Muerte sin sepulcro, por Inés Yábar

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En Perú, muchos se han visto forzados a salir a la calle luego de los huaycos, las inundaciones y las interminables lluvias. Muchos otros han perdido familiares, pertenencias, mascotas o días de clase. Desde hace algunas semanas, el país atraviesa por un tiempo de lucha, pérdida, caos (algo organizado) e incertidumbre. ¿Se imaginan lo que sería vivir eso desde hace ya varios años? Aunque las razones de la falta de hogar no sean las mismas, los sirios viven desde hace 6 años un nomadismo interminable.

La mitad del pueblo sirio (es decir 11 millones de personas) ha sido obligado a dejar sus casas según la ACNUR. El conflicto Sirio que ya lleva 6 años desde sus inicios ha creado una crisis no sólo dentro de sus fronteras sino en los países que acogen a los refugiados. 5 millones se han escapado de su país buscando refugio en los países cercanos o hasta en Europa. En Turquía, hoy en día, hay casi 3 millones de sirios; en Jordania son 657 000 registrados. La mayoría de estos viven en campos de refugiados o complejos provistos por el gobierno. En el Líbano sin embargo, las personas al poder no han establecido “campos” oficiales para los más de un millón de refugiados registrados por la “alta comisión para refugiados de las naciones unidas”.

Esto genera otros múltiples problemas: dificultad de obtención de visa, trabajo infantil, explotación sexual, pésimo trato, humillación, condiciones de vida frágiles… Luego de todas estas dificultades, pruebas y vivencias los sirios se topan con otro problema al fin de sus vidas: la falta de espacio para ser enterrados. Las familias demoran semanas y hasta meses en lograr encontrar un sepulcro para sus seres queridos. Mientras tanto, los cuerpos, ya sin vida, yacen en las morgues de hospitales que cobran por cada día que el cadáver está allí.

A veces, gracias a algunas ONG’s se logran entierros en espacios donde se entierran a los libaneses y que permiten el entierro de Sirios. El precio de un entierro con ritos islámicos de limpieza se encuentra entre 200$ y 300$ que de por sí es difícil conseguir para estas personas que lo han perdido todo. Sin embargo, cada día se vuelve más difícil. Muchas personas tienen supersticiones relacionadas a esos cuerpos o viven con miedo de vender un terreno para tumbas y que eso haga bajar el precio de los bienes raíces.

Lejos de casa, sin pertenencias y a veces sin rumbo, los refugiados sirios no parecen ni poder descansar cuando llega la muerte. Con el corazón roto y el estómago vacío muchos deciden hacer huecos ellos mismos en los cementerios donde casi no hay espacio por la cantidad de difuntos que allí se encuentran. Con las manos llenas de tierra de tanto escarbar, las cajas de cartón se esconden entre las lápidas.

Lo que viven los sirios no es nada nuevo, sin embargo parece haberse olvidado. Las noticias hablan ahora de Londres y se olvidaron de Alepo. No dejemos que eso suceda también en Perú.  En Lima, tenemos el segundo cementerio más grande del mundo: el cementerio de Nueva Esperanza. Lleno de cruces y colores, casi pareciera una ciudad. Sin embargo, así haya espacio, no todos pueden ser enterrados de manera oficial. Tan solo hace unas semanas el huayco llegó de sorpresa una madrugada y mató a Pedro al esconderlo bajo piedras y barro. Sus familiares lo encontraron ya muerto y quisieron hacer los trámites para registrar su muerte pero con tanto desastre, el municipio no tenía sistema. Seguro muchos más como él han muerto en estas semanas y no aparecen en el “conteo oficial”. No olvidemos que siguen habiendo muertes pero sobre todo acordémonos de que podemos ayudar a los que están en vida pero aun sufriendo. #JuntosSíPodemos aún no termina, hay mucho por hacer. Para ayudar a los que hoy se volvieron nómades, tú, ¿qué estás haciendo?