No deber(í)an aplaudir, por Inés Yabar

202

La semana pasada, 196 países aprobaron un acuerdo climático en Paris. Se habrían comprometido a reducir la emisión de gases a efecto invernadero para tratar de disminuir el calentamiento global sin permitir que el clima se caliente más allá de 2ºC superiores a la temperatura actual. Muchas personas celebran, aplauden este acto diplomático, se dicen que las cosas van a cambiar. ¡Los Estados Unidos, China e India lograron llegar a un acuerdo! ¿Pero qué tan eficiente es? ¿Cuáles son los cambios concretos que veremos ahora?

La verdad es que no se han comprometido a nada. Los representantes de los casi 200 países se reunieron por 2 semanas, conversaron, redactaron un texto y crearon el acuerdo. Uno que todos esperábamos … o al menos eso creíamos.

En realidad no han sido 2 semanas de negociaciones sino 21 años. Sí, desde 1994 con la creación de la UNFCCC (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático – por sus siglas en inglés) donde se reconoció oficialmente el problema del calentamiento global. Desde entonces se ha intentado actuar o por lo menos se ha fingido estar preocupados. Pero todos sabemos que los países industrializados más se preocupan por su economía. Y entonces, ¿desde 1994 se negocia para llegar a un acuerdo que no entrará en vigencia hasta el 2020? ¿Un acuerdo donde nadie está obligado a hacer nada?

Como lo oyen, nadie está legalmente obligado a actuar. Los Estados Unidos se negaron a firmar un documento que diga: “Los países desarrollados deberán continuar a liderar mediante la realización de los objetivos de reducción de emisiones absoluta en toda la economía”. Una simple palabra los molestaba: “deberán”. La querían cambiar y sustituirla por “deberían”. Una simple “i” que cambia todo el peso legal del asunto. Pero cambiar una simple palabra daba oportunidad a otros países a reclamar también, así que el líder del secretariado sobre cambio climático de la ONU anunció que se trataba de un error de tipografía y agregaron la “i”. Se mostró así el peso de los EE-UU, la importancia de las palabras y el casi nulo peso de un documento que todos pensamos cambiaría el mundo, y que al final es hasta más débil que el acuerdo de Copenhague.

No digamos que solo es culpa de los Estados Unidos, el documento fue elaborado en conjunto y a nadie se le ocurrió incluir palabras como “combustibles fósiles”. Nadie ni siquiera susurró “aceite de palma”, “deforestación” o “gas”. ¡Pero es necesario dejar 80% de los combustibles fósiles en el suelo para no aumentar de 2º más la temperatura planetaria! Sería necesario entonces mencionarlos siquiera en el acuerdo, pero no se hizo.

Los países tampoco se han comprometido monetariamente a la escala necesaria. El monto que se va a movilizar para reducir emisiones y adaptar mecanismos es de 100 billones de dólares por año. Sin embargo, se necesitarían más de $800 billones para convertir el mundo en libre de combustibles fósiles y protegerlo de los impactos del cambio climático. ¡No se va a cubrir ni 12% de lo necesario con el monto fijado!

Asad Rehman lo resume perfectamente “Este acuerdo es el más grande escape para grandes contaminadores y un cáliz envenenado para los pobres. Tenemos palabras tibias sobre los niveles de temperatura, pero ninguna acción concreta.”