Morir de hambre o morir de enfermos…. ¡No es la solución!, por Michel Hoffmann

En el Perú nos morimos de todo y también de coronavirus. Necesitamos salir adelante como sociedad y la única salida es la reactivación sostenible de la economía, especialmente la informal.

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Este domingo 10 de mayo, un día de la madre que pasará tristemente a la historia, se termina la cuarentena, después de 56 días, pero todavía hay mucha incertidumbre de lo que está por venir.

La principal medida adoptada por el gobierno parecieran ser los auxilios o subsidios económicos. Así muchos grupos de interés vienen haciendo presión para recibir estos beneficios, sin embargo, es inviable sostener a un país entero con entregas de dinero, dinero de todos los contribuyentes, sin un plan integral de reactivación económica.

¿Nos ha dicho el gobierno de dónde sale el dinero, cuánto tiempo durará el asistencialismo y quién terminará pagando la cuenta? ¡No!

De otro lado, según la Cámara Nacional de Comercio, en el Perú la población ocupada con un empleo informal alcanza el 71 %, lo que equivale a 12 millones de personas. Especialmente los sectores agricultura, pesca y minería cuentan con una tasa de informalidad que supera el 90% mientras que el sector de la construcción supera el 75%.

¿Es necesario que todas estas personas, que en su mayoría viven del día a día, y el ahorro es solo un sueño, estén confinados sin poder trabajar? ¡No!

O lo que es peor, ¿es certera la crítica que se les hace cuando salen a trabajar por la necesidad de tener que pagar el alquiler y comprar víveres para su familia, mientras que los más de 1.4 millones de funcionarios públicos siguen cobrando su salario sin ningún inconveniente, al igual que muchos de los formales? ¡No!

El Plan de Reactivación, con sus 4 fases, va, según lo expuesto, hasta finales de agosto, y de lo hasta ahora conocido, todavía se están elaborado normativas y protocolos complementarios. Sin embargo, los distintos ministerios involucrados no han propuesto medida alguna para poder llegar a algún acuerdo con los informales, con políticas sociales basadas en nuestra realidad, que les permita retomar sus actividades económicas y generar sus propios ingresos.

En el contexto peruano, es inviable que todos los informales y/o independientes estén sometidos a un forzado encierro. Para ellos, estar casi 2 meses sin trabajo, significa solo hambre y noches a la intemperie mientras siga esta situación. La vida de cada persona es invaluable, pero dejar a todos los peruanos en cuarentena por igual, no pareciera ser la solución. Así ha quedado demostrado en las múltiples fotos de los mercados y lugares comerciales, que están atiborrados de gente (Con la idiosincrasia peruana, las personas cumplieron en un inicio con las disposiciones restrictivas, hoy, ya no es más sostenible).

Indudable es que nuestros patrones habituales de comportamiento, como individuos, libres y responsables, va a tener que cambiar. Por ejemplo, son indispensables nuevos protocolos de limpieza e higiene personal, mientras que los aforos en el transporte público deben ser reducidos, el uso de la bicicleta impulsado, así como los eventos masivos suspendidos.

En este sentido, por ejemplo, en Colombia ya existe un Aislamiento Colaborativo Inteligente por el cual tanto niños como adolescentes, así como personas mayores de 70 años seguirán en asilamiento, por ser ellos especialmente vulnerables.

¿No es acaso mejor salir de la cuarentena de manera ordenada con un plan integral para todos los ciudadanos, que estirar esta agonía cerrando los ojos ante la salida de las personas de manera desorganizada?

El distanciamiento social es ineludible, sin embargo, a pesar de estar sometidos a una cuarentena la cifras de infectados no ha disminuido. En vez de esto se podría implementar aislamientos sociales por regiones y localidades, mientras que se debería hacer entrega gratuita de mascarillas N95 para su uso indispensable fuera de casa para todos, así como el aumento de tests a nivel nacional (Evitemos engañarnos con mascarillas simples que no cumplen a cabalidad su función de evitar el contagio).

¿Deberían estar los ciudadanos de Madre de Dios y Apurímac con 124 y 111 casos respectivamente contra los casi 33 mil de Lima en cuarentena?

La cuarentena –sobre todo al comienzo– debía ser por un plazo corto, previsible y definido, con el fin de ganar tiempo para desarrollar los protocolos de higiene y distanciamiento, comprar tests y mascarillas y otras adecuaciones necesarias, sin embargo, después de varias extensiones y luego de casi dos meses, se ha incubado una crisis económica sin precedentes.

La realidad nos explota en la cara, siendo la cuarentena solo teórica, puesto que solo algunos la cumplen, los que quieren y los que pueden, mientras que en los mercados o en las zonas populares la cuarentena es un lujo que no se puede costear.

Si continuamos con esta cuarentena y con un plan de inicios de las actividades tan conservador, vamos a terminar con el aparato productivo en ruinas, como al término de una guerra, sin embargo, el coronavirus seguirá presente infectando a más ciudadanos. Más allá de defender una cuarentena estricta y prolongada, basada en la defensa de la vida o una flexible donde se priorice la vida y la economía, con el fin de no tener una recesión que pueda terminar con más muertos que a causa directa de la pandemia, es necesario que cada ciudadano sea responsable de cumplir con los protocolos de higiene y distanciamiento, como individuo solidario y comprometido de una sociedad. Para esto el primer paso, es que este gobierno termine con su totalitarismo y les restituya a todos los ciudadanos sus libertades individuales, especialmente la libertad de trabajo y de libre tránsito.

A manera de reflexión final, y dada la inclinación de muchas personas por las encuestas y de someterse al dictado de las mismas, Datum Internacional, en su último boletín de opinión pública a nivel nacional (abril 2020), encuentra que el 70% de encuestados está “de acuerdo” o “totalmente de acuerdo” con el reinicio de actividades productivas.

Morir de hambre o morir de enfermos no es una solución, pero como sociedad no podemos dejar que el coronavirus nos arrebate todo lo construido en las últimas décadas y para eso hay que tomar decisiones.

 

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