Noviamig@s

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Conocí a mi esposo por Internet. No, no en match.com ni en busconoviodesesperadamente.pe. Fui algo más digna. A decir verdad, haberlo conocido lo considero algo totalmente providencial, porque la web en la que me inscribí fue solo flor de un día –los zapatos que te compras para tu graduación y no te los vuelves a poner hasta que te invitan a una boda–. Un buen día, después de como tres años de eso, entré a ver quiénes eran las novedades. Encontré diez muchachos pintones y de buen semblante. Les escribí. Me contestó un mexicano muy gracioso, diciéndome que él prefería a chicas de su barrio, pero que podíamos ser amigos. Plop. Pasados cuatro meses, el que es ahora mi marido, me escribió y comenzó una historia de amor que será leyenda. Algún día se las contaré.

Él es español, vivía en España y se vino a Perú el 2011, para casarnos el 2012. O sea, no digan que me maleé porque estuvimos más de un año en vivo y en directo.

Durante ese tiempo, como leí en alguna parte, nos dedicamos a la introspección espiritual. Sin opio ni yoga, menos aún con tarot y ángeles inexistentes. Conocimos nuestros defectos y virtudes conversando y siendo amigos. Con besitos y manitas, claro, pero sobre todo tratándonos como patas. Esos que salen en las noches de verano a jugar fulbito en la pista, los que tocan el timbre de una casa y se van corriendo para que no los pillen, los que se cuentan secretos de BBFE (best friends for ever! Pinky slogan!), los que se pelean y al minuto se abrazan con un “no puedo vivir sin ti, desgraciado”.

En buena cuenta, nos dedicamos a preguntarnos diariamente sin palabras: “¿Quién eres tú?”.

Ese es el secreto de que nuestra relación sea un éxito. Bueno, de hecho si uno está casado, hay un mundo de cosas más que giran alrededor y el compromiso y el amar es decidir y etc., pero si estás enamorad@ de alguien y crees que eso puede prosperar, resalta en negritas, cursivas y subrayado, la relación de amistad en tu relación.

By the way, ¿y el sexo? Nada, cholit@, uno no puede andarse entregando plenamente 1) si no se conoce lo más importante de una persona, o sea, lo espiritual –no me refiero a su religión sino a aquello que no es material, que no ves ni tocas y que vivirá por siempre en él, o sea, su alma; y 2) si no hay un compromiso forever and ever de por medio: hoy sí, mañana no, a ver cómo nos va, ¿y resulta que ya te di todo (incluso lo corporal) de mí, que fuiste mí@ y yo  tuy@, y yo no sé mañana si estaremos juntos, si se acaba el mundo? No, ni hablar. Eso que lo cante Luis Enrique y quede ahí nomás.