Ollas Comunes claman su derecho a la vida, por Verushka Villavicencio

"No existe un marco legal que las respalde y tampoco la voluntad política de las autoridades en centrarse en resolver los derechos humanos de los ciudadanos".

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Analí Yupanqui durmió tranquila la noche del 30 de noviembre por primera vez en meses. Sabía que al día siguiente estaba asegurado el almuerzo de las 30 familias del Agrupamiento Familiar Vista Hermosa en Pamplona Alta, San Juan de Miraflores. Conocería a un grupo de voluntarios que la ubicaron por el reportaje de IDL Reporteros. Al día siguiente, el 01 de diciembre iniciando la Navidad, 130 personas recibieron sus raciones con alegría genuina en la Olla Común “Vamos Perú” que cubrieron una necesidad: el almuerzo del día.

La historia de Analí, quien dirige la Olla Común, se inició hace unos años cuando un grupo de mujeres invadieron la zona y sin apoyo de las autoridades construyeron a puño alzado cada grada de las escaleras del agrupamiento que conecta a toda la comunidad. Viuda con tres hijos, cada día se encarga de gestionar las donaciones de alimentos que le hace en el mercado de abastos pues cada familia aporta sólo 3 soles por 05 raciones. No han recibido el apoyo municipal con canastas de víveres ni la visita de ninguna autoridad, según Analí y sus compañeras.

La situación de Analí es el ejemplo del día a día de las ollas comunes que no reciben apoyo de su municipalidad. Según el registro de la Municipalidad de Lima hasta fines de septiembre habrían, 622 ollas comunes operativas, ubicadas en 29 distritos, que ayudan a alimentar a más de 70 mil ciudadanos. De todos ellos, cerca de 19 mil son niñas y niños menores de cinco años.

Y ¿por qué la municipalidad no se hace cargo de la pobreza de sus vecinos que han votado por las mismas autoridades que hoy les dan la espalda? Porque no existe un marco legal que las respalde y tampoco la voluntad política de las autoridades en centrarse en resolver los derechos humanos de los ciudadanos.

En julio se presentó en el Congreso el proyecto de ley para reconocer de manera excepcional a las ollas comunes. La propuesta pretendía que fueran incluidas en la Ley 30790 —Ley de los Comedores Populares—, hasta 12 meses después de concluida la emergencia sanitaria. Y ¿qué pasó? El proyecto se olvidó.

Las ollas comunes se encuentran en las periferias de los distritos y dan solución a la alimentación de la población más necesitada. Pero el costo, es la autogestión de mujeres que luchan por la vida de sus hijos, que han perdido o suspendido su trabajo por la pandemia. Esta situación no es sostenible. Es necesario que el MIDIS amplíe su cobertura con nuevos programas sociales y que los gobiernos regionales y locales asuman su responsabilidad con los vecinos que votaron por ellos. También es necesario que las empresas de agua, luz, telefonía asuman su responsabilidad social. Miles de niñas y niños no han logrado seguir sus clases porque sus padres tienen limitado su servicio de celular o lo tienen suspendido.

Analí como todas las mujeres que cocinan desayuno y almuerzo cada día para alimentar a sus familias, viven con el día. Son viudas, madres solas, adultas mayores sin hijos que han dejado de ejercer sus actividades de empleo informal por temor al contagio. Ahora, el aguatero les deja gratuitamente el agua, pero el beneficio se acaba el 07 de diciembre. ¿Cómo van a vivir sin agua, sin trabajo, sin alimentos?

No veremos a Analí marchando porque no cuenta con recursos para hacerlo. Cada sol es juntado para el alimento. Pero ella existe junto con sus 30 familias y con los más de 70 mil ciudadanos que viven al día sólo en Lima alimentándose gracias a una olla común. Políticas públicas operadas por políticos y solidaridad puesta en marcha por ciudadanos, es lo que necesitan todas las ollas comunes de Lima y Regiones. Navidad es cada día y cada día podemos hacer la diferencia.

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