Nadie verá más la polémica cruz de la hoz y el martillo ¿Por qué?

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El Papa Francisco no se ha olvidado de su reacción cuando recibió el regalo de Evo. Todos lo escucharon y ha quedado grabado en youtube para siempre: «No está bien eso», dijo con un rostro serio y hasta molesto. Sin embargo, días después tuvo que rectificarse ante la prensa aclarando que se trata de una simple obra de arte que no le ha causado ninguna ofensa. ¿Por qué cambió de discurso? ¿En verdad no le ofendió?

Es que el Papa ya no es Arzobispo de Buenos Aires, de aquél altar desde donde criticó drásticamente al gobierno de Kirchner, llegando a decir, inclusive, que los «mezquinos intereses» de la clase política opacan el desarrollo de su país.

Bergoglio es hoy Sumo Pontífice y como tal, debe cuidar sus palabras y reacciones cuando se encuentra frente a millones de personas que lo ven in situ o a través de las pantallas. ¿Qué clase de pontífice habría sido al rechazar el regalo de uno de los países más pobres del mundo? Obviamente tenía que aceptarlo.

Sin embargo, sus capacidades diplomáticas, adquiridas en el Vaticano, dejaron entrever todavía ciertas ideas que todos han comprendido bien, respecto a lo que sucederá con el regalo. Préstese mucha atención con las siguientes palabras porque en conferencia de prensa, de vuelta a Roma, un periodista le pregunta acerca de qué sucederá con la cruz recibida por manos del mandatario boliviano. Entonces él responde:

«La traigo conmigo. El presidente Morales quiso darme dos condecoraciones, la más importante de Bolivia y la otro es la orden del padre Espinal, un nuevo orden. Jamás recibí una condecoración, no me viene. Él lo hizo con tanta voluntad, lo hizo con buena voluntad y con el gusto de darme un gusto y pensé que esto viene del pueblo de Bolivia y recé para saber qué hacer con esto. Si me lo llevo al Vaticano irán a parar al Museo, terminará ahí y ninguno jamás las verá. Entonces pensé en dejárselo a la Virgen de Copacabana, la madre de Bolivia. En cambio el Cristo lo traigo conmigo».

Quizás todos se habrán indignado con las primeras palabras, «la traigo conmigo», sin embargo resulta algo difícil entender la fina sutileza del líder católico cuando dice después que nadie más la verá. Es decir, hace una diferenciación entre la cruz y las condecoraciones recibidas, indicando que prefirió dejar las condecoraciones a la imagen de la virgen María, para que el pueblo boliviano pueda recordarla, quizás, como la mujer condecorada. Acto seguido, indica que se lleva la cruz para que ubicarla en un lugar donde «terminará ahí y ninguno jamás las verá»

Luego de estas palabras, con otra dosis de delicadeza, llega a calificar que se trata de «arte de protesta», que puede generar que muchos se sientan ofendidos.

¿Ahora sí? ¿Ya se entiende mejor? Entonces conclusión: El Papa, por su nueva formación diplomática y en calidad de líder, ha debido aceptar el regalo de Bolivia, dejando entrever después que quedará guardado en un lugar donde no lo verá nadie. Ahora, saque usted sus conclusiones y comente si cree que al Papa le gustó o no el regalito de Evo.