No estoy indeciso (votaré nulo), por Eduardo Herrera Velarde

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Honestamente, estoy aburrido, hace muchos años de votar por descarte o votar en contra de alguien. Esta vez elijo no elegir.

El primer cuestionamiento que saldrá, seguramente, ante una decisión como esta, es que favorezco a partidos nefastos al “ayudarles” causalmente a superar la famosa valla electoral. Pues seguramente eso pasará, y no solamente se verán beneficiados esos partidos cuestionados, sino también aquellos otros que no lo son e incluso los que están primeros en las encuestas. En realidad, obsérvenlo, terminan favoreciéndose todas las organizaciones, lo cual parece una abierta contradicción. Así es nuestro sistema.

No votar tiene un impacto económico que, simplemente, no tengo la intención de asumir por más pequeño que sea. Es un asunto de coherencia. Quiero votar por protesta. En este país votar, se ha convertido en un deber-derecho. Otra contradicción.

En el fondo, en el origen de la decisión simplemente no creo en el Estado. Menos en un Estado como este ineficiente y caduco. Tiene una falla de origen que es la coerción. En países como los nuestros esto se aprecia de manera más evidente. El Estado te roba (con los impuestos) y luego de vuelve a robar (tirándose literalmente los impuestos). Doble falta.

Viendo nuestra realidad no creo en ningún partido político. Todos tienen mácula de base. Todos tienen cuestionamientos. Algunos ideológicos (esos que hacen bonitos spots, pero con ideas desfasadas e inservibles o que dicen ser liberales, pero a medias), otros con problemas serios de estructura interna (es líder solo el que tiene billete), en fin, simplemente así no se puede.

Es cierto que hay buenas propuestas individuales. En estos casos esas personas se apoyan en tratar de presentar una campaña separada como si se tratara de algo inorgánico. No, quienes van bajo el logo de un partido adoptan todo lo que implica ese partido (por ejemplo, su organización, su líder, sus ideas) así vayan de “invitados”. No se trata de campañas separadas. Hay un “todo” atrás y no se puede desconocer. Simplemente, hacerse el desentendido no es coherente.

¿Qué si aspiro a la perfección? Sí, claro, aunque me encuentre muy lejos. Aspiro todos los días a ello. No me gusta elegir por un mal menor, es mediocre. Eso no implica que aspiro a seres perfectos, sino todo lo contrario, aunque parezca una “cantinflada”. Aspiro a candidatos con errores, con fallas, con fotos imperfectas, con brutal honestidad y sin maquillaje, que no se esfuercen por agradar ni se acomoden al discurso de moda eso abarca la coherencia. Acuérdense, quien se acomoda, se acomoda siempre.

Me da igual si piensan que estoy financiado o que estoy haciendo campaña a favor de alguien o contra alguien. Quería decirlo a los cuatro vientos, conociendo perfectamente mis responsabilidades y sus consecuencias. Por eso, en estas elecciones, optaré por mi derecho a no elegir que es una alternativa válida entre el menú. Simplemente no quiero. Votaré nulo.

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