¡Nos quieren volver a dividir!, por Emilio Noguerol

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Entre huevos, insultos y agresiones se va cerrando el círculo de la campaña electoral más vergonzosa en el Perú desde el restablecimiento de la democracia. El resultado es incierto, nadie se atreve a dar alguna proyección, quizás por miedo a quedar mal parados o aún peor por temor a represalias de un futuro gobierno hostil. Sin embargo, hay quienes que sí se animan a cerrar filas contra los escenarios más adversos. El NO suena fuerte, rotundo, estremece la memoria, pero es un NO que resulta imposible de parcializarse, porque en la historia reciente del Perú no existió el color blanco y negro, los años oscuros de nuestra República pueden narrarse en una amplia escala de grises que presenta violencia en cada tonalidad.

El #NoaKeiko es un llamado a la memoria legítimo que no debe entenderse como una expresión de intolerancia hacia la candidata en específico, esta etiqueta representa con sus nueve caracteres el rechazo de un grueso de la población a las prácticas antidemocráticas del fujimorismo, a las violaciones a los derechos humanos, al populismo salvaje, al irrespeto por las instituciones, al manejo de medios, a la corrupción desmedida, a la utilización maliciosa de la lucha antiterrorista como herramienta para legitimarse en el poder, y el franco temor a que se repita la historia en un contexto que no dista mucho del de los noventa: inseguridad ciudadana y violencia inmanejable.

¡Rojete, rabanito, pulpín, TERRUCO! Tranquilo, cómete un snickers y sigue leyendo.

Usar el mencionado hashtag, enarbolar algún cartel o marchar organizadamente en la Plaza San Martín, no significa que esas ideas sean incompatibles con las de #TerrorismoNuncaMás, si lo crees es porque tu razonamiento se reduce al de las películas infantiles de Disney en donde solo existen buenos y malos, o quizás porque en el colegio te dio mucha flojera prestar atención a las clases de Historia. Pero te recomiendo que revises el Hatun Willacuy, la versión abreviada de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), para que comprendas la magnitud del daño que generó el terrible manejo de la crisis y el saldo de víctimas inocentes que dejó el Estado, quizás solo así puedas entender el panorama completo de lo que sucedió hace tan pocos años, pero que al parecer se te hace imposible de recordar porque leías puro diario chicha.

Verónika Mendoza, por otro lado, sí es una muestra de doble moral. Por coherencia y pura lógica, quien repudia la violación de derechos humanos por parte de una dictadura, no puede hablar del terrorismo como “violencia política”. Quien rechaza las prácticas antidemocráticas del fujimorismo también tendría que rechazar las del chavismo. ¿Por qué llamar “oposición golpista” a Leopoldo López y no decir lo mismo de quienes se levantaron con todo derecho en la Marcha de los Cuatro Suyos? O mejor aún, ¡LOCUMBA! Levantamiento del coronel Humala, quien fuera luego líder del partido que acogería a la señora Mendoza.

Estar en contra del fujimorismo no significa ponerse a nadar en aguas turbias. Cuando uno toma una postura siempre debe pensar en qué lugar de la historia se colocará, si es del lado correcto o el incorrecto. Luego de eso se da el siguiente paso. En estos momentos considero que lo decente es decirle NO a quienes desfalcaron nuestro país. La cúpula es la misma, las cuerdas se mueven igual que hace veinte años, el populismo y la demagogia naranja parece calcada. Son ellos los responsables, algo que no se le puede achacar a la Verónika. Se la puede sepultar en críticas si se desea, pero no por sus actos, sino en todo caso, sus posturas incoherentes, su discurso desfasado de la realidad, la hipocresía y el falso altruismo tan propio de las izquierdas que menciona Sartori en la lección veinte de su ensayo “Democracia en 30 lecciones” (2015). Es por ello que no grito desesperadamente #NoaVero o me sumo al faltoso “VeroNikagando”, pues quien encuentre más virtudes que defectos en ella será libre de marcarla en la cédula de votación. Verónika no es el Movadef, no defiende el “Pensamiento Gonzalo”, es injusto y malicioso meter a toda la izquierda en una misma cesta y llamarlos terroristas, esas son las viejas prácticas dictatoriales, draconianas, fujimontesinistas… Las mismas prácticas que nos polarizaron las décadas pasadas y que no permitiremos que nos vuelvan a dividir.

Hay muchos candidatos más, el voto debe ser a conciencia, si algo debemos agradecerle al desaparecido Julio Guzmán es que nos hizo girar la vista hacia quienes se encontraban al fondo, tapados por una sabana injusta que se titulaba “OTROS”, nos hizo darnos cuenta de que juntos, hombro con hombro, podemos cambiar el rumbo de las cosas, la posibilidad todavía sigue viva, sea cual sea tu postura ideológica tienes una opción.

Sí, pensamos distinto, tenemos diferentes conceptos, gustos y prioridades. Pero somos hermanos y vivimos, querámoslo o no, en la misma casa. Esta casa vieja y empolvada, de adobe y quincha, vulnerable aún, pero hermosa, que llamamos Perú.

Tolerancia y buen humor para este diez de abril.

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