Neuronas GPS para recorrer la ciudad, por Verushka Villavicencio

«Caminar por la ciudad resulta una actividad cotidiana para todos nosotros. Pero si fuésemos personas con discapacidad intelectual, la figura cambiaría drásticamente».

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Caminar por la ciudad resulta una actividad cotidiana para todos nosotros. Pero si fuésemos personas con discapacidad intelectual, la figura cambiaría drásticamente.

Las personas con discapacidad intelectual presentan dificultad para adaptarse al entorno y desarrollar su vida diaria. Esto quiere decir que, es el entorno que debe adaptarse para lograr que puedan desarrollar su vida con naturalidad.

En el Perú, según el último censo del 2017, tenemos 3,051,612 personas con discapacidad, de las cuales 462,060 presentan dificultad para moverse y caminar. Además, tenemos a personas con dos a más discapacidades. Estos, representan el 18.5%, es decir 563,922 peruanos.

Para todas estas personas, moverse por la ciudad representan un reto porque perciben los sonidos de los autos, los huecos en la vereda, la ausencia de rampas accesibles, la saturación de mobiliario urbano en las esquinas, la presencia de bicicletas que suben a la vereda y se cruzan frente a ellos, los olores de la basura acumulada en las esquinas y las personas que los empujan o adelantan como situaciones que les causan estrés. De esta forma su organización espacial se altera y además de desubicarse, su estado emocional se afecta. Lejos de disfrutar caminar, se sienten totalmente frustrados y progresivamente comienzan a tener miedo a la ciudad.

Justamente en el 2014, tres investigadores recibieron el Premio Nobel de Medicina porque encontraron en el cerebro un conjunto de células que facilitan la ubicación espacial. Este hallazgo ayuda a entender cómo nos ubicamos en la ciudad. Fue John O´Keefe, quién en los sesenta, debido a su experimentación con ratas, encontró las llamadas “neuronas de la ubicación”. Estas neuronas dan información al cerebro sobre puntos determinados, no almacenan rutas, tampoco elaboran un sistema de navegación, por tanto, no permiten movimientos dirigidos ni la orientación en el espacio. En suma, sólo anuncian que se ha llegado a un destino. Entonces, ¿cómo elabora el cerebro, un mapa tridimensional para ubicarse si sólo cuenta con datos aislados?

Esta incógnita la solucionaron los esposos, May-Britt Moser y Edvard Moser, quienes descubrieron en el cerebro a las “células red”. La función de estas células es generar un sistema de coordenadas que permite a la persona ubicarse en el lugar, así como, la navegación espacial. Este sistema se denomina: el GPS cerebral.

El GPS cerebral es nuestro sistema para ubicarnos en la ciudad. Almacena los recuerdos que estimulan nuestros sentidos. Así, en el caso de las personas con discapacidad intelectual que guardan en su cerebro lo que les impacta, este sistema es clave para su ubicación espacial. Si caminan por una calle con veredas llenas de huecos, cruzan una esquina usando una rampa no accesible, escuchan las bocinas de los autos, encuentran por el recorrido olores de basura depositada en la vía pública y reciben empujones de peatones o son sobrepasados por bicicletas, entonces su experiencia de caminar por la ciudad resulta intimidante. Todos estos estímulos les producen recuerdos ingratos y les impactan negativamente.

Una ciudad accesible para las personas con discapacidad intelectual debe controlar el entorno y facilitar que el recorrido sea amigable.

Pero no toda la responsabilidad en la construcción de una ciudad accesible la posee el estado. Los ciudadanos podemos hacer nuestra parte si somos capaces de realizar acciones que mejoren la vida de todos. Botar la basura en su lugar a la hora que corresponde; evitar sobrepasar a las personas que caminan por la vereda mientras usamos bicicleta o scooter; respetar el ritmo de la caminata de cada persona y no empujarlos para ganar la vereda; dejar de tocar el claxon de forma estridente; entre otros. Pero lo más importante es dar un trato amable y confiable a quien nos solicite ayuda en la calle.

Nuestro GPS cerebral para caminar por la ciudad debería guardar recuerdos gratos vinculados también con los rostros de personas amables que nos puedan brindar una sonrisa.

Una cultura de inclusión es una cultura de respeto hacia todos los ciudadanos, sobre todo, si tenemos en cuenta que algunos requieren de medidas adecuadas para integrarse.

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