Mucho ruido, ¿pocas nueces?, por Marcio De la Cruz

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“Covert Action should not be
 confused with missionary work”
Henry Kissinger

La presente cita nos indica que al momento de planear operaciones encubiertas estas deben ser consideradas como un pilar de los servicios de inteligencia, y no como un mero apoyo logístico. Craso error este último, de algunos presidentes, presidentes y no estadistas.

Muchas veces las operaciones encubiertas pueden ser exitosas. De serlo, por antonomasia, se mantienen en secreto. De no serlo,  son presa del llanto de la prensa y del repudio marxista, en todas sus actuales vertientes. Otras veces, el fracaso de algunas operaciones encubiertas permite distraer la atención acerca de otras operaciones.

El 15 de abril de 1961 el ex Presidente estadounidense John Kennedy decidió recortar el presupuesto y apoyo a la operación JMATE. Esta iba a contar con 16 bombarderos B-26 para destruir la cadena logística y de comunicaciones de Fidel Castro. Le ordenó a Richard M. Bissell, Director Adjunto de Planes de la CIA (Ahora, nuevamente de varios años, Directorado de Operaciones) que cancelara los 8 aviones y las operaciones pre-desembarque. Al final, solamente autorizó el despegue de 8 aviones, por considerarlo un asunto algo “bullero”, como le comentó al propio Bissell. Ello impidió que se destruyesen los blancos ya asignados.

La consecuencia fue mayor, uno de los mayores fracasos de política exterior y de operaciones encubiertas en las historia de Estados Unidos. Para el mundo, esta operación fue la invasión a la Bahía de Cochinos, para la CIA, JMATE. Bissell, quien tenía una promisoria carrera y un posible ascenso como Director de la CIA, fue presa de la prensa y de los defensores de Kennedy dentro de su Administración. Al mismo tiempo, Allen W. Dulles, Director y jefe de Bissell en ese entonces fue despedido. Todo esto sucedió antes de tener problemas con John A. McCone, reemplazante de Allen W. Dulles como Director de la CIA, pero es tema de otro artículo.

Este fracaso permitió distraer la atención de una operación casi en simultáneo. Denominada MILLPOND, la CIA, en conjunto con el Pentágono, habían planeado un ataque con otros 16 bombarderos B-26 en Laos contra tropas marxistas. Estos aviones iban a ser operados por Air America y por contratistas del Departamento de Defensa, que despegarían de Takhli en Tailandia. Si bien Kennedy afectado por lo de Cuba, canceló también el apoyo aéreo a la ofensiva del Real Ejercito de Laos contra los comunistas, se llegó a una mejora en la estrategia. Felizmente, se pudo concentrar las operaciones de la CIA en un exigente entrenamiento y apoyo al Ejército en su lucha contra el comunismo.

53 años después se vuelven a cometer crasos errores en Cuba. Nuevamente un Presidente del partido Demócrata es presa de los llantos áulicos de la prensa de izquierda de las conversaciones de pasillo, en vez de defender su interés nacional. Con ello, se ha abierto las puertas a la red inteligencia que más daño ha hecho al Hemisferio, la cubana. Con guerrillas instauradas en Colombia, Perú, Bolivia, Uruguay, todo Centro América y con el control de ALBA, la doctrina Obama-Clinton sigue clamando por su falta de visión. Este cortoplacismo ideológico va a costar caro y la región lo tendrá que asumir como un pasivo más.

Ni siquiera el permitir inversiones (turismo, comunicaciones, puertos) allá ayudara, ya que no tienen un sistema de libre competencia, sino más bien un férreo control de parte del apparatchik marxista, reflejado en el Consejo de Ministros. Eso es simplemente darle dinero de forma directa a la dictadura, no debilitarla.

Lo que si pudiéramos esperar es que con ese ruido, como mencionó Kennedy en 1961, se esté actuando en sigilo en otras zonas del Hemisferio. De repente con operaciones en Venezuela, conversaciones en Nicaragua, o con un renovado plan de operaciones contra narcotraficantes (CN).