[OPINIÓN] Nosotros compramos menos

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El reciente cargamontón mediático en torno a las compras de Nadine Heredia – y el supuesto origen turbio de esos fondos— no han hecho sino generar una polémica palaciega y política sobre quiénes fueron más o menos transparentes con el uso de dinero público o privado.

Desde una orilla, se critica el doble rasero con el que se trató a otrora esposas de presidentes, tales como Eliane Karp o Pilar Nores, mientras que de la otra orilla, se critica la frivolidad con la que la actual primera dama se da ciertos gustos. Finalmente, parafraseando –y tomando ciertas licencias- al vocero fujimorista Jorge Trelles, pareciera que la discusión se ha reducido a quiénes compraron menos.

Heredia brindó declaraciones por escrito a Rosa María Palacios, y posteriormente también a través de sus redes sociales. En efecto, según tales declaraciones, los fondos eran privados y, como tales, se les dio uso particular. Haría bien la primera dama en brindar tales descargos ante la opinión pública y ante los jueces que hoy están tras sus pasos.

La esposa del presidente, como la del César, no solo tiene que serlo, sino parecerlo.

Muy a pesar del estatus jurídico con el que concluyan estas pesquisas, el daño político a la primera dama ya está hecho. Heredia ha recibido fuego a discreción de distintos frentes –especialmente del APRA— por ser este un año electoral. Los indicios presentados son carnada ideal para aquellos políticos que buscan la reelección congresal o un triunfo presidencial. Así, Heredia ha perdido capital político sustancial, que bien podría reducir su margen de maniobra hacia el final del gobierno o incluso apoyar con solidez una candidatura nacionalista.

A manera de colofón, no hago sino recordar las palabras que Víctor Andrés García Belaunde compartió con la militancia acciopopulista hace no muchos meses, evocando a Fernando Belaunde y Violeta Correa. El popular “Vitocho” recordó a un lúcido Belaunde, quien reprochó con amabilidad y docencia a algunos acciopopulistas que pretendían altos cargos políticos sin dejar de lado una vida pomposa y de lujos. Para el Arquitecto, el político peruano exitoso era aquel que, ante todo, daba ejemplo de austeridad. Ello no implica que no se pueda tener éxito económico. No obstante, en un país como el Perú, tristemente acostumbrado a ser traicionado y desvalijado por quienes en un momento gozaron de la confianza máxima de la población, se aprecia que el político venga acompañado de un aura de sencillez y sobriedad financiera. Esa lección será una que difícilmente la primera dama olvide en los meses por venir.