No más migración ilegal. Comentarios sobre la crisis fronteriza, por Piero Gayozzo

«Las autoridades peruanas, tanto el Ejecutivo como los gobiernos regionales, no deben ceder ante la presión de un grupo pequeño de personas en la frontera, menos a la coacción.»

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El pasado jueves, el Ministerio del Interior anunció que movilizaría 400 efectivos para reforzar la seguridad en la frontera entre Perú y Chile. La razón de esta medida reside en los alborotos que en los últimos días se han suscitado en dicho paso fronterizo, en los que un grupo de migrantes intentó acceder de manera violenta desde Chile a nuestro territorio. El diálogo entre el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú y su análogo en Chile también ha iniciado, pues parte de la crisis se debe al aumento de controles migratorios en el país sureño y la consecuente salida de los ciudadanos extranjeros que residían en Chile en condición irregular hacia el Perú. A unas horas de escrita esta columna, un grupo de migrantes logró burlar el resguardo fronterizo e ingresar de manera irregular a Perú.

¿Cómo podría solucionarse esta crisis? En vista de que muchos de los extranjeros varados en la frontera no cumplen con los requisitos de ingreso, el Estado Peruano debe iniciar negociaciones con sus países de origen para buscar alguna vía de retorno para ellos. Es más, las autoridades peruanas, tanto el Ejecutivo como los gobiernos regionales, no deben ceder ante la presión de un grupo pequeño de personas en la frontera, menos a la coacción, por lo que, sin tener garantías de su estatus o intenciones, en ningún momento debe permitírseles el ingreso. Cualquier hostilidad o provocación deberá ser considerada una clara amenaza al territorio peruano, más aún si sus perpetradores ya han incurrido en el bloqueo de carreteras, amenazas a las autoridades peruanas y han sido expulsados de algún otro país.

La razón de que tan drásticas decisiones sean aplicadas reside en que las autoridades peruanas tienen el deber moral de reducir las posibilidades de que malos elementos ingresen al país y aumenten la actual crisis de inseguridad que atravesamos. En vista de que no es posible garantizar que cada uno de los ciudadanos que desea ingresar realmente vaya a transitar por un periodo limitado de tiempo o, de permanecer, vayan a regularizar su situación para trabajar, menos aun conocer si sus intenciones son o no delictivas, lo más apropiado es exigir que se cumplan las formalidades legales con las que contamos. Si un ciudadano extranjero no cumple con los requisitos mínimos, su ingreso debe evitarse a como dé lugar.

En general, el Estado debería mejorar los mecanismos de ingreso de los ciudadanos extranjeros y aumentar los controles en el interior del país. Por un lado, fortalecer los controles fronterizos con mayor patrullaje, mejores equipos, acceso a bases de datos actualizadas y más completas, así como incentivos por detenciones a mafias que facilitan el acceso ilegal de personas. También debe indicarse que, de necesario, las autoridades deben resguardar la frontera de cualquier hostilidad, neutralizar a los agresores y garantizar su seguridad personal y la del territorio peruano por sobre otros factores. Por otro lado, en el interior del país, la policía debe tener la facultad de exigir la identificación de los ciudadanos extranjeros en el Perú en cualquier momento, en cualquier lugar y sin necesidad de que estos se encuentren cometiendo alguna actividad sospechosa o infraganti. Esto con el propósito de verificar si cuentan con algún impedimento de ingreso, poseen antecedentes penales o se hallan de forma irregular en el Perú. De descubrirse cualquiera de estas infracciones, las autoridades deberían estar facultadas para ejecutar inmediatamente sus detenciones e iniciar el proceso de deportación.

Esperemos que las medidas tomadas por el gobierno, como el envío de más efectivos o la declaración de estado de emergencia, sirvan para dejar en claro que el Perú no va a ceder a presiones ni mucho menos poner en riesgo a sus ciudadanos. De misma forma, que la comunicación entre representantes de los gobiernos involucrados sea eficiente y permita a estas personas volver a sus países de origen.

Debe recalcarse que la migración no es mala, ni mucho menos lo son la multiculturalidad ni la globalización. Al contrario, estos procesos de intercambio sociocultural, de flujo de personas tan distintas con ideas tan ricas y variadas es siempre un beneficio para el país receptor. El intercambio cultural permite la aparición de nuevas manifestaciones sociales, nuevas formas de expresión y oportunidades de trabajo para todos; sin embargo, este proceso debe realizarse de forma regular, legal y ordenada. Solo de esta manera podrá garantizarse la seguridad de los ciudadanos locales y foráneos. Sobre todo, en un mundo en el que una gran parte de la población se encuentra expuesta a carencias que pueden invitar o forzar muchos de ellos a obrar de manera delictiva. Los controles y el orden son necesarios para garantizar el correcto funcionamiento de un sistema, en este caso estamos hablando de un país y, aunque las variables son millones, contamos con el sistema legal para reducir las incidencias negativas. Por ello, no cedamos ante las exigencias de malos elementos. Resguardemos nuestras fronteras de exigencias sin sustento que esto repercutirá en nuestras familias y en la convivencia pacífica que tanto queremos.

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