¡No me arruines la sorpresa!, por Nícolas Espinoza

«El avance de la humanidad, gracias a los descubrimientos científicos, es a crédito de la ciencia formal por excelencia: las matemáticas.»

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«Marx se olvidó que los capitalistas saben leer,»  Yuval N. Harari

Las ramas científicas como la física o la química son catalogadas como “ciencias duras” por su alto grado de predictibilidad, al menos eso considera el grueso de la población medianamente instruida. No obstante, lo cierto es que incluso dentro de la física, una de las ciencias duras por excelencia, algunos de sus cálculos matemáticos poseen resultados probabilísticos (esto es válido para la física cuántica). Lo anterior significa que, en determinadas ocasiones, la problemática no se resuelve con un número exacto, sino a través de un porcentaje que estima si es probable o no que tal hecho ocurra.

Ahora bien, cuando hablamos de ciencias sociales, lo mencionado se da por hecho: no pueden predecir con gran exactitud lo que ocurrirá. Pese a ello, hay teóricos que plantean que el hecho de que no se sepa con exactitud el futuro no es culpa de las matemáticas, sino de que los humanos no contamos con la tecnología necesaria para dicha empresa. En la economía, por ejemplo, normalmente se usan cálculos matemáticos para poder predecir el comportamiento de los mercados o las divisas, pero hay una cantidad alta de predicciones mal hechas. ¿Por qué ocurre esto? ¿Es que los economistas son unos ineptos que deben aprender a calcular? ¿Será que la tecnología no es la adecuada? ¿O será porque toda ciencia que pretenda estudiar un aspecto del mundo que esté muy ligada a la acción humana está condenada a ser poco precisa? Es más, al menos la economía es una ciencia que está muy adelantada en comparación a la sociología y antropología, al menos si hablamos de predicciones por la incorporación de los números. ¿Las humanidades podrán hacerlo mejor en algún momento? Bueno, la intención de esta columna es hablar de manera sencilla y simple sobre la predictibilidad: ¿es posible decir qué ocurrirá en el futuro o debemos dar por sentado que todos los intentos son inútiles?

Bien, primero considero necesario dejar en manifiesto los logros que se consiguieron gracias al cálculo matemático. Con respecto a la economía, podemos decir sin duda alguna que la ley de oferta y demanda es el ejemplo por excelencia de la utilidad de los números en las ciencias donde interviene la acción humana. Para muchos esto es obvio, pero es porque vivimos en pleno siglo XXI: tenemos miles de videos en YouTube que explican su funcionamiento de manera sencilla, en varios colegios que llevan la asignatura de economía se explica qué es e, incluso, instruyen a sus alumnos en la formulación de predicciones básicas. Pero lo que muchos pueden no saber es que esto significó un punto de inflexión entre la economía como ciencia. Recordemos que la escuela neoclásica se creó gracias a las críticas presentadas por el marxismo. Si bien Marx también hizo aportes a más ciencias sociales, su obra “El capital” tuvo tal impacto en los círculos académicos enfocados en economía que estremeció lo que conocía en ese momento. Esta crítica al liberalismo económico planteado por David Ricardo y Adam Smith impulsó a que los economistas de finales del siglo XIX se plantearan resolver una duda: ¿Qué es exactamente esa mano invisible de la que hablaba el inglés? Gracias al uso de las matemáticas se determinó que la autorregulación del mercado es gracias a la ley de oferta y demanda. Esto resulta interesante cuando vemos que los libertarios indican que es imposible predecir el mercado, pero a su vez defienden que el mercado se regula por sí mismo gracias a la ley previamente dicha.

Por otro lado, la psicología se pudo nutrir mucho del uso de las matemáticas en los test que crean con el fin de cuantificar una característica o actitud del ser humano: su inteligencia, el grado de obediencia, la satisfacción, etc. Previo al uso de los números, la psicología solo podía tener datos vagos e imprecisos sobre la conducta humana, e incluso se llegó al grado de proponer que su función no debía ser estudiar el comportamiento del ser humano, sino su subconsciente o inconsciente. ¿Cómo puedo saber el grado de satisfacción de una persona si no lo pongo en un rango? ¿Cómo saber el grado de obediencia de un niño a su padre? Todo ello pudo solucionar las matemáticas. Por ende, su uso en las ciencias que estudian la actividad humana es de gran relevancia. El avance de la humanidad, gracias a los descubrimientos científicos, es a crédito de la ciencia formal por excelencia: las matemáticas. Pero tampoco hay que ser fanáticos, no olvidemos que el ser humano no es totalmente predecible: tiene un rango de error.

Por ese detalle, aunque cada vez se reduce más, es que los números no podrán nunca ver el futuro. ¿A qué se debe este rango de error? ¿Será culpa de los humanos por no saber aplicar o descubrir las fórmulas necesarias o es que las matemáticas y su magia tienen un límite? Considero que la respuesta es el segundo planteamiento. Hagamos una reimaginación del pasado, concretamente el Perú en 1970. Si bien desde esos años se tenía en cuenta la existencia del Partido Comunista Peruano-Sendero Luminoso, era un grupo muy pequeño, como otros tantos, que se creó gracias a la fragmentación de la izquierda revolucionaria peruana. ¿Qué hubiera pasado si Velasco Alvarado hubiera destinado una gran suma de dinero a la invención de una tecnología capaz de ver el futuro? Lo más razonable sería pensar que eso nunca ocurriría porque en esos años los avances tecnológicos eran muy pobres, pero supongamos que sí se hubiera creado. Dicha máquina podría ver que en 1980 se vería la primera manifestación violenta de Sendero Luminoso en el pueblo de Chuschi; en 1983 podría ver lo que ocurrió en Lucanamarca; en 1990 se sabría que Fujimori llegó a ser presidente del Perú; en 1992, el atentado de Tarata. Por ello, lo lógico sería planear unas políticas de seguridad interna que busquen evitar tal desarrollo de la historia. Gracias a ello, el terrorismo en el Perú nunca hubiera ocurrido, quizás Fujimori nunca haya llegado a la presidencia y toda la predicción hubiera sido errada. Ya que la predicción fue equivocada, ¿para qué seguir invirtiendo en esa tecnología? Quizás haya quien diga que la fuerza del destino igual actuaría y haría que sí sucedieran todos esos hechos, ¿pero no sería una especulación en base a pensamiento teológico o metafísico? ¿Cuántos futuros podrá ver? ¿Se puede estirar ese argumento ad infinitum?

Esto mismo puede ocurrir en la economía, y es parte del planteamiento que usa Von Mises para concluir que el socialismo es imposible: no se puede observar el futuro. No es por falta de conocimiento, es porque “predecir el futuro” lo evita. En el 2008, Prakash Loungani determinó que un bajo porcentaje de las predicciones económicas eran acertadas. Aún peor, en ese mismo año se vivió la explosión de la burbuja inmobiliaria, lo cual afectó a todo el mundo, pero casi todas las estimaciones para ese año auguraban diversas situaciones, menos la crisis. Esto se comprende como una falta de las herramientas necesarias o fallos humanos, ¿pero dicha crisis hubiera ocurrido si hubiera sido prevista? ¿No sería sensato pensar que los estados hubieran impulsado políticas crediticias que busquen evitar la catástrofe? ¿Los empresarios no hubieran hecho lo mismo para no ver sus fortunas menguadas? Planteamos el mismo razonamiento: si se predice, no pasaría; y si no pasa, no sirve.

Recalco el hecho de que las matemáticas y su aplicación en las ciencias sociales son de gran importancia y necesidad, pero también es importante establecer un límite de su efectividad. Pretender controlar la actividad económica en base a predicciones es tan paradójico como inútil, peor es el panorama si nos centramos en las ciencias como la sociología o la ciencia política. Considero que su uso debe ser para la descripción cuantificada de los escenarios y para predicciones razonables, ya que sin ellos los gobiernos y empresas estarían a la deriva y sin un piso que les dé seguridad. Para invertir se necesita tener la convicción de que se recuperará el dinero, y para ello debe proyectarse en datos estadísticos y objetivos.

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Referencias bibliográficas: