Mis sentidas disculpas a Mercedes Aráoz, por Federico Prieto

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La semana pasada afirmé que Mercedes Aráoz había hecho cuestión de estado el indulto a Fujimori, amenazando con renunciar si se le otorgaba. Anécdota que había ocurrido el tres de octubre, cumpleaños del presidente de la República. Mis sentidas disculpas porque, si bien es cierto lo de la carta, el motivo ha sido otro, según confiable fuente palaciega, motivo tan baladí que no vale la pena mencionarlo.

La misma fuente me comenta que el presidente Pedro Pablo Kuczynski, jefe de estado peruano, indultará en estos días a Alberto Fujimori. Y de paso, antes de que se muera en Piedras Gordas, peor que Leguía (que murió en el hospital –al que llegó moribundo- sacado de la prisión), debería  indultar a Nicolás de Bari Hermosa Ríos.

De nada sirve contraponer el 62, 63, 64 o 65 por ciento de peruanos a favor del indulto a Fujimori con el 88 por ciento que, a la inducida pregunta del encuestador, responde que Fujimori debe antes pedir perdón, porque su actitud humana es de por sí ya una solicitud a la vista de ese perdón. Es una manipulación informativa, una manipulación en la pregunta y una manipulación en la interpretación del resultado. El jefe de estado puede indultar sin requerir previa expresión de perdón al indultado. El perdón lo da el jefe de estado, el reo lo recibe. Por otro lado, hay gesto en Alberto Fujimori, como el solicitar el indulto a través de su familia, de por sí, una disculpa por la culpa.

Un enfermo en trance final puede ser indultado por deseo expreso del jefe estado, sin argumento ni justificación de causa. Y más si pasa de los 80 años. Es, en mi opinión, el caso del general Nicolás de Bari Hermoza Ríos. No diré cuánto hizo por la pacificación del país, lo sabemos. No diré que devolvió el dinero que tenía en una cuenta suiza, lo sabemos. No diré que está arrepentido, porque si tuviera la oportunidad de retroceder en el tiempo se comportaría de otra manera para no caer en delito. Los medios han informado que sufre una dolencia que lo llevará al término de sus días. Pero nadie tiene la valentía de pedir el indulto desde los medios de comunicación, para que los caviares no lo tilden de corrupto. Yo no tengo miedo, entre otras cosas, porque a mí nadie me puede tildar de corrupto.

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