Noticia de la antropología en tiempo de COVID-19, por Federico Prieto Celi

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El periodismo es de ordinario, como dijo el profesor Álvaro Dors, el arte de lo efímero, la tarea de informar los hechos recientes a la opinión pública, mediante los medios de comunicación social. Quizás, la realidad de la persona humana sea, en tiempo de COVID-19, un hecho viejo que todos los días se recrea, por lo que cada elemento de la humanidad puede considerarse una nueva noticia. La antropología filosófica estudia el fenómeno humano, mediante la serie de manifestaciones que atestiguan la presencia del varón y la mujer en el mundo. Hay otros conceptos de antropología, pero podemos quedarnos con éste.

La persona humana –varón y mujer– es un compuesto de alma y cuerpo. El alma es espiritual, dotada de tres potencias: entendimiento, voluntad y afectividad, de acuerdo a Dietrich von Hildebrand. Cada persona tiene conciencia en lo más profundo de su alma. Joseph Ratzinger considera como elemento fundamental de la conciencia a la sindéresis, la capacidad natural para juzgar rectamente, atracción hacia el bien y repulsa del mal, que él prefiere llamar “anámnesis” [memoria de la verdad y del bien inscrita por el Creador en cada uno de nosotros].

El alma es libre [a imagen y semejanza del Creador, de acuerdo a la religión judeocristiana]. El alma es espiritual porque es independiente del cuerpo y no está sujeta a ningún órgano corporal. El alma vive y ejercita su actividad con operaciones que no radican en ningún órgano corporal. El alma es el principio vital del cuerpo. El cuerpo sin alma está muerto. El alma sin cuerpo es espiritual e inmortal [y, de acuerdo a la doctrina cristiana, el cuerpo de cada uno resucitará en el último día, cuando venga el Señor en cuerpo glorioso a juzgar a vivos y muertos].

El cuerpo tiene, de acuerdo a la enseñanza de Aristóteles, cinco sentidos externos, ordenados de mayor a menor, según su perfección: vista, oído, olfato, gusto y tacto. El filósofo peruano Luis Eguiguren Callirgos explica que los sentidos internos son cuatro: el sentido común, que reúne sensaciones y conforma la percepción; la imaginación que retiene sensaciones; la facultad cogitativa que permite captar qué significa lo sentido, respecto al sujeto que siente; y la memoria que retiene estos significados.

Según Santo Tomás de Aquino, el alma es una sola, dotada de tres clases de potencias. Las potencias vegetativas, sensitivas, e intelectuales; éstas últimas nos son propias: el entendimiento y la voluntad, que tiene la propiedad de la libertad. Opina que los actos de las facultades intelectuales son operaciones producidas únicamente por el alma y que no puede producirlas el cuerpo; y así, el alma continúa viviendo y produciendo actos espirituales después de muerto el cuerpo. En cuanto a las funciones de la vida vegetativa y sensitiva, son comunes al cuerpo y al alma, y cesan desde el momento en que, por la muerte, se separa al cuerpo del alma. El 31 de julio de 2020, hay que reconocer, el Perú había visto morir de COVID-19 a 51,512 personas, de acuerdo al cuidadoso estudio independiente de Vox Populi (ver RPP).

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