[OPINIÓN] América del Sur tiene hambre de Dios

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El pasado domingo doce julio, el Papa Francisco culminó su gira sudamericana la cual lo llevó por Ecuador, Bolivia y Paraguay. Una gira en la que el Santo Padre habló sobre el rol fundamental que juega la familia en la formación de la sociedad. Cabe mencionar, que en octubre de este año se iniciará –por iniciativa del Sumo Pontífice- el sínodo de la familia. También en su visita habló sobre el rol de la economía, y que esta debe de estar al servicio del ser humano y no a la inversa. Como que también debe de estar en armonía con el medio ambiente; lo segundo en concordancia con su más reciente encíclica sobre el cuidado de la casa común, en la cual aborda el problema del cambio climático.

Así mismo habló de temas más políticos sobre el derecho de los pueblos a vivir en libertad y democracia. El fin de los personalismos y la perpetuación de un gobernante en el poder.  El rol de la diplomacia para la solución de los conflictos. Y la lucha contra la pobreza de una forma que dignifique a los seres humanos.

Durante estos siete días, hemos visto un desborde de fe en toda América del Sur; tanto en los países elegidos para esta gira como en los que aún no hemos sido bendecidos por su presencia. Pero yo quiero centrarme en los contenidos políticos de la visita de Su Santidad, la cual ha sido vista e interpretada según el gobierno, facción política y medio periodístico desde el que se mire. Porque en nuestro país, esta gira pastoral ha sido vista también desde una perspectiva política que explicaré posteriormente.

En Ecuador Su Santidad hizo mención –de forma diplomática- a los personalismo y a la persecución de opositores; como del derecho que tienen todos los pueblos a vivir y luchar por su libertad. En su homilía, Francisco destacó el espíritu que movió a nuestros padres y madres fundadores hace 200 años, y que en esos tiempo, la causa libertadora tuvo éxito cuando los personalismo se dejaron de lado. Aquí la carga política de este mensaje es bastante clara, puesto que días previos a la visita del Papa, en Ecuador se vivieron una serie de multitudinarias protestas en contra del gobierno de Rafael Correa, y de la presentación de un proyecto de ley en la Asamblea Nacional ecuatoriana para permitir la reelección indefinida del jefe del estado. Cabe mencionar que el partido de Correa –Alianza País- tiene un dominio absoluto del legislativo ecuatoriano.

Ya en Bolivia, el Santo Padre hizo referencia al tema de la demanda presentada por el gobierno boliviano contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya diciendo que la diplomacia bilateral entre países hermanos es fundamental para solucionar la mediterraneidad boliviana. Estas palabras fueron tomadas por la prensa boliviana como un respaldo del Papa hacia la postura de La Paz en este litigio. Por su parte en Chile, más bien dijeron todo lo contrario; y llegando a considerar las declaraciones de Francisco como un claro jalón de orejas a Evo Morales, por según ellos, la utilización política de su visita a Bolivia.

Uno de los detalles que marcó la visita pontificia a Sudamérica, sucedió en Bolivia, cuando se realizaba lo concerniente a la parte referida a la visita de estado; la reunión que sostuvieron ambos dignatarios en el Palacio Quemado (cede del ejecutivo boliviano) en La Paz. Luego de los saludos protocolares y de la imposición de condecoraciones al Santo Padre, el mandatario boliviano, en lo que a mi parecer es una falta de respeto imperdonable a todos los católicos, le obsequió al Pontífice una hoz y un martillo, invertidos, con un Cristo incrustado, reemplazando a la cruz. Este acto generó incomodidad y fastidio en Su Santidad, los cuales se notaron inmediatamente. El “regalo” hecho por el señor Morales, denota un desprecio hacia los católicos, puesto que el comunismo durante casi 100 asesinó a 45 millones de católicos en todo el mundo, por el simple hecho de ser católicos.

Ahora abordaré de la implicancia política de la visita del Papa a Sudamérica, ha repercutido en cierta forma en la agenda política de nuestro país la semana pasada. En paralelo a la visita papal al continente, muchas voces en la prensa y en la sociedad civil han alzado su voz de crítica contra el Cardenal Cipriani puesto que lo consideran como el supuesto principal responsable que el Papa no haya incluido Perú en su gira de la semana pasada. Pero esto es lo más alejado de la realidad. El embajador Alfonso Rivero, quien fuera embajador de nuestro país ante El Vaticano, dijo en una entrevista para el diario El Comercio de Lima, que para que se dé una visita papal, lo primero que debe de haber es un esfuerzo conjunto entre el gobierno y la Conferencia Episcopal (la cual no preside el Cardenal Cipriani), para gestionar la visita, y que esta invitación no basta con hacerla verbal, sino que debe de estar formalizada con una carta. Así mismo, el presidente Humala canceló hasta el dos oportunidades sus encuentros con Su Santidad. Bueno, qué quieren que pase. El Vaticano es un estado como cualquier otro, y esos actos de descortesía diplomática, conllevan a consecuencias. Lo que aquí veo, es que los que más se quejan que el Papa no hubiese incluido al Perú en su gira, son principalmente personas que se auto proclaman anti clericales y agnósticos militantes. Entonces ¿en qué quedamos?

Personalmente espero que tanto el gobierno –por intermedio de la cancillería- y la Conferencia Episcopal, ya se encuentren gestionando la visita del Papa para su próxima gira sudamericana, la cual está prevista para el próximo año. O para el 2017, que tiene planeado ir a Brasil por los 300 años de la Virgen de Aparecida, la cual es la patrona de ese país. En 2017 sería de una significación muy especial para todos los católicos del Perú, que el Papa nos visite en octubre, puesto que el 20 de ese mes, se celebrarán los 330 años de la primera salida en procesión del Señor de los Milagros. Que el Papa encabece las celebraciones, sería un gran honor para nuestro país.