¡Muchísimas gracias!

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Martes 22 de abril de 1997. Era un día soleado de finales de verano. Me encontraba en clase de ciencias naturales, cuando en un momento determinado, la profesora del curso interrumpió por breve instante la clase para anunciarnos que un grupo de comandos había tomado por asalto la residencia del embajador japonés en Lima. Con este anuncio, la clase dejó de concitar nuestra atención, y esta fue desplazada por el saber más sobre lo que había o estaba aconteciendo. Ya en la formación de salida, nos dijeron que en una acción conjunta de las Fuerzas Armadas se había logrado devolverle la libertad a 72 personas que vieron interrumpidas sus vidas hacía 126 días antes. Antes de salir, cantamos a voz en cuello el himno nacional.

Cuando iba en la movilidad hacia mi casa, la conmoción y sorpresa por lo acontecido se evidenciaba en las calles. Nosotros en el auto íbamos escuchando RPP, y si uno bajaba la ventana, podía escuchar a todos los carros, sean taxis, particulares, combis o lo que fueren escuchando las noticias y en algunas tiendas que se vendían televisores, se veían a personas agolpadas frente a estos.

Ya en casa, lo primero que hice fue encender el televisor y ponerme a ver todos los noticieros repetían constantemente las imágenes de la primera explosión que daba el inicio a la operación como el grito de victoria de los comandos al término de la operación y la tirada al suelo del trapo subversivo el cual fue reemplazado por el rojo, blanco y rojo de nuestra bandera; la única. También estas mismas imágenes eran repetidas por los medios internacionales, que en todos los idiomas, no escatimaron elogios –al igual que los medios locales- para la planificación de la operación como del desempeño de los comandos. Horas después, se supo que el Coronel Juan Valer Sandoval, el Capitán Raúl Jiménez Chávez –en cumplimiento de su deber- y el vocal supremo Carlos Giusti Acuña (único rehén fallecido en el operativo), pasaban a convertirse en héroes.

Hasta aquí un breve resumen de lo que mis ojos púberes vieron aquel día. Pero qué realmente se estaba jugando nuestro país con el cautiverio de estos rehenes. Damas y caballeros, lo que nuestro país se estaba jugando no era solamente la vida de las 72 personas, sino también nuestra libertad, democracia y viabilidad como país; principios básicos para el futuro de un país que desee mantenerse soberano y libre.

La decisión de preparar y llevar a cabo la operación de rescate Chavín de Huantar por las autoridades de aquel entonces, fue una forma de mantener intactos los principios mencionados en el párrafo anterior para que nuestro país siga siendo eso, un país verdadero.

Estos 142 hombres que arriesgaron sus vidas, no solamente por la de los rehenes, sino también por la de toda la sociedad en su conjunto; de haber triunfado la acción emerretista, que se liberen a sus presos y se los indemnice, ello hubiese deslegitimado todo lo que hasta ese entonces se había logrado en la lucha contra la subversión, y la bonanza económica y progreso de la última década no hubiese sido posible sin la entrega y el profesionalismo de estos hombres.

A fines de este mes, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), dará su fallo sobre el recurso que presentara la Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH) en representación de tres de los familiares de los terroristas abatidos en el operativo. APRODEH aduce que no se respetó el derecho a la vida de los subversivos. Cabe mencionar que la madre de uno de los emerretistas (el camarada Tito) fue miembra del directorio de APRODEH. El argumento se basa en la carta que enviara el ex diplomático japonés, Hidetaka Ogura en el año 2001, asegurando haber visto un posible “ajusticiamiento” de los tres terroristas antes mencionados. Otros rehenes como el ex canciller Francisco Tudela y el ex vicepresidente Luis Giampietri han desmentido categóricamente la versión de Ogura.

En 2002, por un pedido de la CIDH, los comandos que participaron de la Operación fueron juzgados precisamente por supuesta violación a los derechos humanos de los terroristas en el fuero militar el cual los absolvió. Lo que busca APRODEH –con un fallo favorable por parte de la CIDH el 30 de abril- es que los comandos sean juzgados nuevamente, dado que los demandantes consideran al fuero militar como incompetente para ver este caso.

Para el ex ministro de defensa y ex representante del Perú ante la Organización de los Estados Americanos, quien a su vez es defensor ad honorem de los comandos, Antero Florez Aráoz, en el caso que la CIDH decidiera finalmente dar luz verde al recurso de APRODEH, la entidad supra nacional estaría incumpliendo sus propios lineamientos jurídicos en los cuales estipula que no se puede juzgar a una persona por el mismo delito dos veces, la cosa juzgada y que los procesos deben de tener plazos razonables.

El Estado peruano por ningún motivo debe de permitir que héroes de nuestro país sean vejados sistemáticamente por una institución (APRODEH), que en 2009 envió una carta al Parlamento Europeo solicitando que se retire al MRTA de la lista de grupos terroristas; pedido que fue aceptado por los euro diputados.

La abogada de APRODEH, que está llevando el caso ante la CIDH, Gloria Cano, dice que tanto Valer como Jiménez murieron por “fuego amigo”. ¿A caso ella sabe cómo diferenciar el “fuego amigo” del “fuego enemigo”? ¿Por subjetividad? No lo sé.

Se habla de la violación de derechos, hago estas preguntas: ¿A caso las casi 300 personas que asistieron a esta recepción no se les vulneró el derecho humano a la libertad? ¿Las 72 personas que se quedaron hasta el final en aquel recinto diplomático no se les violaron el derecho humano a la salud y a la libertad? ¿El padre del Capitán Jiménez –que ha sido declarado médicamente con depresión permanente- no tenía el derecho ver desarrollarse a su hijo y a que se cumpla la ley natural de ser enterrado por su vástago y no al revés? ¿El hijo menor de Coronel Valer (quién es cadete de la Escuela Naval) acaso no tiene derecho de ser acompañado por su padre el día que reciba su espada y mando el día que se gradúe? ¿Dónde quedaron los derechos humanos de la anciana madre del vocal supremo Giusti que a su muy avanzada edad tuvo que enterrar a su hijo, como el de sus hijos y nietos a disfrutar al padre y abuelo un poco más de tiempo? Y la pregunta más importante: ¿Acaso el país no tenía derecho a vivir libre y en paz, y no a estar también en cautiverio?

“Chavines”. Muchísimas gracias por darnos un país seguro, pacificado y con el clima para alcanzar el desarrollo. Muchísimas gracias por devolvernos la libertad como país hace dieciocho años, porque como sociedad también éramos rehenes. Muchísimas gracias por no permitir que nuestro país caiga en manos del terror.

“Chavines”, ¡muchísimas gracias!