Momento de aplicar

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Si ya decidiste que quieres aplicar a un MBA internacional e investigaste lo suficiente como para armar una lista corta de universidades, entonces estas listo para iniciar el proceso de aplicación. Y sí, el momento en que te das cuenta que tienes que HACER algo en lugar de sólo pensar en la aplicación es bastante abrumador. “¿Por dónde empezar?” es la pregunta más común.

Aunque suene tonto, lo primero que hay que hacer es leer los requisitos del proceso de admisión para cada universidad, los cuales están en la página web de cada una. Ayuda bastante crear el usuario y comenzar a navegar por las distintas pestañas de la aplicación. Si bien cada universidad tiene su propio proceso (algunos más creativos que otros), la estructura estándar es la siguiente:

Aplicación escrita: consiste en varias preguntas cortas sobre tu experiencia, metas y logros, tus notas de la universidad, tu CV, un ensayo o varias preguntas en forma de ensayo, a lo que se suman dos o más cartas de recomendación. Todo se realiza en la misma página web

Entrevista: esto generalmente pasa cuando les gusta tu aplicación escrita, aunque algunas universidades entrevistan a todos los postulantes.

Siendo ésta es el filtro para la entrevista, en este artículo me enfocaré en la primera etapa: la aplicación escrita. Cuando yo me encontraba por aplicar, escuché muchos consejos: buenos, malos, obvios, sinceros, repetidos, etc. y no necesariamente hice caso a todos. En mi opinión, hay muchas cosas que la gente repite y que se vuelven norma cuando alguien está pasando por este proceso aunque no siempre son válidas. Aquí mi humilde opinión sobre algunas de ellas:

“Inscríbete en alguna organización que haga obras sociales”

Sí y no. La mayoría de MBA’s busca una mezcla de aptitudes e intereses en los postulantes que de alguna manera se ven reflejados en las decisiones que toman y las experiencias que eligieron tener. Puedo atreverme a decir que todos los programas buscan tres características claves: potencial de liderazgo, capacidad de análisis y compromiso con la comunidad. Y con esta última viene el tema de las obras sociales.

Si eres una persona que realmente está comprometida con su comunidad, para cuando decidas hacer un MBA ya deberías haber tenido experiencias significativas donde hayas podido generar un impacto positivo en tu entorno. Puedes haber ayudado a un microempresario a potenciar su negocio, puedes haber desarrollado un proyecto de responsabilidad social en tu trabajo, liderado una nueva forma de trabajar que benefició a todo tu equipo o incluso puedes no haber implementado nada pero tener una idea de proyecto que quieras desarrollar. Si en tu CV misteriosamente aparece que te uniste a un programa social en las mismas fechas en las que empezaste a aplicar al MBA, los evaluadores van a darse cuenta que no es una actividad sincera sino más bien un intento de llenar el “checklist”.

Sugiero que trates de encontrar algo que realmente te motive y coincida con tus experiencias y metas a futuro.

“Trata de conseguir que un egresado importante de la escuela a la que estés aplicando para que te recomiende”

Totalmente falso. No quiero decir con esto que si por casualidad tu jefe directo es de la escuela a la que estás postulando y te conoce lo suficientemente bien como para hablar de ti, no le puedas pedir una recomendación. Sin embargo, el criterio número uno (y probablemente el único) para escoger un recomendador es qué tan bien te conoce. Los formatos de recomendación son bastante extensos en algunas escuelas, haciendo preguntas específicas sobre comportamientos que buscan en sus postulantes e incluso pidiendo (en algunos casos) completar formatos de evaluación en escalas numéricas. Sin importar qué tan famoso o reconocido sea tu recomendador, si no te conoce bien, sólo podrá dar un discurso genérico sobre ti que resultará poco efectivo y, probablemente, mediocre.

“Parafrasea lo que dice la página web cuando te pregunten por qué quieres estudiar ahí”

Nuevamente, sí y no. Las escuelas de negocios buscan aceptar a alumnos que realmente quieran ir a ese programa y que hayan hecho una investigación exhaustiva sobre por qué deberían estudiar ahí. Conocer qué programas y recursos específicos ofrece cada escuela y cómo encajan con tus planes demuestra que no estás aplicando “sólo por aplicar” o escogiste una universidad cualquiera como segunda o tercera opción. Déjale claro a la oficina de admisiones que conoces bien qué ofrece su programa, qué atributos enorgullecen a la escuela en mayor medida y cómo ellos coinciden con tus metas y tu personalidad. No te limites a repetir lo que dice la página web, analízalo.

“Cada programa tiene una cultura muy distinta y busca cosas muy diferentes, adapta tu discurso a lo que busca cada uno”

Acá probablemente haya mucha gente que opine distinto a mí pero yo creo que esto es totalmente falso. Si bien es cierto que cada programa tiene una cultura particular, por ningún motivo es válido tratar de aparentar para “encajar” con el que crees es el estereotipo de estudiante de una universidad en particular, por dos motivos. Primero, he descubierto que los estereotipos son falsos. Si bien las estadísticas y muchas veces la tradición de una escuela pueden influir en la ilusión de un alumno “tipo”, la diversidad que uno encuentra en estos programas es increíble. Y este es uno de los factores por los cuales esta experiencia es tan valiosa. Por lo tanto, la oficina de admisiones está lejos de querer admitir un montón de alumnos típicos. Y por otro lado, creo que un proceso de admisión exitoso es cuando ambas partes, alumno y escuela, encuentran que coinciden en valores y metas, siendo totalmente sinceros el uno con el otro. Si la oficina de admisiones piensa que realmente no encajas en la cultura del programa, entonces no vale la pena intentar ingresar a un programa donde realmente no vas a ser feliz.