Noticias falsas: fake news, de Merino a Sagasti, por Federico Prieto

"El funcionamiento del estado por cinco años dependerá de cómo sepamos, cada uno de nosotros, separar los hechos reales de las noticias falsas, en medio de una confusión colectiva que tiende a intensificarse".

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Si digo noticias falsas, digo que -en mi opinión- una información concreta no es verdadera. Si escribiendo en castellano, introduzco la expresión inglesa fake news, entonces uso un estereotipo acuñado en los Estados Unidos, que hace que esa opinión mía, de que tal hecho es falso, se convierta por arte de magia en un sello irrefutable, de que tal noticia es realmente mentira.

La opinión pública del pueblo de habla castellana es importante, porque somos un buen número de naciones las que nos expresamos con la lengua de Cervantes,  pero la opinión pública que expresa sus ideas en inglés tiene, por así decir, el respaldo de la cultura anglosajona universalmente imperante, una especie de lenguaje políticamente correcto del siglo XXI, que tiende por mimetismo a sumarse al pensamiento del orden mundial de mando único, que se nos trata de imponer a las gentes ricas y pobres.

Las teorías ideológicas que acogen a todos los que repiten los mensajes acuñados por ellas, y denigran con desprecio a quienes discrepan, es una de las más peligrosas lacras de la política internacional, porque aniquila las bases mismas de la democracia, que se basa en la convivencia entre partidos de programas diversos, inspirados en distintas maneras de pensar, que ordinariamente se turnan para gobernar los pueblos, de acuerdo a la voluntad de los electores.

Desde los Estados Unidos se nos viene una corriente de pensamiento del partido demócrata, ganador de las recientes elecciones, que se aproxima al programa caviar criollo, lo que sin duda fortalecerá al gobierno de Francisco Sagasti, a la mayoría izquierdista del Congreso, al oligopolio de los medios de comunicación que baila con  la música que les toca el gobierno con sus subvenciones publicitarias, y concientiza a la masa analfabeta funcional, que no tiene por qué tener el espíritu crítico del analista político profesional para  interpretar lo que nos está pasando.

Tiene singular valor este sencillo hecho -las noticias falsas, las fake news– en la formación de la opinión de los electores que decidirán quién será presidente de la República el 28 de julio de este año 2021. Igualmente, cómo será la nueva mayoría parlamentaria. De la misma manera, qué respaldo tendrá el Poder Judicial en su lucha contra la corrupción, teniendo en cuenta que ese poder del estado también está parcialmente corrupto.

El funcionamiento del estado por cinco años dependerá de cómo sepamos, cada uno de nosotros, separar los hechos reales de las noticias falsas, en medio de una confusión colectiva que tiende a intensificarse. Tanto más cuanto que el aislamiento social por el covid-19 nos limita a la lectura de las redes sociales, a mirar los diarios tan desconcertantes y los canales de televisión que, por arte de magia, pueden convertir un centenar de personas en la calle en tres millones de manifestantes que se tumban un gobierno, simplemente repitiendo por seis horas seguidas las mismas imágenes.

Noticias falsas, fake news, como ‘dejar sentado’ que los dos muertos en tiempos de Merino fueron ‘asesinados’ por la Policía y no por los agitadores; pero, en cambio, los varios muertos de Sagasti no se sabe quiénes acabaron con ellos y, lo que es peor, no quieren que se sepa, para que no caiga Sagasti como cayó Merino. Como escribió Ramón de Campoamor: ‘en este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira’.