Necesitamos un jefe de estado, por Raúl Bravo Sender

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En el último balotage del Domingo 5 de Junio se habría roto la línea de sucesión presidencial, pues conforme a los últimos cuatro procesos electorales, le habría tocado asumir la Presidencia a Keiko Fujimori, dado que venía ganando el que en las anteriores elecciones había quedado en segundo lugar (Toledo 2001, García 2006, Humala 2011 y, ¿Keiko 2016?). PPK quedó tercero en el 2011. Con esto ¿habrá establecido una nueva regla en los balotages? ¿Tendrá opciones Verónika Mendoza para el 2021?

De darse los resultados oficiales de que el candidato PPK fue elegido por el electorado, éste puede pasar a la historia como el Presidente de la concertación y de las reformas institucionales pendientes en el país, pues todas las fuerzas políticas están de acuerdo en que los principales temas de la agenda nacional son: el combate a la delincuencia, a la inseguridad ciudadana y, al narcoterrorismo, así como la inversión pública en educación y, la formalización de los micro y pequeños empresarios.

Sin embargo, PPK no la tendría fácil. Se sostiene que este virtual triunfo no sería mérito propio. El movimiento “No a Keiko” y el tardío apoyo de Verónika Mendoza, terminaron endosándole los votos del sur peruano. También es cierto que a raíz del último debate presidencial, se vio a un PPK más enérgico y firme frente a una dinámica –aunque soberbia- Keiko, siendo factor determinante la acertada –aunque tardía- respuesta del: “Tú no has cambiado pelona”, parafraseando a Nicomedes Santa Cruz.

El escenario que le esperaría a PPK es el de una abrumadora mayoría naranja en el Congreso. Por lo que en este contexto necesariamente tendría que tender puentes con el fujimorismo para darle gobernabilidad a las políticas públicas impulsadas desde el Gobierno. En juego está la figura del voto de confianza al primer Gabinete de PPK, el cual por ley tendría que pasar por el -¿callejón sin salida del?- Congreso. Hagamos del Presidente sólo un Jefe de Estado.

No me imagino a un PPK inaugurando una posta médica, un colegio o una carretera. Esa es una función del sector competente, y para eso están los Ministerios, los Gobiernos Regionales y, los Locales. La política de gobierno debe estar encomendada a un Primer Ministro político, para darle su lugar a la figura del Jefe de Estado, y así éste no termine embarrándose con la política del día a día. PPK debe mentalizarse eso y buscarse un Premier que tenga la capacidad de negociar con todas las fuerzas políticas.

Un PPK al margen de la confrontación política –como un monarca europeo que es Jefe de Estado y deja que los partidos políticos interactúen por el poder-, puede servirnos para darle gobernabilidad al país, en el actual contexto de polarización que nos ha dejado este proceso. Necesitamos un PPK dirimente que se sitúe entre la izquierda y todos sus matices -hasta los más radicales- y la derecha conservadora –incluida la autoritaria representada por el fujimorismo-, para reconciliar al país y sanar heridas.

Lo que ha quedado claro es que el Perú está partido, no sólo en cuanto a opciones políticas, sino también geográficamente. El sur demanda una clara respuesta. Y fue la misma región que hizo ganar a Ollanta Humala. Existe una cuenta por saldar con el sur peruano. En un eventual gobierno de PPK, éste debe capitalizar esta región que, de seguro, se sentirá con justo derecho en ponerle la agenda al gobierno para que atienda sus demandas. De lo contrario, puede ser el caldo de cultivo de conflictos sociales.

Finalmente, durante estos cinco años, es probable que muchos actores políticos condicionen su comportamiento en función al 2021. Algunos ya lo hicieron, como Alfredo Barnechea, quien no se inclinó ni por PPK ni por Keiko. Este periodo no es de cálculo político sino de consensos, dejando de lado las diferencias para ganar el tiempo perdido por el actual gobierno, pues ya acabó el recreo y el piloto automático.

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