“No me gustaría llenarme de hipsters”

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Paul Montjoy es un joven escritor que recientemente celebró el primer aniversario de su primer libro, “Relatos desde el Hígado”. Además es estudiante de derecho e historia, militante político y columnista de opinión. Esta semana converso con Lucidez sobre este libro, pero también sobre el panorama actual, sus proyectos a futuro y lo que le falta a la literatura peruana para despegar.

¿Cómo decidiste empezar a escribir?

Es algo que no se decide, es algo que nace, que lo invade a uno desde lo más profundo de su ser. Empecé a escribir muy cuando fui menor, algunos poemitas, o historias cortas. Siempre me gustó contar historias, de ser un gran mentiroso, de vivir en el mundo literario. Todos los hombres tenemos la necesidad de escuchar historias, desde los antiguos mitos religiosos para justificar los desastres naturales hasta hoy, otros tenemos la necesidad de contarlas, tal vez sea el producto de una disconformidad con el mundo en que vivimos.

¿Pensaste en publicar desde el inicio? ¿Cómo tomaste la decisión de sacar tu primer libro? ¿El proceso fue fácil?

No, las primeras cosas que escribí son cosas que tal vez jamás publique. Todo empezó como un juego, llenar el papel en blanco, jugar con alguna máquina de escribir olvidada en el estudio jurídico de mis padres. Actualmente guardo una Remington como uno de mis más grandes tesoros, incluso me animo a escribir algunos versitos allí. Me propongo publicar cuando sentí que podía mostrar escritos dignos. “Relatos desde el hígado” es el cuarto libro que escribí, lo anterior espera aún por modificaciones y mejoras. El proceso de publicar no es difícil si es que se tienen los medios para hacerlo. En mi caso no fue así, la cosa no fue fácil. Esto se debe a que las grandes editoriales se manejan en un mercado acultural (Que busca el vender por vender) y las editoriales independientes se manejan por el dinero de quien quiere publicar. Yo no encajé en ninguna de las dos. Tuve la suerte de encontrarme con Ani Palacios y Pukiyari editores.

¿Quién es “tu unicornio azul” al que dedicas el libro?

Fíjate que todo el mundo me pregunta eso. Me gusta mucho escuchar a Silvio Rodríguez, más allá de que yo no sea pro castrista, me parece que es una de las voces más bellas de Latinoamérica. Una de sus canciones más triste se llama “Mi unicornio azul”. Me di cuenta que el unicornio azul puede ser cualquier cosa es muy preciado y querido. Para mí, mi unicornio azul son todas las personas a las que quiero, mis metas y todo aquello perdido también. Salud, es un gran brindis, por todo lo que fue, es y será.

¿Cuáles son tus principales influencias?

Siempre que me preguntan esto, respondo cosas distintas. Es que uno se influencia de todo, la vida es una gran fuente de inspiración. Si reducimos el ámbito y nos quedamos en solo lo literario, sigue todo siendo muy amplio. Cortázar es uno de ellos, sobre todo, sus cuentos y su concepto de la literatura como un juego de niños. García Márquez, que es todo un mundo nuevo. Para mí, su mejor obra es El amor en los tiempos del cólera. El realismo mágico había comenzado antes, pero el realismo mágico de Márquez es tan imponente que hace que se reduzca el significado del mismo a su obra. Bryce, me parece que su obra marca muchos aspectos del limeño, me divertí muchísimo con La vida exagerada de Martín Romaña. Mario Vargas Llosa sin duda, esa construcción de la historia armada milimétricamente. La guerra del fin del mundo, Pantaleón y las visitadoras, Travesuras de la niña mala, La fiesta del Chivo, hay varias.   Julio Ramón Ribeyro, su manera simple de narrar los cuentos, etc. En poesía, Cesar Vallejo, Blanca Varela y Neruda. Hay muchos más Herman Hesse, Michael Ende, Saramago, Wilde, Poe, etc.    Seguramente la lista irá creciendo conforme pasen los años.

Tus personajes son muy disimiles. ¿Cuál es la porción o el aspecto de la realidad que te “jala” más para escribir?

Todas las persona somos disímiles, yo no quisiera ser Pablo Ferreyros, como a ti no te gustaría ser Paul Montjoy porque estoy un poco loco. Bueno, eso ocurre también con los personajes, son distintos y quieren ser distintos. Uno puede armar su boceto de personaje pero, cuando se comienza a escribir, uno se topa con muchísimas sorpresas, incluso algunos personajes terminan totalmente distintos a lo que se planificó. Lo que más me “jala” a escribir de la realidad es lo que me incomoda, se me hace más fácil armar un personaje de aspectos que no me gustan. Hay mucha crítica social en lo que hago, no es para menos, vivimos en una realidad que es muy fácil para algunos y muy difícil para otros, hay demasiada desigualdad. Al ser una sociedad tan desigual, se crean micromundos muy distintos, la interacción de esos micromundos es lo que me “jala” a escribir.

¿Cuál es tu tipo de escritor? ¿Y tú tipo de lector?

Algunos dicen que para ser escritor hay que ser bohemio. Ese concepto cambió mucho a finales del siglo xx, incluso, nuestro único nobel es considerado un escritor profesional. Mi caso, me gusta un poco de ambos, me gusta lo académico, las bibliotecas, etc, pero también los bares, la noche y sus aventuras. Creo que eso soy yo, una mezcla entre lo bohemio y lo profesional, digamos, un bohemio disciplinado, algo así, en fin. Definitivamente los niños no son mi tipo de lector, luego, creo que todos los demás pueden leerme. Creo que quienes se van a sentir identificados con mi obra serán aquellos insatisfechos con el mundo actual. Aquí entre nos, no me gustaría llenarme de hipsters. Me parece que para amar la literatura se necesita algo más que una bufanda, un sombrero y un cigarrillo. Relatos desde el hígado tiene eso: irreverencia.

El cuento con el que abres tu libro, “En aquel puerto”, hay mucha influencia de Pimentel, pero llama la atención que mezcles la añoranza y lo evocativo con lo critico y hasta distante. ¿Cómo es tu relación con este puerto?

Hemos conversado muchas veces de eso, tú debes sentir lo mismo que yo. Al vivir fuera de él siempre lo añoro con mucha nostalgia. Un amigo mío, José Manuel Carneiro, dice que Pimentel es mi centro literario. Es verdad, cada vez que regreso se me llena la mente de historias. Y es que Pimentel tiene, que se yo, una magia, un magnetismo. Tú lo sabes bien, no soy mucho de playa, pero me gusta caminar por el malecón, ver el mar, las gaviotas, estar con los viejos amigos a pesar de que todos nos hayamos ido por caminos distintos, disfrutar de las olas, los edificios que me vieron crecer (algunos de ellos ya los han demolido). Eso lo que a veces me genera miedo: que Pimentel cambie mucho y que cuando pasen los años sea irreconocible. No solo estéticamente sino también por su gente, cada vez llegan más personas a vivir allí. El puerto ya es distinto al que era cuando era niño, seguirá cambiando, es inevitable y esto genera una profunda nostalgia.

El personaje de “musa desconocida” es claramente otro tú ¿no? ¿La historia que cuentas te paso en la realidad?

Sí, y es una historia que, ahora que lo pienso, es muy graciosa. Estaba con un grupo de amigos en un stand up comedy en Miraflores y, de pronto, ingresó una chica que me llamó mucho la atención. No pude dejar de verla, mis amigos se dieron cuenta, por supuesto, y comenzaron a fastidiarme. Estaba entre hablarle o no, pero no quise parecer un loco y dejé que se vaya. Nunca más supe de ella, ni su nombre. De allí sale la historia. El lugar surgió porque esa misma semana fui a la ópera “La flauta mágica” de Mozart en el Gran Teatro Nacional. Una mezcla de todo eso, más un poco de whisky dio origen al cuento. Que, por cierto, es uno de los que más cariño le tengo.

¿Qué pasa al final con los protagonistas de “Juego de primos”? ¿Se suicidan? ¿A qué se deben sus nombres de tragedia griega? La influencia de “Cien años de soledad” es notable, sobre todo en la forma de narrar, pero también le encuentro similitud con una película medio polémica de Bertolucci, Los Soñadores. ¿La has visto?

Lo dejo allí. Es un final abierto para que el lector le dé un poco de su propia magia. Los nombres griegos son por el amor que se tienen estos dos primos. No olvidemos que Electra y Orestes, a pesar de que eran hermanos, se amaban. Acá ocurre algo similar, dos primos que se aman, de allí los nombres. Son cosas que ocurren en la realidad ¿Algo de cien años de soledad? Puede ser, todos los libros influyen, puede ser realismo mágico. La vida en América Latina es un realismo mágico, convivimos entre la realidad y la fantasía. Entre la medicina y el curandero, entre las fiebres y el mal de ojo. Sí, algo tiene que ver con Los soñadores, en esa utopía que hay que perseguir. Como esa canción de Joaquín Sabina Pájaros de Portugal, donde dos niños se escapan de su pueblo natal para ver el mar.

“Cuenta regresiva” tiene claras connotaciones políticas sobre la modernidad y la idea de progreso. Háblame de ellas.

Es una crítica fuerte al progreso negativo; es decir, aquel que por dinero destruye lo realmente valioso. El progreso y la modernidad son buenos cuando favorece al individuo, cuando lo desarrolla intelectualmente. Lo que ocurre, en todo el mundo, es que existe un progreso ficticio, solo es un desarrollo económico ¿De qué nos sirve el progreso económico si el hombre se “estupidiza” más? Actualmente, los hombres estamos al servicio del progreso y no al revés, como debería ser. La Paternidad moderna también tiene una crítica parecida. Los pueblos deben desarrollarse pero sin perder la identidad.

¿Qué piensas de tu libro? ¿Te dejo satisfecho? ¿Qué le faltó?

Le he ido agarrando cierto cariño desde que salió a la venta. No, si estuviese satisfecho dejaría de escribir. Dicen que los escritores tratan de escribir la novela perfecta que jamás escribirán, se mueren antes ¿Qué le faltó? Creo que algunas historias pudieron tener mayor profundidad, pero, en líneas generales fue un proyecto que me gustó.

¿Cuáles son tus próximos proyectos? ¿Tienes el cine en mente?

Tengo una novela escrita que está en búsqueda de editorial, hay un libro de cuentos que se construye lentamente. Ideas hay, felizmente. Alguna vez te comenté que me gustaría probar un poco del cine; es decir, ser director de algún proyecto. Creo que el cine brinda sensaciones que la literatura no y viceversa. Ambas son excelentes maneras de contar historias. Hay cine muy malo, también hay arte, al igual que la literatura.

¿Piensas ejercer el derecho o dedícate exclusivamente a ser escritor? ¿Cómo vivir de eso?

Mi vocación es contar historias, pero el derecho no me disgusta. Me gustaría ejercer en algún momento. Soy consciente que vivir de la literatura es muy difícil. Mi mundo ideal es enseñar literatura y escribir. Ojalá pueda llegar a eso algún día. Soy una persona con muchos gustos, también estudio Historia y hago actividad política. Digamos, tengo varias carreras alimenticias.

¿Cómo ves el panorama literario nacional?

El pico más alto estuvo en el siglo pasado, Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro, Bryce, Cesar Vallejo, Blanca Varela, Valdelomar. Actualmente, no hay un movimiento literario de escritores, no hay una cúpula intelectual que haga que se enriquezcan unos con otros, esto se deba, tal vez, al mismo individualismo del mundo actual. Después del Boom, se rescata autores pero por su nombre propio (Isabel allende, Bryce Echenique, Roberto Bolaño). Creo que tiene que madurar la literatura nacional un poco más, se necesitan mayor impulso del mismo Estado (Creación de premios, de reconocimientos, de concursos). Es posible que tengamos algún premio Nobel en aquellas personas que, por no tener recursos, no pueden expresar su arte. Me gusta lo que está haciendo la Casa de la Literatura, que, desde su creación, viene trabajando por la literatura nacional. Pero todavía nos falta mucho.

Paul indica, al final que la entrevista, que podemos encontrar sus “Relatos desde el hígado” aquí. En realidad es un libro que vale la pena leer.