Un minuto de silencio

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El día de ayer se derogó la ‘Ley Pulpín’. Si sigue esta columna sabe que yo la apoyaba y que estaba (y estaré siempre) convencido de los aportes positivos que esta ley podía traer al sistema laboral peruano marchito por la informalidad y, naturalmente, lamento su derogación.

Pero bueno, nada se puede hacer. La ley cayó principalmente, en mi opinión, por una mezcla de plena y cruda ignorancia departe de aquellos que pudieron haberse beneficiado y por un rápido trabajo de la izquierda nacional que fue más viva que un gobierno aturdido y falto de cerebro. A mi personalmente me da nauseas ver las banderas rojas meneándose por el centro de Lima bailando al ritmo de una victoria permitida por un líder carente de coraje y capacidad ejecutiva, un líder que ni siquiera tiene la habilidad de hacer que su propia bancada esté de su lado, un líder que ha permitido que su oposición más férrea sea la gente que lo acompañó al poder y que ahora lo ha abandonado por su absoluta falta de liderazgo.  La ley cayó asfixiada a vista y paciencia por quienes la engendraron.

Uno de los efectos de esto está clarísimo. Ya se han anunciado marchas para reclamar más ‘derechos laborales’ y es que es obvio, el mensaje que da esta derogación, esta rectificación cobarde de un congreso que anteriormente aprobó la ley y que por aspiraciones electorales dio un vergonzoso paso atrás, es que el poder va a ceder ante cualquier cosa que una turba matona exija, que el poder les va a dar todos los caramelitos que quieran con tal de mantenerlos sonrientes para el 2016.

Pero suficiente de hablar de la ley en sí ¿Qué significa esto para el casi náufrago gobierno de Humala? Ahora más que nunca se puede ver que el ejecutivo está desconectado del congreso, ahora más que nunca Humala y los tres gatos que aún lo apoyan parecen estar en la más absoluta y triste soledad. Si algo dice la derogación de esta ley es que Ollanta Humala fue. Humala no va a poder gobernar el resto de su periodo: está calato, solito, desprotegido y en gran parte por su culpa. Se leen por el Twitter palabrejas tenebrosas como ‘vacancia’ (Dios nos libre porque después llamaríamos presidente a Marisol Espinoza), se rumorea que Segura va a renunciar y nadie lo culparía pues poco trabajo puede hacer en un gobierno cojo y queda clarísimo que este año se caracterizará por ser uno de campaña pura sin que a nadie le importe el bien del país, así que relájese pues no queda nada más que ver el espectáculo circense que se viene (solamente hay que rogar que uno de los leones no ataque al público).

Pero sepa querido lector que el problema ahora no ha sido solo Humala, el problema también ha sido una clase política sin convicciones, que retrocede y que se retracta por una falta absoluta de sostén ideológico y una predisposición grosera y asquerosa por las acciones demagógicas y propagandísticas. Pero esto siempre ha sido así ¿no? Por lo menos usemos este evento para tener un poco más de asco entonces y darnos cuenta que lamentablemente estamos mal y que nos falta mucho para poder aspirar a ser un país de primer mundo ¿Qué se puede esperar de un país que no tiene partidos políticos de verdad y que los que ‘tiene’ no tienen la capacidad de mantenerse firme en sus creencias? ¿Qué se puede esperar de un país donde el presidente tiene la capacidad de liderazgo de una mochila?

Pido un minuto de silencio por la ley, por la poca fe que se le tiene y tendrá a nuestra política y por un gobierno que ya no gobierna por su propia culpa…

PD: Y ahora ¿Será el caso Belaunde Lossio el tiro de (des)gracia?