Nos jodió la “anticorrupción”, por Eduardo Herrera

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¿Alguna vez se preguntó por qué son más visibles los congresistas “fiscalizadores”? o ¿por qué tienen tanto éxito esos menudos programas dominicales en donde se hacen destapes espectaculares? Sí, la razón es correcta, por la misma razón por la cual está de moda hace un buen tiempo la lucha “anti” corrupción.

Cuando aprendí a jugar fútbol en mi niñez entendí que los que tenían menos condiciones para ese deporte eran los que se dedicaban a marcar al jugador habilidoso. Te siguen y te siguen hasta cansarte y te la quitan. No es necesario tener buen juego ahí. Solo aburrir al otro hasta cansarlo. Es la misma razón por la que los creativos abundan y son mas cotizados. Es más difícil crear.

He decidido hace algunos días evitar los noticieros y eliminar los programetes dominicales. Pero para que no digan que ando por la vida sin saber qué pasa y no pasar por desavisado, leo periódicos, siempre con visión selectiva. He tomado esa determinación porque tengo la sensación de que nos jodió o, mejor dicho, nos terminó de joder la anticorrupción.

Si existe alguien detrás de toda nuestra existencia con un libreto preparado, seguramente estará celebrando, matándose de risa porque le apretó la tecla correcta; como sucede cuando alguien te cuenta un secreto y a reglón seguido te dice: “por favor, no se lo digas a nadie”. La frase mágica que convierte el secreto en esa válvula incontenible, que solo se alivia como cuando se abren las compuertas luego de una intensa contención de orina en momentos apremiantes.

¿Cómo salir entonces la facultad fácil de destruir y fiscalizar? ¿cómo salir de la crítica, incluso la contenida en estas líneas que, muchas veces, nos impide seguir edificando? Bueno, a mí me sirvió mucho utilizar la abstracción y mirar las cosas como el titiritero, jugando un poco a ser Dios, en el mejor sentido del término. Mirar en perspectiva con una buena dosis de sentido del humor. Incluso para solucionar problemas personales, la abstracción sirve (pensamiento ingenuo: ahora comprendo a aquellas personas que hablan de sí mismas en tercera persona).

¿Eso quiere decir que debemos dejar la impunidad triunfe sobre las fuerzas de la ética y de la bondad que parecen representar la graaaaan ahora mayoría de las personas en este país? No. Primero he aprendido que jugar al papel de divino no te hace divino. En cuanto te creas la última coca cola del desierto, sobre todo en esta época de abundante información, alguien te destapará algo y pasarás a la fila de los terrenales y sus miserias, humanas. Segundo, porque la línea divisoria entre el bien y el mal -apelando al maniqueísmo conveniente vigente en nuestro país- no es una recta perfecta, sino que, en muchos casos es puntuada, sinuosa y más bien gris. Y tercero porque, sobre todo, es importante entender, de una buena vez, que, si bien para hacer buenas tortillas hay que romper huevos, el solo quedarnos en lo último nos deja sin comer la tortilla…pero con excelentes huevos rotos (literal).

Por eso, sin llegar a ser naif sugiero evitar dejarnos atrapar por la “coyuntura” o la “agenda” (que hasta ahora no entiendo quien “la pone” o por qué razón debemos de seguirla). Si miramos alrededor, solo un poquito fuera la caja, veremos que solo los países que aprendieron la lección son los que salieron del absurdo de seguir cometiendo el mismo error una y otra vez. A nosotros, desde que tengo uso de razón, ya nos va pasando varias veces lo mismo y cada vez con más frecuencia por cierto ¿por qué será?