno. Ir a Misa, e incluso rezar, es “electivo”, y como ejemplo, en el Alpamayo estudian niños de otras religiones a quienes nunca se les obligó a asistir a algo en lo que no creían.

No voy a entrar en detalles acerca de todo lo que me enseñaron en el colegio porque me tomaría años. Simplemente creo que es importante resaltar que, como en cualquier institución manejada por personas, puede haber errores. Errores que comete quien transmite un mensaje o un método de enseñanza, pero ello no hace al mensaje en sí malo o equivocado. En el Alpamayo te enseñan a valorar y a respetar realmente a los demás, por más que pueda estar en desacuerdo (y, créanme que, muchas veces, lo aprendí a la mala) y nunca a menospreciar o hablar mal del otro.

No soy sabio ni mucho menos santo. Solo trato de ser coherente. Lo único que quiero es explicar con un poco más de conocimiento y claridad lo que es el Opus Dei y lo que enseña mi Colegio, al que considero, de verdad, mi familia (y, como es normal, me ofendo si hablan mal de ella). Si otros hablan de libertad, tolerancia y respeto por los derechos de los demás, con este tipo de opiniones, atacando las convicciones religiosas de otros, solo demuestran su propia intolerancia e hipocresía y terminan siendo incoherentes.

Considero, al autor de dicho artículo alguien inteligente, pero ignorante en este tema. Como él mismo menciona, el Colegio te enseña muchas cosas pero hay algunos que, realmente, no logran entender y no aprenden que lo único que busca el Opus Dei es enseñar a las personas a ser felices viviendo cara a Dios. Lo que está detrás es simple. Es sólo amor y libertad.

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