#NiUnoMenos, cuando el machismo mata, por Aldo Cisneros

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A Milagros Rumiche defender su vida casi le cuesta la misma. Por ser mujer.  Por decirle basta a los abusos Carlos Feijoó denunciándolo. Porque los policías (también varones) de esa infame comisaría no le hicieron caso. Por ser mujer. Después de todo, ellas siempre esconden algo y sino, siempre muestran de más.  No nos olvidemos de eso, y si  lo olvidamos los hombres de #NiUnoMenos recordaremos a este país que nosotros también sufrimos. Quién sabe,  quizá Milagros usaba a Carlos Feijoó como banco, como trapo, como zapatilla y el hombre decidió defenderse y ante ello la agresora lo denunció sin importarle que es el padre de su hijo. Ahora todo el país se solidariza con ella y las mujeres mientras que Carlos ha tenido que fugar ¿Quién piensa en los hombres?

¿Por qué marchar por un grupo cuando todos los grupos sociales sufren? Claro, dirán que no todos padecen por las mismas razones ni en la misma intensidad. Saldrá el INEI mostrando en sus cálculos más cautos que el 87% de casos de violencia doméstica es contra las mujeres, pero es que un hombre agredido por su mujer no va a denunciarla pues. Macho que se respeta no anda diciendo que su mujer lo maltrata. Sin embargo, dadas las circunstancias, en #NiUnoMenos decidimos romper con el silencio, alzar nuestras voces: estamos hartos de pagar las cuentas, de ir a la friendzone si somos detallistas, de ir a la comisaría si somos machos, de ir a la cárcel ahora que se puso de moda el feminismo.

Ellas dicen vivir en pedazos de miedo. Miedo en las calles de noche y de día. Ahora todos somos violadores. Por ser hombres. Juran que van por ahí llenitas de temor a no cumplir las expectativas de su familia, de su pareja, de nosotros, metas que no han escogido pero que hemos escogido  para ellas. Menos mal, si ellas decidiesen todo eso no sería igualdad, pues.  Van por allí asegurando que  sienten culpa.  Tranquilas, siempre tendrán un motivo para sentirla aquellas que aún tienen conciencia de lo que una buena enamorada, esposa y madre tienen qué hacer y está bien, esa culpa a ratos les recordará su camino. Si no se respetan a sí mismas ¿cómo esperan que las respetemos? No saquen ahora el cuento de la autonomía, que una cosa es libertad y otra libertinaje. Una cosa es que las mujeres pidan igualdad y otra muy distinta es que anden buscando privilegios.

Quisiera con toda mi alma que lo que ha leído líneas arriba sea una mera parodia y no, además el retrato de lo que millones de hombres creen y defienden con fervor. Me ha dolido cada letra, me ha dolido saber que cada tecla era una aproximación, un paso más cerca de narrar  nuestra triste realidad. Somos un infierno para las mujeres que no mejora, no se disculpa y casi nunca se excusa y cuando lo hace habla del sufrimiento masculino de la forma más imbécil. Y es que la violencia contra los hombres existe y siempre será noble denunciar el sufrimiento de cualquier grupo o individuo vulnerable.  Lo malvado es querer deslegitimar el dolor de las mujeres banalizando lo que pueden sufrir los hombres. Lo estúpido es querer hacer pasar desilusión amorosa o la disparidad en el aporte financiero como violencia, cuando son hechos tan intrascendentes que sólo sirven para hacer memes cojudos e indolentes. Esa indolencia con lo indecible que sufren las mujeres día a día da como resultado un Perú lleno de tragedias. Tragedias en las que unas como Milagros sangran, pocos hombres lloran y muchos, muchos, perversos idiotas a lo lejos, ríen mientras postean #NiUnoMenos. Reír sobre la sangre ajena. Porque es de mujer.

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