Ollas Comunes: mujeres contra el hambre, por Verushka Villavicencio

«El Estado no es el único que puede generar desarrollo sostenible e inclusivo. El bien común es la búsqueda del servicio hacia todos y no exclusividad de la gestión pública.»

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El dato del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS) documenta que existen 3,542 Ollas Comunes registradas de las cuales 2,516 se concentran en Lima Metropolitana. Según la Defensoría del Pueblo, el 36% de los integrantes de una Olla Común dedica de 5 a 6 horas al día a estas labores.

Significa que esta ardua labor diaria de cientos de mujeres en todo el país limita su posibilidad de encontrar empleo o desarrollar un emprendimiento que les permita generar ingresos para su economía familiar.

La empresa grande decidió apoyarlas. Un ejemplo es Alicorp que desarrolla el programa Ollas que Desarrollan y promueven el emprendimiento, el desarrollo de capacidades para mejorar el manejo financiero de los recursos, salud e higiene y nutrición. De acuerdo a la información de su web, trabajan con 240 Ollas Comunes en 9 regiones del país.

Pero si bien la pandemia acentúo las desigualdades e incrementó el número de Ollas Comunes en todo el país, aún hay mucho por hacer. La proyección oficial es que serían 250 mil personas las que diariamente son atendidas entre niñas, niños, adultos mayores y personas con discapacidad.

 

 

Este tejido humano que surgió por la voluntad firme de madres de familia, se constituyó en una red de protección comunitaria que vela por la salud. La Ley N°31458 las reconoce como organizaciones sociales de base, pero son la proyección de la vida que se abre paso ante el caos. Son mujeres resilientes que se sobreponen a las limitaciones de la pobreza y pobreza extrema en la que viven. Dejaron atrás sus historias de dolor y las cambiaron por el día a día que las conmina a preparar el desayuno y el almuerzo para personas que sólo pueden acceder a ese plato de comida. Cobran 1.50 ó 2 soles (0.50 dólares), en algunos casos, quienes no pueden pagar, no lo hacen. Un tema sensible aún por explorar, es el abandono de los adultos mayores pobres; hijos que se fueron o personas solas que no lograron crear una familia.

Ante la necesidad ¿qué pasaría si las empresas medianas peruanas adoptaran una Olla Común? ¿Qué pasaría si los colegios privados con ingresos medios adoptaran una Olla Común? ¿Qué pasaría si los clubes deportivos adoptaran una Olla Común? ¿Qué pasaría si las cadenas de farmacias adoptaran una Olla Común?

El Estado no es el único que puede generar desarrollo sostenible e inclusivo. El bien común es la búsqueda del servicio hacia todos y no exclusividad de la gestión pública.

Si bien el Estado peruano emitió el Decreto de Urgencia N°017-2022 aprobando una transferencia presupuestaria extraordinarias por 96.8 millones de soles (alrededor de 26 millones de dólares) para las ollas registradas; no obstante, en la lista oficial sólo figuran 1,824. Ahora son los gobiernos locales responsables de las inscripciones correspondiente ante el MIDIS. Mientras lo logran, casi estamos al fin del verano y cada Olla Común sigue funcionando con madres que salen a pedir donación de alimentos a los mercados y bodegas.

Cada peruano podría reestructurar sus gastos y en la medida de sus posibilidades apoyar a quienes más necesitan. La pobreza y pobreza extrema de nuestros hermanos debería dolernos a todos.

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