No te lo comas

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Qué difícil es intentar bajar de peso, sobre todo ahora que es verano y uno no es lo que se puede definir como un consumado deportista y mucho menos maneja nociones especializadas de nutrición. No obstante creo que muchos tenemos claro que no se trata de comer menos, sino de comer mejor.

Existen lecciones y conceptos de la economía del comportamiento que pueden aplicarse para modificar las decisiones de las personas y hacerlas optar por opciones de alimentación más saludables. Así por ejemplo se puede tomar el concepto del efecto default, respecto al cual me he referido en artículos anteriores.  Este se basa en el hecho de que los individuos valoramos de manera diferente las ganancias y las pérdidas: exigiremos menos por obtener algo que lo que exigiríamos por desprendernos de ello. Esto haría que las personas seamos más propensas a aceptar a aquello que se nos presenta como opción predeterminada, puesto que nos costará mucho desprendernos de ella.

¿Cómo se aplica esto al ámbito de la nutrición y a ese constante anhelo por bajar de peso? No es algo que nosotros como consumidores podamos poner en práctica necesariamente, sino algo con lo que las empresas, universidades o colegios nos podrían ayudar. Se trata de hacer que escojamos opciones más saludables de nutrición sin que necesariamente estemos conscientes de ello. Pongamos por ejemplo la hora de almuerzo. La mayoría de las instituciones de trabajo o académicas ofrecen un menú predeterminado, el cual usualmente suele estar cargado de carbohidratos y otros alimentos que no necesariamente cumplen con los requerimientos mínimos o límites de los distintos nutrientes que debería tener una dieta saludable. Naturalmente, considerando la rapidez con la que se servirá la comida y el hecho de que es la opción predeterminada de almuerzo con la que se cuenta, nos es difícil renunciar a ella y optar por otra que sea más saludable.

¿Qué sucedería si en cambio la opción predeterminada deja de ser nuestro acostumbrado arroz con pollo y pasa a ser en cambio un plato de carne a la plancha con vegetales surtidos y frescos? Probablemente a primera instancia a muchos no nos haga mucha gracia, pero está demostrado que la probabilidad de que nos acerquemos al mostrador y le pidamos a la atenta señorita que por favor nos sirva otra cosa disminuirá dramáticamente. ¿No es justamente eso lo que queríamos? Esto fue comprobado en un estudio realizado por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA)[1]; se encontró que las personas estaban más dispuestas a consumir un paquete alimenticio “saludable” cuando este era presentado como opción predeterminada.

Incentivos como este no son el único concepto dentro de las contribuciones de la economía del comportamiento que se han aplicado en el ámbito de la nutrición. La Universidad de Cornell por ejemplo, cuenta con un área dedicada a la aplicación de estos conceptos a programas nutricionales infantiles y han tomado medidas desde la implementación del uso de bandejas para asegurar el consumo de ensaladas, hasta la determinación del sitio correcto dentro de la cafetería en el que deben estar ubicadas las frutas para incentivar su consumo. Estas medidas son especialmente útiles en un país en el que las tasas de obesidad e incidencia de enfermedades  asociadas han ido acrecentándose de manera tan dramática.


[1] Just, David R., Lisa Mancino, Brian Wansink. Could Behavioral Economics Help Improve Diet Quality for Nutrition Assistance Program Participants? ERR-43. U.S. Dept. of Agriculture, Econ. Res. Serv. June 2007