Ni drogado, ni amenazado, sólo una pugna de narrativas, por Daniella Ravelo

«La prensa alternativa, que es altamente consumida en Facebook y radios locales, ha desplegado una labor intensa de construcción de narrativas y fake news cuyo resultado parece indicar su mayor logro. Es decir, que las percepciones de la realidad alejadas de hechos objetivos no cambien incluso y necesariamente con más información.»

1.435

El 24 de febrero, una encuesta de Ipsos mostró que el 51% de los peruanos creía que el Congreso había dado un golpe a Pedro Castillo, y no había sido este último quien anunció un golpe de Estado en televisión nacional. Primera narrativa. Castillo no solo intentó disolver ilegalmente el Congreso al estilo de Alberto Fujimori en 1992, sino que también quiso declarar «en reorganización» al Poder Judicial y al Tribunal Constitucional. A pesar de la evidente realidad que muchos presenciamos el 7 de diciembre, cierta izquierda peruana y presidentes de la región salieron a defender lo indefendible, e incluso trataron de vender la idea de que Castillo estaba drogado o que el Congreso era el golpista.

Pese a ello, el pasado domingo 5 de febrero, el programa de televisión “Panorama” compartió un video que muestra los minutos previos al mensaje a la Nación en el que Castillo dio un golpe de Estado. Este video no solo presenta a un Pedro Castillo lúcido, con sus cinco sentidos en marcha e incluso sonriendo, sino también a Betssy Chávez en coordinaciones, quien fue su premier en ese momento y negó estar al tanto de la situación. Este histórico destape rompe, a mi juicio, con dos narrativas. La primera y difundida por un sector de la izquierda, es que a Castillo lo drogaron o amenazaron. Dos ideas que quedaron en el imaginario de muchos ciudadanos y más aún en provincias. Y, la segunda, desde un porcentaje de la derecha, que señalaba que Castillo no estaba en la capacidad intelectual para hacerlo. Pese a ello, y aunque se ha dicho hasta el cansancio que fue Castillo quien dio el golpe y no el Congreso como la narrativa de la izquierda sugiere, todo parece indicar que este tipo de percepciones no suelen cambiar necesariamente ante más información. Al final del día es una pugna de narrativas y todo indica que la izquierda y la prensa alternativa han jugado bien sus cartas.

En esta línea, es importante señalar el papel que ha cumplido la prensa alternativa en el país como maquinaria de fake news y narrativas que se han impregnado en el imaginario político. Por ejemplo, algunas afirmaciones falsas mayormente difundidas en el sur del país son que a Castillo le dieron un golpe de Estado, que los contratos ley vencen en 2023 o que los yanquis se llevan el litio. Ninguno de los tres cuestionamientos es verdadero. El resultado de esta narrativa que sin duda ha calado en la ciudadanía y especialmente en el interior del país, puede verse reflejado en la misma encuesta de Ipsos. Así, mientras que en Lima sólo el 35% cree que fue el Congreso quien le dio el golpe a Castillo, en las opciones “otras ciudades” o “rural”, el porcentaje alcanza el 56% y 69%, respectivamente. La prensa alternativa como medios profundamente ideologizados muestran a la vacancia no como una respuesta ante un golpe de estado, sino como una venganza de las “élites» en contra del pueblo. De esta forma, la prensa alternativa que es altamente consumida en Facebook y radios locales ha desplegado una labor intensa de construcción de narrativas y fake news cuyo resultado parece indicar su mayor logro. Es decir, que las percepciones de la realidad alejadas de hechos objetivos no cambien incluso y necesariamente con más información.

Esta idea, además, se puede contrastar con una entrevista que se le hizo a Castillo el 7 de febrero días antes de la encuesta citada de Ipsos. Esta entrevista que Castillo dio desde el penal Barbadillo al medio español “El Salto”, es sumamente interesante. En primer lugar, ante la pregunta “¿Qué ocurrió el 7 de diciembre? ¿Se trató de un intento de subvertir la institucionalidad peruana?”, él contesta que “jamás intentó subvertir la institucionalidad peruana” sino que “fue una reivindicación de mi parte”. Esto demuestra que estaba en plena capacidad y facultades de darse cuenta de los hechos. Él sabía que había dado un mensaje a la Nación incluido todo lo que leyó. Así, aunque en sus palabras él “no intentó subvertir la institucionalidad” (lo cual es falso), lo cierto es que demuestra que Castillo no estaba obligado ni amenazado. En segundo lugar, no debemos olvidar que frente a todas las versiones de allegados de Castillo de que lo habrían drogado, la Fiscalía ordenó exámenes toxicológicos a los que Pedro Castillo se negó. Sin lugar a duda, y como punto aparte, sería interesante tener una nueva encuesta para ver la influencia del video emitido por “Panorama” en la población.

Como tercer punto, me gustaría hacer una precisión con respecto a un contraargumento y narrativa contra el modus operandi de la vacancia de Castillo tras el golpe. Muchos defensores de Castillo argumentaron no sólo que la vacancia de Castillo tras el golpe había sido en venganza y un plan de la “ultraderecha”; sino también, que dado que el Congreso ya estaba disuelto ya no tenía las facultades para hacerlo. En adición, señalaron que no se llevó a cabo un debido proceso, y que por esa y otras razones, también era un Congreso golpista. Frente a ello, habría que partir diciendo que Castillo no estaba bajo ningún supuesto constitucional para disolver el Congreso. Pero segunda idea y también importante, es preguntarnos lo siguiente: ¿Había sido razonable permitir que Castillo siguiera siendo presidente (con poderes absolutos) hasta que no se agotaran los plazos del procedimiento regular? ¿Deberíamos haber permitido que se fugara? ¿Qué hubiera pasado si no se hubiera declarado la vacancia en ese momento? La realidad demostró que, en una situación atípica e imprevista de un golpe fallido, no había forma en la práctica de que Castillo ejerciera una defensa “normal”. ¿Acaso el Congreso lo iba a citar a las 4:00 p.m. para que diera sus declaraciones cuando literalmente estaba huyendo a la embajada de México? No había otra salida.

Ni en el orden peruano ni en el colombiano -por mencionar un país-, existe un manual o proceso para el Legislativo que indique qué hacer para destituir a un presidente que acaba de disolverte ilegalmente y cuyo golpe no tuvo éxito. Por supuesto, si el golpe hubiera tenido éxito, la historia hubiera sido diferente. Por ejemplo, cítese el caso de Fujimori. Así, frente una situación totalmente imprevista y excepcional en el orden constitucional que implicaba un quiebre del orden democrático, el Congreso tenía que defender no solo su fuero, sino también un principio primordial que estaba en juego y que debía ponderarse: la defensa de la democracia. ¿Era mejor quedarse con un dictador y sin garantías para los ciudadanos? No lo creo.

En resumidas cuentas, todo esto ha demostrado que estamos en una constante lucha de narrativas. La prensa alternativa y la izquierda han evidenciado que han jugado todas sus cartas para hacer que su narrativa se sobreponga a la realidad y objetividad. Así, el video emitido por “Panorama” derriba ciertos mitos como el que sugiere que Castillo estaba drogado o amenazado. Aunque, sin lugar a duda, no va a sobrar alguno que aún defienda lo indefendible. Pero aun así y más importante, nunca está de más volver a recalar que no fue el Congreso quien en venganza y en contra del pueblo vaca a Castillo sin un debido proceso, sino que fue el Congreso quien declara su vacancia frente a la expresión explícita y pública de una disolución ilegal del Legislativo y un consecuente golpe de Estado por parte de Castillo.

Lucidez.pe no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.