[OPINIÓN] El Voto Preferencial

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Uno de los objetivos que deben ser cumplidos en la siguiente legislatura es continuar con las ¿reformas? electorales que se iniciaron con la mesa directiva que hace poco concluyó. Las “grandes” reformas electorales aprobadas hasta el momento incluyen – como supuesta innovación – la eliminación de la reelección inmediata para alcaldes y gobernadores regionales como medida para combatir la corrupción dentro de éstos gobiernos y se plantea en la siguiente, entre otras medidas, eliminar el voto preferencial.

Es cierto que el voto preferencial es una de las medidas de la débil institucionalidad de las agrupaciones políticas en nuestro país y del endémico transfuguismo del que año tras año somos testigos en nuestro congreso (esto, basado en que muchos congresistas sienten que han llegado al parlamento por méritos propios y no por pertenecer a una agrupación política determinada). Sin embargo su eliminación no debe ser el inicio de una serie de reformas electorales, sino debe coronar el final de las mismas.

Debemos recordar que el voto preferencial nació como mecanismo para evitar que las cúpulas partidarias – que suelen ocupar los primeros números de las listas al parlamento en nuestras elecciones generales – sean siempre electas como parlamentarios. Esto en un contexto en el cual no se desarrollaban elecciones internas dentro de los partidos políticos para elegir a sus listas al parlamento y las mismas no se armaban necesariamente de acuerdo a criterios meritocráticos. De esta forma, el voto preferencial fue visto – y sigue siendo visto por un muy amplio sector del electorado – como un mecanismo de empoderamiento de la ciudadanía con el que eventualmente podría “castigar” a las cúpulas partidarias eligiendo como congresistas a candidatos que se encontraban relegados a puestos más alejados de los primeros lugares.

En la actualidad la ley de partidos políticos ya contempla la obligatoriedad de la conformación, dentro de los partidos políticos, de procesos de democracia interna. Esto lógicamente incluye elecciones de las listas al parlamento. Sin embargo no es obligatorio todavía que las mismas sean supervisadas por la ONPE. Si entonces las elecciones internas no son supervisadas obligatoriamente por organismos independientes ¿Qué nos garantiza que dichas elecciones internas serán limpias y transparentes?

Un primer paso indispensable para que la eliminación del voto preferencial empodere efectivamente a los ciudadanos es no solo el obligar a los partidos políticos a convocar a elecciones para elegir a sus candidatos, sino obligarlos también a que las mismas sean supervisadas por la ONPE. Incluso yo iría más allá, obligando a los partidos políticos a que estas elecciones sean con listas abiertas de candidatos y no cerradas, para de esta forma ir conformando la lista de candidatos de acuerdo al orden de votación que haya tenido cada candidato de manera individual. Obviamente se tiene que cumplir con ciertos requisitos mínimos para ser candidato en una elección interna como antigüedad en la militancia, solvencia moral comprobada, verdadero compromiso con la ideología defendida por el partido, etc.

Adicionalmente considero que los procesos electorales internos deben ser abiertos no solo a los militantes inscritos del partido, sino también a los simpatizantes y ciudadanos en general que deseen participar en estos procesos. De esta manera se empoderaría nuevamente a los ciudadanos y dichas listas ya contarían desde su conformación con una legitimidad indiscutible.

Una vez que se arme este nuevo ordenamiento electoral podemos empezar a pensar en suprimir la figura del voto preferencial. Lamentablemente en este momento tengo la impresión que se está empezando por el final. Todavía hay tiempo para hacer las medidas correctivas necesarias a fin de contar con una legislación electoral más moderna que nos ayude a lograr la tan necesaria institucionalidad política que requerimos en nuestro país. Este es un paso indispensable para alcanzar el desarrollo.