No nos felicites, ayúdanos a avanzar

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Dicen que el domingo fue el día de la mujer. Yo soy mujer así que también es mi día. Entonces me pregunté, ¿por qué me celebran? Hasta donde yo sé, no he hecho nada especial. Si le hiciera caso a muchos de los comentarios que vi el domingo en mi Facebook, entonces podría concluir que nos están celebrando a las mujeres por ser bellas, generosas, valientes, soñadoras, fuertes, luchadoras… hasta leí en varios posts (escritos por hombres) “por darle sentido a nuestras vidas” (¿?). Corríjanme si estoy hablando tonterías pero si de eso se tratara, entonces tendríamos que hacer un día del hombre también, pero sólo para los hombres guapos, generosos, valientes, soñadores, fuertes y luchadores… esos que le dan sentido a nuestras vidas, claro (¡!). Conozco a varios y nadie les da pelota.

Y es que el día de la mujer no celebra una lista de atributos que suenan poéticos y que te hacen sentir linda por un día. Tampoco celebra que gracias a que hay mujeres en la tierra, la especie humana sobrevive (esto es para los que incluyeron “dadoras de vida” en su lista de atributos). El día internacional de la mujer se estableció para conmemorar la lucha de las mujeres por tener derecho a voto, como primer hito en una larga lucha con miras a lograr la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Una lucha que, por cierto, no está cerca de haber terminado. Partiendo de mi propia experiencia, tengo la suerte de vivir en un entorno donde nunca he sentido que tengo menos oportunidades que los hombres, donde nunca se me ha hecho sentir menos por ser mujer, ni he sentido menores expectativas sobre mi potencial… nunca me han dicho “no puedes porque eso es para hombres”. Y sabiendo que en otras partes del mundo (muchas no tan lejanas) hay mujeres que no tienen derecho a estudiar, que se ven forzadas a casarse demasiado jóvenes sin siquiera poder elegir con quien, que sufren de violencia constante de sus propias parejas o padres y no pueden denunciarlo por miedo a recibir más y más fuertes agresiones, sinceramente me siento afortunada. El día internacional de la mujer existe para recordarnos que aún hay desigualdad y que es nuestra labor (de todos, no sólo de las mujeres) de luchar para eliminar los estereotipos de género que dan origen la discriminación y violencia.

Cuando me senté a pensar en las diferencias que podría haber experimentado me di cuenta que nadie me consideró menos por ser mujer. Sin embargo, por miedo a tener menos oportunidades que mis compañeros hombres, me anticipé inconscientemente a una potencial desventaja negando por años muchos aspectos de mi personalidad que se considerarían tradicionalmente muy femeninos. O tal vez no los negaba, pero ciertamente no los dejaba ver como parte fundamental de mi personalidad. Entonces fui construyendo hacia afuera una versión de mí misma autosuficiente, independiente, fuerte, exigente (conmigo misma y con otros) y ambiciosa: ahora que lo veo en retrospectiva, tal vez fue un mecanismo para sobre-compensar la asociación que usualmente existe entre el ser mujer y preferir un trabajo menos exigente o querer dedicarse únicamente a formar una familia.

Yo siempre supe que lo quiero todo, quiero ser mamá y quiero ser una profesional exitosa. Solamente nunca hice mucho énfasis en lo primero. Habiendo concluido con éxito el primer paso en el proceso (la aceptación), puedo hablar de ello y compartir con los que me rodean que sueño con algún día formar una familia, que admiro a mi mamá por haber dedicado toda su vida a educarnos a mí y a mis hermanos y creo que gracias a ello somos quienes somos, y que al mismo tiempo eso no me hace menos competitiva como profesional.

No obstante, por más que a mí nunca me haya tocado, uno no puede permanecer ciego a las estadísticas. Las mujeres ganan en promedio entre 10% y 30% menos que un hombre igualmente calificado en el mismo puesto, la más remota posibilidad de salir embarazada es una desventaja cuando alguien está siendo evaluada para un puesto de trabajo, y son mucho menos mujeres en puestos gerenciales, ni hablar de gerentes generales. El mundo empresarial ha sido construido basado en el estilo de vida del hombre tradicional del siglo pasado, ese que sólo vive para trabajar, que probablemente se pierde de mucho en la vida de sus hijos porque su horario no le permite ningún tipo de flexibilidad o predictibilidad y tiene la seguridad de que su esposa estará el 100% de su tiempo encargada de su familia y de la casa.

En el 2013, se cumplieron cincuenta años de la primera vez que se admitió a una mujer en el MBA de Harvard. Con motivo de esta fecha, el decano de mi escuela escribió un artículo en el Financial Times donde describe el rol que tienen los programas de MBA en la lucha hacia la igualdad de género en los negocios. Uno de sus argumentos, el que me llamó más la atención, hablaba del rol que tienen los hombres en este asunto. Mientras ellos no estén involucrados en estas conversaciones ni hagan de este problema suyo, no vamos a llegar a ningún lugar. Es un proceso lento pero parte de casa, y como tal, es responsabilidad de todas las mujeres perseguir sus sueños e involucrar a sus parejas en este proceso para que las responsabilidades se compartan, tanto en la casa como en el trabajo. Y más importante, es responsabilidad de los hombres de reclamar su derecho a poder tener una vida fuera del trabajo, sea para apoyar a sus parejas o porque simplemente quieren más que marcar una tarjeta de lunes a viernes. Sólo así es que este dejará de ser un problema exclusivo de las mujeres y se podrá empezar a hacer alguna diferencia.